viernes, 1 de febrero de 2019

LA PELÍCULA INFINITA (Leandro Listorti, 2018)



“A las víctimas de la espera” es la dedicatoria que encabeza el relato “Zama” de Antonio de Benedetto, historia que finalmente Lucrecia Martel llevó al cine tras fracasar en su intento de filmar “El eternauta”, la novela gráfica argentina de Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López; como truncado fue el intento de rodar a mediados de los 80 el relato de de Benedetto por parte de Nicolás Sarquis, con Mario Pardo en el papel del funcionario español que espera y con Charo López en el principal papel femenino. La espera se conjuga así en decepción y consecución, pero al tiempo un deseo insatisfecho puede abrir el camino a la culminación de otro. Así se conjuga esta película hecha a base de no películas, filmes truncados en sus fases iniciales o mediado el rodaje; directores conocidos, menos conocidos, desconocidos; actores y actrices reconocidos en el cine argentino junto a amateurs; “La película infinita” es la labor de montaje resultante de recopilar pedazos de muchas películas que no llegaron a ser; filmaciones, “rushes”, tomas falsas, ensayos que, finalmente, quedaron en el olvido porque no se completaron, no se estrenaron, no pasaron a formar parte de una filmografía oficial. 

La infinitud toma un material inacabado que alcanza un significado propio, pasando a pertenecer a otra realidad igualmente infinita, la de una no-película hecha a partir de otra quincena de ellas que nunca llegaron a existir, componiendo una nueva cuya interpretación, sentido, historia, linealidad, abstracción, pura geometría visual sin argumento o historia a partir de la mezcla de muchas, queda a la libre interpretación del espectador, algo, de por sí, bastante común a cualquier obra artística, pero que se intensifica cuando el material de partida no es uniforme, no obedece a patrones clásicos de narración, no tiene protagonistas reconocibles, o simplemente, estos van apareciendo y desapareciendo sin un aparente sentido. Si Zama reconduce a otra Zama que sí hemos podido ver, el giro de la infinitud vuelve una y otra vez cuando la primera y última película con la que se compone “La película infinita” son la misma, y ambas imposibles, arruinadas, olvidadas, abandonadas, “El eternauta” de 2009 que Martel no pudo concluir, repite la desgracia de “El eternauta” de 1968 de Gil, Gil y Bertolini.

Ahora, ¿esta película puede interpretarse del mismo modo sin información previa o posterior? Me resulta obvio que no, que salvo el conocimiento general del cinéfilo, que tiene noticias de que en la filmografía de Martel no existe un eternauta, y que no hay más “Zama” que la de Martel, falta el conocimiento suficiente y el contexto histórico como para identificar extractos de películas inexistentes de una muy concreta cinematografía, la argentina, que sirvan de partida para crear una obra diferente y autónoma. La experimentalidad de la película exige, por tanto, para su mejor disfrute, atender a las notas de sus propios creadores, asumir la información ofrecida como veraz, creer que esas películas, todas ellas, nunca llegaron a existir, porque si supiéramos que simplemente se trata de películas olvidadas por su irrelevancia, su mala suerte, su pésima calidad………la construcción teórica sobre lo que vemos y el significado que podemos sacar de ello cambiaría radicalmente. No es lo mismo idear sobre lo inexistente para crear algo nuevo, que aceptar que a partir de lo ya creado, y terminado, por otros, se puede hacer un collage que mezcle y proporcione otras interpretaciones, de hecho todo un movimiento cultural como el “apropiacionismo” tiene su sentido en el uso de material ajeno para dotarle de un significado diferente.

El montaje sucesivo de escenas de películas fallidas de los últimos 50 años del cine argentino, convenientemente mutiladas/mutadas, no sólo con el tratamiento de la imagen, sino en el sonido, borrados los diálogos o usando las filmaciones sin incorporación de la banda sonora, escenas mudas para los personajes, o narradas por actores diferentes de los originales, abren un abanico inabarcable a la interpretación y plantean un margen inagotable para la controversia. ¿Es capaz el cerebro humano de asistir al visionado de imágenes sin tender a dotarles de un significado? ¿Y si esas imágenes son tan heterogéneas que entre ellas no existe, aparentemente, conexión posible? ¿Qué relato efectuar a partir de algo que se ofrece como un conjunto que no es sino una amalgama diacrónica y, al mismo tiempo, asincrónica? Pues aquí entra, sin duda, la voluntad y participación del espectador, su voluntad de interpretar y su participación en crear una historia. EL carácter infinito de la película permitirá acercarse a ella y cambiar su significado y su significante tantas veces como se quiera. Cine experimental lleno de referencias a la caducidad y reinterpretación del arte, a su sujeción a las circunstancias históricas de su creación. No resulta complicado montar una historia paralela a “Alphaville” viendo la mayor parte de imágenes, pero cuando uno ve a Mario Pardo vestido como ya ha visto a Daniel Giménez Cacho como D. Diego de Zama, con 30 años de diferencia a favor del primero, cualquier interpretación salta por los aires y abre caminos inexplicables para la recreación infinita. Un experimento creado a partir de material ajeno por muchos nombres del actual panorama del cine latinoamericano, partiendo del propio Listorti y siguiendo con Ainstein, Beck o Guerrero.

LA PELÍCULA INFINITA. Argentina. 2018. Dirección: Leandro Listorti. Producción: Paula Zyngierman, Leandro Listorti. Montaje: Felipe Guerrero. Diseño de sonido: Roberta Ainstein. Producción ejecutiva: Paula Zyngierman. Compañía productora: Maravillacine. Productor asociado: Gustavo Beck. Duración: 54 minutos

TRAILER 


No hay comentarios:

Publicar un comentario