domingo, 28 de abril de 2019

KOMUNIA (Comunión, Anna Zamecka, 2016)






















En "Comunión" de Anna Zamecka, todo pesa, nada es ligero, nada consigue, más que puntualmente, permitir el paso de aire que oxigene la constante lucha de Ola por mantener unido algo parecido a una familia. Ola es el único cemento que trata de mantener juntas las partes dispersas de una familia que se ha desmoronado hace tiempo. Un padre alcohólico y absolutamente despreocupado por sus hijos, un hermano, Nikodem, autista y que vive en un mundo propio del que hay que ocuparse y preocuparse constantemente, y una madre ausente, que por motivos que no nos interesan, se ha ido del hogar familiar y mantiene una relación telefónica con su hija en la que las peticiones de ayuda y reunificación son siempre contestadas con medias frases. Nada extraño a los tiempos que conocemos, nada extraordinario en familias disfuncionales, salvo un pequeño detalle, la persona que asume la carga de sostener ese hogar, de cuidar de dos hombres nulos para esa tarea es una joven de 14 años a quien la alegría de vivir hace tiempo que se le ha esfumado por el peso insoportable de tareas que no le corresponderían.




















Hay un control difuso de la administración, los servicios sociales están pendientes de cómo evoluciona ese hogar para intervenir en el momento en que no haya otra solución. Mientras, se consiente ese status quo por el que se hace una especie de vista gorda hacia el padre, a quien la hija también protege, con la intención de mantener unidos a esos hermanos que, a su manera, se necesitan. "Nada es normal en esta casa", grita desesperada la menor cuando regresa a casa tras una fiesta escolar y se encuentra el desorden habitual, la suciedad, las ropas tiradas por el suelo, los muebles apenas en pie. En este hervidero de soledades, frustraciones, dolor e incomprensión, la cámara de Zamecka hace no solo de notario, sino de un miembro incorporado a la familia como alguien más que nos muestra su visión subjetiva de las cosas. Tan es así que, muchas veces, podremos preguntarnos si no estaremos ante una ficción, y no un documental, al ser tanta la proximidad de la cámara y el comportamiento nada condicionado de los habitantes del piso, actuando ajenos a esa realidad que no deja de ser extraña.




















La cámara sirve, en esta ocasión, para mostrarnos la lucha, a medio camino entre la desesperación y la renuncia, de una joven dispuesta a que todo siga la rutina de la normalidad a la espera de una reconciliación de sus padres que la libere parcialmente de esas obligaciones asumidas a destiempo. El título del documental, no es, así, gratuito. El rodaje abarca un periodo de tiempo aparentemente breve en los días previos, y posteriores, a que Nikodem haga su primera comunión. El afán de la hermana convenciendo a aquél para que se aprenda la doctrina religiosa y sea admitido en el seno del catolicismo funciona como una doble vertiente de una realidad que tampoco hay que ocultar. Esa religiosidad familiar obedece, igualmente, a una omnipresencia religiosa que invade todo ámbito de la vida cotidiana, empezando por esas clases diarias que se inician con un padrenuestro. Para Ola la ceremonia de su hermano es una excusa perfecta para reunir a la familia en torno a una celebración que se transforma en esencial para sus planes de futuro; transmitir, y recibir, aunque sean unas horas, la sensación de familia alrededor de una mesa.




















La madurez anticipada de esta joven no podrá solucionar el problema de autoaislamiento del hermano ("soy un dios, soy un semidios" aprovecha a decir cuando se ve solo en el interior de la iglesia antes de confesarse ante un sacerdote que intenta convencerle, sin éxito, de que la gula es un pecado a confesar, mientras para él es una virtud humana), ni tan siquiera reconducir el comportamiento antiempático del padre, superado por el abandono de su compañera y la imposibilidad de relacionarse con un hijo en medio de las broncas continuas que la adolescente se ve obligada a lanzarle para que reaccione y asuma sus responsabilidades; y lo más doloroso, su empuje y determinación serán insuficientes para cambiar la decisión materna de alejamiento. De ahí que el documental, cine social de primer orden, no abandone nunca el regusto amargo de las realidades vividas antes de tiempo y que no pueden cambiarse, nos sentimos identificados con Ola y asumimos su constante sensación de derrota como un injusto capricho de la sociedad que la rodea, incapaz de ayudar a quien no debería asumir una carga de tal naturaleza en ese momento de su vida.























KOMUNIA. Polonia. 2016. Guión y dirección: ANNA ZAMECKA. Productoras: HBO EUROPE, WAJDA STUDIO, OTTER FILMSMX35, co-financiada por POLISH FILM INSTITUTE. Diseño de sonido: MARCIN KASIŃSKI. Sonido: ANNA ROK, KATARZYNA SZCZERBA. Edición: AGNIESZKA GLIŃSKA PSM, ANNA ZAMECKA. Fotografía: MAŁGORZATA SZYŁAK. Producción: ANNA ZAMECKA, ANNA WYDRA, ZUZANNA KRÓL, IZABELA ŁOPUCH, HANKA KASTELICOVÁ. 72 minutos.


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