jueves, 5 de marzo de 2020

DE NUEVO OTRA VEZ (Romina Paula, 2019)


Pudo ser con "La princesa de Francia", y si no con "Viola", cuando me dí cuenta de la presencia de Romina Paula en una película. Desde luego no fue desde la individualidad como me impresionó su actuación, sino desde dentro de ese conjunto de intérpretes femeninas a las que Matías Piñeiro (no confundir con Marcelo, no deberían, y si no conocen el cine de Matías hagan lo posible por encontrarlo) ha sabido  dar el control absoluto del protagonismo cinematográfico de sus películas. Una es Romina Paula, pero son también María Villar, Agustina Muñoz, Laura Paredes. Como en otros cines, en el argentino son más los desconocidos que los reconocidos, y al mismo tiempo son mejores éstos, por su riesgo y su lenguaje, que aquéllos. Es el caso de Piñeiro, de Llinás, de Mumenthaler, de Moguillansky o de Alonso, por ejemplo. Y ahora también se une Romina Paula quien, frente a sus compañeras de pantalla, une a su condición de actriz la de novelista, dramaturga y, ahora directora-guionista, con un primer largometraje que no es, afortunadamente, una proyección de su cine con Matías Piñeiro, sino un trabajo personal, con voz propia, con entidad suficiente para reivindicarse como una promesa en el siempre atractivo panorama creativo argentino. Si será posible trascender del episodio personal y continuar creando desde un punto de vista propio, el tiempo nos lo dirá, pero su primera película augura una esperanza plausible en nuevas, y gratas, entregas.























Tres generaciones copan la pantalla a través de tres personajes perfectamente definidos, incluso hasta desde la ausencia de interpretación, como sería la del niño. El eje central es, indudablemente, el personaje de Romina, la propia directora (y no es neutro que casi todos los personajes mantengan sus propios nombres en pantalla, a excepción del compañero alejado, Javier, interpretado brevemente por Esteban Bigliardi) sobre la que recae un permanente estado de bloqueo y duda en una situación mayoritariamente reflejada en el cine a través de personajes masculinos, como si la frontera crítica entre la treintena y la cuarentena fuera patrimonio exclusivo de la masculinidad decadente. La asunción de ese "no hay vuelta atrás" que provoca la maternidad, una realidad que no puede eliminarse para "comenzar de cero" cambiando lo que no gusta, sirve a Paula para debatir, con sus imágenes, cómo enfrentarse a la propia insatisfacción personal que ha determinado su presente. El nacimiento de Ramón, y la absorción de tiempo y energía que el hijo reclama; provoca, o despierta, un sinfín de preguntas y miedos que, en definitiva no son sino el eterno dilema de "¿la vida se va a reducir a esto en el futuro?", algo que, con independencia del daño emocional que puede suponer, erosiona las relaciones más cercanas de la directora, y en este caso las de pareja.

No parece extraño entonces, que quien teme al futuro se refugie en el pasado volviendo al domicilio materno, buscando el recuerdo de una lengua poco dada al arrullo auditivo como el alemán, pero que sirve de tranquilizante emocional. Es la búsqueda de una seguridad conocida, un útero reencontrado, que se utiliza mientras el rompecabezas se recompone definitivamente. Si al niño, madre y abuela le sirven de referencia, juego y seguridad, a Paula la presencia materna le supone, también, tranquilidad y confort, porque proporciona eso que su nueva realidad hecha en falta, tiempo. La introspección que atraviesa el relato no es silencio, ni plano fijo de un rostro anunciando zozobra o falta de rumbo, la introspección de la película es consecuencia del elaborado guión, diseñado para dibujar perfectamente ese estado vital de una mujer a punto de llegar a los 40, una edad socialmente crítica que anticipa el abandono y la pérdida de muchas expectativas. Esa crisis ,unida al vértigo de la maternidad se simboliza en la huida. Abandonar el hogar propio para volver al refugio de una infancia y juventud que se reaviva con el contacto con viejas amigas o nuevos encuentros.





















Hablar como exorcismo necesitado de oyentes, imaginarse en un futuro feliz cargada de estereotipos funcionales en comunidad e individualmente castradores. Hablar y hablar, a su madre, a su hijo, a sus amigas, a sus espectadores, a sí misma. Amenazar con romper con todo porque la monotonía vital parece que no puede dejar margen a la sorpresa, a la adrenalina de la novedad, al fogonazo de un respiro de libertad alcanzada una edad en la que las metas más normales se han logrado y se teme perder el vínculo materno y el afectivo. Estudios, trabajo, pareja, maternidad no parecen suficientes logros como para calmar una angustia que no se traduce en desespero sino en falta de esperanza. Alejarse de la pareja como último movimiento de rebelión posible al tiempo que se descubre que no hay culpas ajenas que provoquen el desánimo interior. Darse un tiempo, pensar, hasta tontear con la representación mental de la aventura amorosa para darse cuenta de que nada a tu alrededor falla, sino que el cortocircuito es propio, íntimo, personal, intransferible. Un abrazo es más reparador que toda una terapia, recuperar un idioma perdido en el limbo familiar más tranquilizador que una medicación de falsa felicidad, contemplar viejas diapositivas familiares un viaje al pasado que confirma la realidad del presente. Romina Paula demuestra una alta inteligencia al armar y mostrar lo que parecería ser su propio periplo vital; de una manera honesta, sencilla, rigurosa. Sin alardes técnicos ni visuales, haciendo de su presencia, y de la palabra, su arma más convincente.



DE NUEVO OTRA VEZ. Argentina. Dirección y guión: Romina Paula. Productor: Diego Dubcovsky. Productoras Ejecutivas: Florencia Scarano, Lucía Chávarri. Compañía productora: Varsovia Films. Directora Asistente: Rosario Cervio. Director de Fotografía: Eduardo Crespo. Montaje: Eliane D. Katz. Directora de sonido: Mercedes Tennina. Música Original: German Cohen. Directora de Arte: Paula Repetto. Intérpretes: Romina Paula, Mónica Rank, Ramón Cohen, Esteban Bigliardi, Pablo Sigal,  Mariana Chaud, Denise Groesman. 84 minutos.

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