viernes, 7 de junio de 2019

IL SORPASSO (Dino Risi, 1962)



En la larga carrera cinematográfica de Dino Risi, probablemente más silenciado de lo merecido al coincidir con nombres como De Sica, Rosellini, Antonioni, Visconti; puede haber lugares comunes que identifiquen su cine con la comedia mediterránea, con el equívoco sexual, con la crítica política desde el esperpento; pero en el cine de Risi, más allá de lo literal, termina predominando el regusto amargo de la derrota; de la derrota de clase, de la derrota política, de la derrota amorosa; la decepción de los sueños inalcanzables o perdidos, la melancolía propia de los esfuerzos inútiles conducidos hacia el fracaso. "Modestamente" puede ser el momento más definidor de un personaje, pero también de una película en la que las apariencias arrastran hacia lo lúdico pero la corriente subterránea lo hace hacia la tragedia. Cuando en una sala de fiestas veraniega, Vittorio Gassman, Bruno, baila pegado frente a frente  con la esposa (¿o amante?) de un industrial millonario al que Bruno ha engañado como a tantos otros, ella exclama "Oh, la, la", mientras él con orgullo indisimulado y encogiendo los hombros dice "modestamente". Se comenta que la escena fue improvisada y que Gassman sentía su rapidez en la réplica como su "momento Hamlet", señal inequívoca de ese carácter bufo que atraviesa la película en el largo ferragosto romano donde todo se interrumpía.
En una Roma vaciada, Bruno se pasea con su descapotable por las calles de la ciudad buscando una cabina telefónica, hasta que cansado por no encontrarla, observa a Roberto (Trintignant) en una ventana, y le pide que le haga el favor de llamar al número que le da desde la calle para que avise en su nombre. A partir de ahí el estudiante burgués, que prepara sus exámenes de derecho procesal, enclaustrado en casa mientras la ciudad descansa en la playa, ve invadido su espacio vital y de decisión por el ímpetu de un desbordante hombre que irradia seguridad y triunfo en cada una de sus apariciones, al menos hasta que empezamos a compartir ese largo viaje sin rumbo fijo, en el que Bruno ansía un compañero que atestigue sus hazañas y Roberto siente la curiosidad de quien nunca ha hecho nada fuera de la "norma". "Buddy movie" a la italiana donde dos personajes con actitudes vitales contrapuestas van transfiriendo de uno a otro su manera de enfrentarse a la vida y al futuro mientras el relato va mutando, de la comedia más clásica a la tragedia y el dolor más afilado.

Risi define muy bien a la pareja protagonista y su personalidad, pero quizás sea este diálogo el que mejor refleja las máximas vitales de ambos. En palabras de Roberto, "¿Sabes por qué decimos que la infancia es el recuerdo más bello? Sencillamente porque ya la hemos olvidado", lo que demuestra su insatisfacción por el momento presente, que no le permite agarrarse a nada prometedor más que el intento, provocado y alentado por Bruno, de que deje de soñar con la vecina de enfrente y se atreva a contactar con ella, mientras para el prototipo de "latin lover", lleno de deudas, engaños, estafas, infidelidades, sablazos, no hay mejor momento que el presente, "Te digo yo cuál es la edad más bella. Es aquélla que uno tiene. Día por día", porque aunque en el interior sienta la presión del fracaso económico y amoroso, su cara externa le obliga a vivir cada día como si fuera el último, "a muerte", y nunca mejor dicho con esa alocada carrera hacia el precipicio a la que conduce la carretera de la que parte la Vía Aurelia, una escapada en la que no hay norma ni límite que respetar.

En ese contraste de personalidades sale ganando siempre Bruno frente al carácter sumiso y conformista de Roberto, no llegando a dudar el primero en utilizar las confidencias del segundo hasta para ridiculizarle, pero demostrando que tiene un conocimiento de la vida del que Roberto no ha podido aprovecharse por ese encierro entre cuatro paredes. La vida de la calle siempre supera a la vida teórica, no hay mejor experiencia que vivir para aprender porque los libros no proporcionan soluciones para los imprevistos. Aunque, en todo caso, la experiencia vital no evita que Bruno también termine pareciendo un perdedor absoluto a ojos de Roberto cuando, tras ser humillado en la fiesta donde tiene ese don de la improvisación, "modestamente", no le queda más salida que la de refugiarse en casa de su exmujer para comprobar cómo el tiempo es inmisericorde y cómo las nuevas generaciones no son tan manipulables ni seducibles como lo ha sido Roberto. La aparente alegría del día, propiciada por esa línea clara con la que rueda Risi, nunca invasivo con sus personajes, más preocupado porque el guión les defina perfectamente que del alarde visual, da paso a la tristeza de la larga noche y al momento de la soledad imposible de disimular.

Risi, con la colaboración perfecta de Ettore Scola en el guión, (y Ruggero Macar), dota a sus personajes de la suficiente estructura como para que no se tambaleen , delineados a la perfección entre el fanfarrón oportunista y el sumiso dispuesto a seguir las órdenes del poderoso, sea un Bruno de turno o un Andreotti en el gobierno. Entre las ruinas de una guerra que sucedió al fascismo, la Italia de los 60 empieza a remontar modificando comportamientos públicos antes no imaginados. La Italia de la Democracia Cristiana no permitió sorpasso alguno en lo político, aunque para ello tuviera que valerse de armas tan poco democráticas como desestabilizadoras. Esa Italia se encaminaba a los años de plomo de los 70, a esa alegría de vivir veraniega le acechaba el aliento del "luppo", la falsa arrogancia del "Aurelia" descapotable conducido por Gassman que no ocultaba sus parches en la chapa y sus no menores problemas de motor. Había que aparentar una alegría de vivir para seguir aceptando la rutina de la mediocridad. Una de las mejores películas italianas de la época, "modestamente".
 

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