viernes, 8 de marzo de 2019

UN PASEO POR NEW YORK HARBOR. ( Carolina Astudillo, 2019)


Hablar del pasado es una forma de reconocernos en el presente, el cine de Carolina Astudillo se pregunta cómo llegamos a ser cómo somos a partir de imágenes entresacadas del album familiar olvidado. En esta pequeña (por duración, pero no por importancia) pieza de la directora chilena retoma lo que ya conocemos de su forma de contar, estilizando, adelgazando al máximo el resultado, dejándonos con las preguntas intactas, a la espera de la respuesta que ha de ir generándose en nuestro interior. Esta respuesta, se apunta por un doble camino, por un lado cómo se han podido olvidar por completo las imágenes que vemos y por otro, si estas imágenes y el relato de la narradora interesarán lo más mínimo al interlocutor que es su hermano. Carta, vídeo, poesía y música se entrelazan en una pieza de cámara donde la grabación doméstica interroga a una mujer que escribe a su hermano para contarle el descubrimiento de una vieja filmación de su padre por la bahía de Nueva York, en un domingo soleado donde el mundo parece haberse detenido en un inconcreto día de 1967, el año de la muerte del poeta afroamericano Langston Hughes que sirve de contrapunto político al reencuentro familiar epistolar.
Las imágenes de un día cualquiera en un momento cualquiera de la vida de una familia se desgajan, así, de la realidad histórica del instante en que se filman. Esa apacible travesía, esas imágenes de dos niños jugando en el jardín de su casa no pueden ocultar que esa aparente inamovilidad familiar, ese "american way of life", ese sueño americano por venir, coincide con los años de Vietnam, de los disturbios raciales, de las protestas por las libertades civiles. Una familia típicamente "wasp" que parecería no darse cuenta cómo a su alrededor el mundo se transforma hasta la convulsión, y su captación en imágenes que no van a poder alterarse van a dejar una constancia irreal de la realidad sin abandonar ésta. En este caso la palabra de la carta leída, junto con el poema de Hughes y la canción de Nina Simone con el mismo título que el poema, "Mr. Blacklash", cambian por completo el posible significado de unas imágenes de aparente neutralidad.
Vistas ahora las imágenes por su protagonista, la interpretación que puede extraerse de las mismas muta. La narradora escribe mientras ve a su hija jugar como en ese super8 casero los dos hermanos posan y se dejan filmar sabiendo que su figura quedará retratada para siempre. Los interrogantes sobre sus propios progenitores, sobre su sordera ante esas manifestaciones que tenían que oirse al mismo tiempo que disfrutaban de un día de descanso, su ceguera ante el hecho de que sólo hubiera blancos en la cubierta soleada del barco, se hacen más evidentes cuando, de manera paralela, el mismo día y en la misma sociedad, otros norteamericanos protestaban, o morían, luchando por sus derechos en las calles de Newport, Newark, Detroit, o miles empezaban a morir luchando por otros en las selvas de Vietnam, y no pocos ponían su calidad artística al servicio de una denuncia necesaria por sus derechos como seres humanos. Las imágenes nos remontan a las fotografías de Vivian Meier, de Saul Leiter, Eugene Smith o las fotos urbanas de Berenice Abbott, sabemos que no hay espíritu de dejar constancia de una sociedad en un vídeo familiar, pero el contexto y la obra de arte alrededor de ese 1967 dan fe de que, además de las imágenes evidentes, en su interior hay un subtexto que hay que sacar a la luz, y Astudillo sabe hacerlo como siempre.
UN PASEO POR NEW YORK HARBOR. España. 2019. Escrita y dirigida por: Carolina Astudillo Muñoz, Productor: José Nicolás. Edición: José Nicolás, Carolina Astudillo Muñoz. Música: Tempe Hernández. Voz: Catalina Girona. Edición de sonido: Alejandra Molina. Estudio de sonido: Carles Mestre. Archivo: ALMU. Distribución: Marvin Wayne. 5 minutos.

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