domingo, 26 de abril de 2020

THE TRIAL, STATE FUNERAL (Sergei Loznitsa, 2018, 2019)


Si algo mantiene el cine de Loznitsa desde "Maidan" es su coherencia. Que la coherencia sea admisible o no dependerá de cada espectador, pues su cine documental ha pasado, desde aquellos inicios observacionales de la vida diaria en las repúblicas de la Unión Soviética, no exentas de sutiles críticas derivadas de lo que se filmaba, a verdaderos actos de propaganda antirusa, o en sentido inverso, proucrania sin matices y sin autocrítica. Ridiculizar al enemigo, como en "El día de la victoria" tiene sentido si al hacerlo, eres capaz de reirte de tu propia historia, porque si no el experimento sociológico carece de espejo en el que mirarse. En "Maidan" ya ofreció su visión unilateral del movimiento que separó a Ucrania de los dictados de Moscú, los valientes y demócratas ucranios frente a las hordas inmisericordes al servicio de la Madre Rusia. Si el espectador no supiera que los tiroteos fueron recíprocos hasta podría creerse esa idea romántica del rebelde que con cubos de basura a modo de armaduras es capaz de resistir en una plaza el asalto de un ejército armado y disparando. Así ha ido evolucionando el cine de Loznitsa desde su brutal y acertadísima ficción "En la niebla" hasta el día de hoy, gozando del reconocimiento crítico , pero acrítico, por el solo hecho de optar por el bando perdedor como si eso fuera suficiente para que una obra de arte merezca ser alabada ante medianías del calibre de "Donbass" o "The event".






























Sus dos últimas películas adolecen de las mismas virtudes y de los mismos defectos, siendo estos últimos mucho más acusados que las primeras. Que Loznitsa quiere criticar el stalinismo, tanto por su vertiente de culto al líder como por su política de asesinatos masivos y represión inhumana es tan evidente que, someter al espectador a sendas sesiones de más de dos horas, utilizando imágenes de archivo  se antoja más una reconstrucción del NO-DO español que a un ejercicio cinematográfico de altura. Pocos ya son capaces de defender a Stalin ni desde las estructuras del comunismo internacional, quizás no tanto por la incompatibilidad del ideario desplegado con el verdadero espíritu del comunismo de Marx y Engels, que también, sino para evitar ser tachados de totalitarios, pues la única verdad existente en las décadas de tiranía ha sido la constancia en el crimen y en la eliminación del opositor, opositores que muchas veces eran objeto de una paranoia culpabilizadora de alguien megalómano y sádico. Venir ahora a firmar como propios dos trabajos de documentación en los que no se ha filmado ni un solo segundo de imágenes, que nada aportan a la historia contemporánea ni pueden servir para abrir los ojos de los pocos convencidos que queden se antoja un esfuerzo inútil. Loznitsa con "The trial" y con "State funeral" se suma a la corriente del apropiacionismo pero sin voluntad de crear una propia obra diferente del material utilizado. Su labor ha sido la del descarte y la del montaje, porque el sentido cinematográfico está en los cámaras oficiales soviéticos que filmaron, con una idea de puesta en escena digna del realismo soviético, dos episodios de su historia, el cine está en la forma de filmar por parte de los profesionales televisivos y periodísticos, no en el empalme que Loznitsa escoge para unir los fragmentos, limitado a su reproducción cronológica.




























Con la misma pericia al filmar masas, concertar movimientos obreros, escenografiar paradas ciudadanas, seguir al público de un juicio, colocar las cámaras en una sala de teatro reconvertida en el tribunal Supremo de la Federación; los camarógrafos que filmaron tanto la sucesión de escenas tras el fallecimiento de Stalin en 1953 como el juicio contra los componentes del llamado Sindicato de Ingenieros en 1930, se muestran como dignos herederos de Eisenstein, Pudovkin, Kalatozov, Room o Dovzhenko. A cambio el trabajo de Loznitsa queda relegado al de un jefe de documentación, a un archivero que haya rebuscado, y en el caso de "The trial" ni eso, imágenes que unidas por el mero transcurrir cronológico de los acontecimientos, testimonian el proceso desde el fallecimiento de Stalin hasta su entierro o desde la llegada de los acusados al tribunal hasta la lectura del veredicto anunciado al asumir todos ellos su culpabilidad desde el inicio de las once sesiones de juicio. En el proceso el director habrá descartado centenares de horas, habrá escogido entre los millares de material existente en los archivos que se detallan al final de ambas películas, pero su labor como cineasta queda limitada a eso, a la del testimonio de un momento concreto de la historia de la URSS que ya existía, y existía, seguramente, sin necesidad de ser punteado con frases redundantes y dirigistas para el espectador, como si éste no fuera capaz de interpretar las imágenes que destilan la parafernalia de un estado dictatorial a la muerte de su líder o que evidencian la existencia de un juicio farsa ajeno a cualquier idea de derechos del procesado.




























En "The trial", al menos, se juega con la interposición entre sesión y sesión del juicio, de imágenes urbanas de Moscú y las "espontáneas" manifestaciones obreras y militares pidiendo el fusilamiento de los "traidores" vendidos a Francia para boicotear la producción quinquenal desde sus conocimientos técnicos, y facilitar así el retorno del capitalismo a la URSS; imágenes en las que se palpa la herencia del cine soviético revolucionario donde obreros y militares sustentan, como columnas, la solidez del régimen dirigido por el líder indiscutible, el omnipresente Stalin. Un omnipresente líder que recorre, en espíritu y en imagen, cada uno de los rincones del país tras su muerte decorando paredes, edificios oficiales, coronas funerarias, monumentos.....Desde Carelia a Mongolia, desde Siberia a Azerbaiyán, desde Ucrania a Vladivostok; aquí Loznitsa, de manera reiterativa, ofrece las mismas situaciones en diferentes puntos de la unión. Ambas películas concluyen con un resumen, en "The trial" el destino final de los enjuiciados, algunos fusilados y otros no, otros desaparecidos después de ser liberados, incluso alguno de los acusadores sufrió el mismo destino pocos años después, justificando esa manía persecutoria del padrecito Stalin, y en "State funeral" el marcado dirigismo de Loznitsa recapitulando una sintética historia del stalinismo acerca de sus millones de muertos y la politica del culto al líder innecesarios porque constan en todos los libros de historia, hasta los menos trabajados, hasta los más innecesarios como estas dos películas reiterativas y redundantes con las que Loznitsa sigue empeñado en vengarse del pasado de su país, Ucrania, como si éste hubiera sido, y fuera, un ejemplo de libertades y tolerancia.






















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