sábado, 11 de mayo de 2019

SERPENTARIO (Carlos Conceiçao, 2019)


Una road-movie sin carretera es como define el director portugués a su primer largometraje, rodado en Africa, a caballo entre Angola; esos restos del imperio que de manera recurrente se asoman al imaginario colectivo del país vecino, y Namibia; entre la exuberancia del trópico y la aparente devastación del desierto de arena que avanza, inexorable, devorando construcciones y ofreciendo un paisaje donde no parece ser posible futuro alguno. No espere el espectador un relato lineal y coherente, el tiempo se mezcla y se confunde. Pasado, presente y futuro se mezclan no solo en la aportación de material histórico accesorio al devenir del casi único personaje del film, interpretado por Joao Arrais, actor en alguno de sus cortos precedentes, sino también en la misma presencia del personaje, quien comienza su recorrido volviendo de Europa a su Africa natal, el continente del que su madre no quiso irse, conviviendo con un guacamayo al que su hijo tendría que cuidar si ella llegara a morir antes, pero que aparecerá en el pasado y futuro del continente.

Hay una componente autobiográfica en ese comienzo del relato, en ese avanzar sin un rumbo definido hasta llegar a Kolmanskop, la ciudad engullida por el Namib. Como si en ese lugar el tiempo se hubiera detenido y su soledad fuera la equivalente a una ausencia definitiva, la de una madre que, al llegar al destino final, hubiera sido sustituida por su paciente mascota. El camino identitario del personaje, también por Africa, empieza a ser una constante en el cine lusoparlante, "Djon Africa" y "Gabriel y la montaña" ya exploraron estos recorridos, donde el desplazamiento físico implica un avance en el conocimiento personal, no tanto para acumular experiencias como para conocer de dónde se procede y cuáles son las raíces más profundas. El tiempo así se vuelve algo accesorio, porque todos somos consecuencia no sólo de nosotros mismos, sino de las innumerables experiencias acumuladas por el paso de los siglos. El joven que avanza entre Angola y Namibia es el personaje que espera, aterido de frío a la caída del sol, que un chófer desconocido y procedente de no sabemos dónde, le introduzca en el país hasta el lugar en el que el viaje ha de continuarse a pie; pero también es heredero de aquellos portugueses que colonizaron el Africa occidental y de la misma manera ejercerá su influencia en los portugueses de siglos venideros que puedan aventurarse en el espacio.

Todos estos personajes los asume el mismo actor porque, en definitiva, pasado (el sol), presente (la tierra), futuro (la luna), son contingentes e intercambiables para formar nuestro propio mapa informativo íntimo. No es tan extraño entonces que en el viaje rebose la melancolía de acercarse hacia lo definitivo e irrecuperable, seguir la llamada telepática de una madre que pide ser buscada y encontrada, aunque la metamorfosis última entregue una realidad física diferente a la deseada, porque la madre puede que sea un concepto, un país, un paisaje, y no solamente una mujer. No es extraño que en la ensoñación se perciban notas del Joao Pedro Rodrigues de "O ornitólogo" o de Joao Cesar Monteiro, o que en la propia configuración del personaje hayan influído los ritmos tribales y las costumbres propias de aquéllos que tuvieron que soportar la invasión extranjera hasta la descolonización tras la guerra.

La película parece convencional en el tratamiento de la imagen en contraposición con la forma de narrar, pero no deja de ser un espejismo hasta que se vuelve experimental con juegos de manipulación de texturas, deterioro de fotogramas o mezcla de formatos; ya sea la recreación de una galaxia o la incorporación de imágenes documentales de los 60-70, o hasta las primeras incursiones del porno en el mundo audiovisual generalizado. El relato no pierde su congruencia con la idea de la búsqueda de una madre a lo largo de un recorrido kilométrico en medio de una naturaleza indomesticable, pero también se convierte en saltos hacia el pasado con un colonizador portugués en pantalones cortos y zapatillas de playa, y hacia el futuro como un cosmonauta de una nave con rumbo ignoto y propósito oculto; porque la película puede ser un reencuentro familiar desde la distancia volviendo a los lugares de la infancia pero también puede convertirse en relato documental histórico, documento etnográfico, western, ciencia-ficción......... "Serpentario" es muchas cosas, no todas igual de conseguidas o enlazadas en su conjunto, pero es un notable intento de transmitir más sensaciones y estados de ánimo que información y palabras. Buen comienzo en el largometraje para el director portugués.














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