miércoles, 24 de julio de 2019

SELFIE (Agostino Ferrente, 2019)


Dice el aforismo que el director no tiene que abandonar nunca la cámara. Como todo aforismo permite su destrucción mediante el dato empírico que demuestre lo contrario. Algo así sucede en "Selfie", donde Ferrente deja la cámara en manos de sus protagonistas, pero no por ello abandona la dirección, aunque progresivamente, los dos jóvenes sobre los que gira el retrato del barrio de Traiano, en Nápoles, van ganando seguridad y asumiendo que ellos filman con, o sin, el beneplácito del director. Ya quedará el montaje para rehacer o descartar lo filmado por Alessandro y Pietro, dos napolitanos de 16 años decididos a mostrar su vida diaria, su barrio, lo bueno y lo pésimo que les rodea. Como dice el director todo el mundo es capaz de hacerse un selfie, pero no todo selfie es capaz de convertirse en película. El rostro, el cuerpo, de Alessandro y Pietro monopolizan la imagen, si estamos ante un selfie, el brazo extendido va a captar nuestra presencia y, residualmente, aquello que quede por detrás de nosotros. Adquirida la seguridad del tiempo y del manejo, aceptadas las enseñanzas de quien sabe, el filmador puede atreverse a mostrar algo más, elaborar un plano circular que nos enseñe el entorno o las compañías, el selfie abre el objetivo y se transforma, de relato personal, a relato de barrio y cine social.

Nuestros guías por el barrio aún mantienen el dolor reciente de la muerte de un amigo a manos de un policía que disparó con la impunidad derivada del ejercicio del deber, o del poder mal entendido, y encima, erróneo. En el barrio de Traiano todo parece conducir a un determinismo absoluto. Como le ocurría al protagonista de "Dogman" de Matteo Garrone, esos espacios urbanos deteriorados por el abandono secular de la administración, y sometidos al control caprichoso y criminal de una autoridad arbitraria que se sirve del matón, la amenaza, la paliza o, en último caso, de la ejecución, invitan a sus residentes a una simple supervivencia que avoca a terminar integrando parte de esa maquinaria criminal denominada mafia, sea cual sea la familia local o el apellido policial que se le haya atribuido. Los dos adolescentes son conscientes de ese futuro que les puede esperar; también son conocedores de las relaciones que sus familiares pueden mantener con ese entorno (la muerte es algo consustancial al barrio), pero no por ello abandonan la idea de transmitir una naturalidad humanista que se transforma en un cierto optimismo y en la posibilidad de truncar ese futuro preescrito. “El lugar donde vivo no me gusta, hay demasiada gente y está sucio”, dice uno de los dos, por ello intentan tener un trabajo que les permita mejorar, salir de ese mundo y soñar, soñar con bellas mujeres y con una casa en el barrio de Posilipo, la antítesis de Traiano.

El "Selfie" de Ferrente amplía el propio concepto del término, Alessandro y Pietro se desnudan sin complejos ante nosotros, y con ellos otros jóvenes, amigos de aquéllos o entrevistados para decidir quién podría llevar a cabo mejor el reto de filmarse, que reconocen abiertamente su pertenencia al mundo del narcotráfico ("o te matan las drogas o te mata la competencia"), hablan de armas y las enseñan, muestran sin pudor alguno su machismo secular secundado por chicas de su edad que viven por y para un matrimonio, obsesionadas por su estética. El abordamiento a través de un medio conocido como es el móvil y la relación de confianza con la pareja de adolescentes invita al resto a mostrarse como son, quizás exagerando su espontaneidad, pero permitiendo hacer una radiografía social de un mundo dentro de otro, de un espacio apartado de exclusión que conviene mantener vigilado. Y así el contracampo a la imagen de los dos amigos lo ofrecen las cámaras de seguridad cuyas grabaciones, periódicamente, sirven como transiciones entre unas filmaciones y otras de los dos amigos. Grabaciones de apariencia anodina en las que nunca sucede nada pero que transmiten esa sensación vigilancia permanente y amenaza constante, donde circular sin casco es la menor de las infracciones a cometer porque, en cualquier momento, un robo, un hurto, puede transformarse en una huída, una confusión de identidades y un disparo por la espalda. Cuando perdemos de vista el rostro de Ale y Pietro es cuando todo se deshumaniza y se hace más real y menos optimista, pero que por estos jóvenes no quede. Una de las sorpresas más agradables de la temporada porque se respira verdad sin truco en cada imagen.

SELFIE. Italia. 2019. Dirección y Guión: Agostino Ferrente. Fotografía: Alessandro y Pietro. Montaje: Letizia Caudullo, Chiara Russo. Sonido: Benni Atria. Producción: Marc Berdugo, Barbara Conforti, Gianfilippo Pedote. 76 minutos.

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