jueves, 14 de noviembre de 2019

LONGA NOITE (Eloy Enciso, 2019)



Max Aub, Jenaro Marinhas del Valle, José María Aroca, Alfonso Sastre, Rodolfo Fogwill, Luís Seoane y Ramón de Valenzuela son algunos de los artífices de las palabras que sirven de pretexto a Eloy Enciso para volver, siete años después de “Arraianos”, a rodar en gallego un ejercicio contra la desmemoria. Para vehicular la palabra, el director y guionista utiliza un hilo conductor en forma de personaje, el reaparecido Anxo, y un eje vertebral demoledor, la represión y la posguerra civil española. Todo ello invita a, precisamente, contemplar una larga noche de la historia reciente de España, focalizada en Galicia por el uso de su propio idioma, pero universal en su contenido. Miserias y ruinas morales que van desgranándose ante nuestros ojos de manera densa y opresiva, sin resquicios para la sonrisa y encaminándose hacia el abatimiento que no es, sino el estado anímico propio del vencido y del perseguido.



No estamos ante una historia única de personaje en cumplimiento de una misión, sino ante una panoplia de situaciones, protagonistas efímeros, revelaciones de verdades incómodas que van perfilando el carácter de este personaje central que es muchos a la vez. El camino de Anxo, desde su aparición espectral en la noche ingresando en la taberna del pueblo donde los vencedores se reparten el futuro en forma de partida de mus, hasta su camino de evasión a través del bosque, tras atravesar una superficie que bien pudiera ser una nueva laguna Estigia, parece reproducir una nueva bajada de Orfeo a los infiernos, aunque en esta ocasión no es el amor perdido de Eurídice lo que le mueve, sino la necesidad de huir de una noche que, sin embargo, cada vez es más oscura y más impenetrable cuanto más se adentra el personaje en la profundidad del arbolado. 


Asistimos a un ejercicio visual en las antípodas del memorialismo oficial del cine español, un cine ausente de subrayados, de emociones provocadas con bandas sonoras o manipulación de testimonios (no daré nombres porque ya lo he hecho en su momento y es un cine que no merece mayor publicidad que la que inmerecidamente ha recibido durante meses). Es un cine que invita al espectador a pensar por sí mismo y a sentir, desterremos de una vez tener que llevar de la mano al espectador escena por escena para que entienda. Dejemos que la obra de arte sea capaz, con sus imperfecciones, de provocar por sí misma interpretaciones en vez de que el guión  de las respuestas literales a preguntas que no sabe formular. “Longa noite” es una sucesión de preguntas a las que el espectador debe añadir su propia respuesta, para eso sirve el arte, lo demás es doctrina y pensar que todo el público es estúpido.



Los retazos de textos literarios, de cartas de presos, de confesiones últimas de quienes van a ser ejecutados sumarísimamente, hacen de testimonios que van acompañando al protagonista como quien camina por la calle y va recogiendo conversaciones ajenas con las que hacerse una idea de cómo es el mundo más cercano en el que vive. Anxo desapareció durante la guerra, y aparece pocos años después de concluir ésta cuando el miedo se palpa, el temor es profundo y las heridas sangran. No hay reconciliación ni él puede esperar acogida en el regreso como si todo hubiera sido el breve lapso de una pesadilla. Nada de eso puede aceptarse como posible en un mundo que vive inmerso en una noche a plena luz del día, desde los mendigos que reniegan de la falsa caridad mientras contemplan la construcción de las nuevas cárceles franquistas, desde el pequeño jerarca local hasta la vieja mujer que sólo desea una paz aunque sea ficticia para encarar el fín de sus días. Exilios interiores y exteriores iluminados por la débil luz de una energía que apenas da para bombillas de pequeño voltaje (la película es un caramelo en ese sentido para un artista como Mauro Herce, capaz de diseñar espacios con un manejo exquisito de la iluminación sobre las personas y sus entornos).


Resulta lógico por lo tanto, en el dispositivo argumental, que la película empiece de día, porque habla del poder y del trabajo visible y se adentre de golpe en la noche; y resulta inteligente primar la palabra en su primera parte e ir explorando, y avanzando, en el camino sensorial producido por la imagen y el diseño sonoro en el resto; de tal manera que esa larga noche metafórica, producto de la represión y del olvido necesario para sobrevivir, sustituya la verbalización de los actores en pantalla por la lectura de lo que escribieron los que ya no están cuando sentían próxima su muerte durante el camino de Anxo, quien va adentrándose poco a poco en la oscuridad hasta que la palabra pierde importancia porque nos queda el peso inamovible de la desesperanza ante el resultado de la barbarie. Pasar de lo concreto a lo onírico en un viaje inacabable que será cada vez más arduo y profundo cuanto mayor sea el olvido general. Anxo nos sirve de vehículo para entregarnos el testimonio de aquellos que ya no pueden defenderse. “Longa noite” es una luz ejemplar en el panorama cinematográfico español en un momento en el que la noche vuelve a reivindicarse como solución a un tema no resuelto.
LONGA NOITE. España. 2019. Dirección: Eloy Enciso. Guión: Eloy Enciso. Fotografía: Mauro Herce. Montaje: Patrícia Saramago. Sonido: Joaquín Pachón, Juan Carlos Blancas, Miguel Martins. Intérpretes: Misha Bies Golas, Nuria Lestegás, Celsa Araújo, Verónica Quintela, Manuel Pumares, Suso Meilán. Producción: Beli Martínez. Compañía Productora: Filmika Galaika. 90 minutos.

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