miércoles, 12 de febrero de 2020

ILUMINACIÓN ÍNTIMA (Iván Passer, 1965)



Hay películas que parecen surgir de otras, que tomando un punto de partida similar podrían construirse idealmente como derivadas de un original al que se superponen y lo superan. Es el caso de "Iluminación íntima" de Iván Passer y "Concurso" de Milos Forman. No es detalle menor que "Concurso" sea de 1964 y uno de los guionistas sea Passer, y que ambas comiencen prácticamente igual, con una banda-orquesta provinciana, más amateur y buenas intenciones que calidad, ensayando un futuro concierto. Ciertamente es la única similitud, pero no es pequeña y no es inocente, porque a partir de ella, una sin perder el rumbo documental, y la otra dejando volar la improvisación con una reunión de viejos amigos, se construyen dos películas muy diferentes, como si de la idea original pudieran desgajarse retazos que permitan crear infinitas opciones inacabables. Y ambas dialogan de manera excelente porque sirven para reflejar el estado de un país en ebullición, contagiado por una ola de libertad y creatividad como pocos en la Europa del siglo XX y que concluiría poco más tarde dejando para la historia del cine 20, 30 películas, de altísimo nivel de una generación de cineastas que, en la actualidad, se antoja irrepetible. La "nueva ola checa" como un revolucionario intento de desmarcarse del realismo socialista en un momento donde el cine mundial se liberaba de corsés asfixiantes y daba libertad a sus creadores para, de manera naturalística, y hasta impresionista, acercarse a la realidad mucho mejor que siguiendo las doctrinarias consignas del poder.

El caso de Passer puede ser paradigmático, primera y última película hecha en Checoslovaquia, nunca podremos saber si lo que se apuntaba en "Iluminación íntima" hubiera tenido continuidad al abandonar su país en 1968 y exiliarse en los Estados Unidos, donde sí, siguió filmando, pero sin brillo alguno. Siguiendo con esos diálogos silenciosos entre películas, hay en "Iluminación íntima", llena de ese sutil sentido del humor eslavo que adorna con una sonrisa involuntaria momentos de amargura existencial tratados con humanismo, una evocación que nos acerca al cine de Renoir, a ese impresionismo donde el guión parecería mucho menos importante que el hecho de retratar la vida tal y como ésta va surgiendo. Entre "Iluminación íntima" y "Une partie de campagne" hay la misma conexión optimista y natural que la que se produce entre el campo y la ciudad en ambos casos, entre la modernidad y la vida tradicional, entre lo profesional y lo aficionado. La alegría de vivir, la alegría de la juventud frente a la nostalgia del tiempo pasado o la melancolía de las ocasiones perdidas. Si Bambas hubiera seguido el ejemplo de Peter y se hubiera ido a la ciudad a seguir estudiando música, ahora no sería un albañil que, en su tiempo libre, intenta tocar el violín en una banda y acompañar musicalmente funerales, bodas, bautizos, junto a su padre.

Porque el argumento es anecdótico en sí mismo, Peter regresa a su localidad de nacimiento acompañado por Stepa (la misma actriz que deslumbra con su voz de jazz en "Concurso" de Forman, Vera Kresadlova, otra sinergia), y esa mujer moderna y desinhibida levanta la envidia de los hombres y el murmullo de las mujeres. Peter regresa para tocar como solista de prestigio junto con sus antiguos vecinos, viene de la capital y eso es motivo de orgullo para la orquesta aficionada, y también para Peter, que siente esa admiración doble hacia su trabajo y su compañera. Durante ese fin de semana previo al concierto, dos modos de vida, el de la pareja que disfruta de su juventud y libertad y el de la pareja cargada de hijos, que vive en casa de los padres de él, se enfrentan amistosamente ante nuestros ojos. No deja de haber una cierta envidia de la vida de cada uno, soñando en ocupar la posición del otro, pero todo ello tratado con respeto, distancia y complicidad, sin juzgar comportamientos ni opciones de vida. Cada uno ha escogido en su momento, y el tiempo los ha colocado en un momento y lugar diferente. Evidentemente nos parece más doloroso, más frustrante, más nostálgicas las sensaciones que transmiten los habitantes de la pequeña ciudad a la que llega ese tren con el chelista profesional, pero puede que eso sea porque nos falta la perspectiva del territorio y la vida familiar de Peter y el resto.

Passer va puntuando su breve historia con pasajes de alto contenido cómico, ese primer ensayo de la orquesta, el funeral al que Peter asiste para comprobar el trabajo de su amigo, la reunión de un cuarteto que "ejecuta" a Mozart en medio de constantes reproches de los músicos entre sí con el silencio de Peter o las constantes interrupciones de las mujeres de la historia, la noche de conversación, y borrachera, entre Peter y Bambas, ese almuerzo previo al concierto en el que el tiempo se suspende ("solo hay que tener un poco de paciencia") mientras los comensales, en pie, esperan a que el ponche, un tanto espeso, termine de caer por la copa. Passer se limita, y no es poco, ni menor, a filmar la vida diaria con las incomodidades de la falta de intimidad, de un futuro hipotecado por decisiones tomadas antes de tiempo, pero hay tal respeto por todos sus personajes y tal cercanía a sus problemas existenciales, que la película es, simplemente, deliciosa.



ILUMINACIÓN ÍNTIMA. Checoslovaquia. 1965. Director: Ivan Passer. Título Original: Intimni osvetleni. Productora: Ceskoslovenský Státní Film. Guión: Jaroslav Papousek, Ivan Passer, Václav Sasek. Fotografía: Miroslav Ondrícek, Josef Strecha. Música: Josef Hart, Oldrich Korte. Intérpretes: Zdenek Bezusek, Karel Blazek, Miroslav Cvrk, Vera Kresadlová, Dagmar Redinová, Jaroslava Stedra, Karel Uhlík, Vlastimila Vlková, Jan Vostrcil. 71 minutos.

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