miércoles, 20 de febrero de 2019

DELPHINE ET CAROLE, INSOUMUSES (Callisto Mc Nulty, 2018)



Las razones por las que se decide ver una película y otra no, son tan subjetivas como número potencial de espectadores existan. El título de este documental no me daba muchas pistas y reconozco que el nombre de Carole Roussopoulos tampoco me ayudaba a aceptar la invitación de la distribuidora, pero el fotograma en el que identifiqué a Delphine Seyrig me hizo sugerente la idea de conocer algo sobre algún hecho notable en la filmografía de la actriz, a mí, una persona por lo general poco curiosa con los entresijos de los rodajes o la vida personal de los artistas y creadores. Afortunadamente escogí bien, y no tanto porque la película utilice novedosas formas de narración, ni tan siquiera una coherencia cronológica en el relato, sino porque gracias a ella descubro a dos militantes feministas de una clarividencia absoluta. Dos mujeres dispuestas a revolucionar un mundo masculino y masculinizado como la Francia pre y post mayo del 68, con ministros, y ministras, abiertamente misóginos sin tener conocimiento preciso de lo que eso significa, pero condescendientes y asumiendo que los roles de los papeles femeninos en el cine francés de la época estaban dibujados y pensados por, y para, hombres, sin darse cuenta de que "Un hombre de cada dos es mujer".
 

He dicho que la presencia de Delphine Seyrig me convence como razón suficiente para ver la película. La idea original de su rodaje fue de Carole Roussopoulos, compañera videoartística de Delphine en los años de este intento de visibilización generalizada en el cine del papel de la mujer como algo más que un mero objeto de deseo o de reproducción. Carole Roussopoulos empieza en 2009 el montaje y rodaje pero no puede terminar la película antes de su muerte. Casi diez años después, una nieta de Carole, Callisto Mc Nulty, retoma el original y amplía el espectro, en vez de centrarse solo en Delphine, la película dará protagonismo a su abuela, y de esta manera el relato se vuelve coral y más participativo. ¿Y porqué me atrae la presencia de Delphine Seyrig? En concreto por una película, "Jeanne Dielman" de Chantal Ackerman, un prodigio cadencioso del día a  día de una mujer que, en sus largas horas de soledad, ocupada en tareas domésticas y en tener todo preparado para cenar con su hijo, tiene tiempo, o lo saca, para ejercer la prostitución que da un respiro económico a esta familia monoparental. También participó en películas de Truffaut, Buñuel o Démy, pero es esta Jeanne Dielman uno de los hitos del cine feminista en la Europa de los 70, una película redonda de una de las más sugerentes directoras del cine europeo.

Para comprender el sentido de esta película resulta muy acertado oir a Chantal Ackerman explicando los motivos por los que en "Jeanne Dielman" rueda planos de muchos minutos en los que Delphine pela unas patatas, hace unas camas o empana unos filetes. Y desde mi punto de vista masculino como espectador saqué una interpretación muy diferente a la de la directora, aunque también quiero creer que es porque algo ha cambiado en las relaciones hombre-mujer a mejor en 4 décadas. Dice Ackerman que con esos largos planos, en apariencia excesivos, trataba de mostrar a los hombres las actividades que ellos no veían porque nunca hacían una cama, no pelaban unas patatas, no sabían ni cómo se hacía ni el tiempo que se dedicaba a tareas tan poco importantes porque siempre estaban hechas cuando llegaba el momento de comer o de acostarse. Daba visibilización a lo que permanecía oculto porque pertenecía al mundo de las mujeres. Delphine y Carole descubren en el vídeo la ocasión perfecta para extender su discurso, para hacer del cine y del montaje un arma política feminista. Adquiriendo la segunda video cámara portátil del momento en Francia ambas comienzan a utilizar subversivamente el video, y hay que destacar que la primera la acababa de comprar Jean Luc Godard, otro que entendió a la perfección el arma de la imagen como instrumento político. "Hay algo más desconocido que un soldado, su mujer", frase lapidaria, como tantas otras del film, desplegada delante de la tumba al soldado desconocido en una de las acciones de protesta filmadas por Seyrig y Roussopoulos.

Estamos ante una película de mujeres, sobre mujeres y para las mujeres, donde los hombres aparecemos en el lugar donde merecemos en el contexto histórico de finales de los 60 hasta mediados de los 70. Una actriz que sabe que su carrera peligra por su posición política, incluso entre aquellos que, por ideología más próximos, deberían estar a favor de la reivindicación de la igualdad (revelador de la época el episodio en el que no sólo productores, sino gente como Yves Montand vetan directamente la participación de Seyrig en una película por sus posicionamientos político-feministas). El vídeo abarata el coste de rodar en relación con una película, no necesita más equipo que ellas dos y un pequeño equipo de asistentes, incluído el marido de Carole, y permite acercar el micrófono a quienes de manera constante no han  podido opinar y siempre han hablado a través de las palabras, las fantasías o los deseos de los hombres. El video guerrillero acerca imagen y mujer, y hace que éstas expongan libremente su pensamiento, su papel relegado en una sociedad netamente patriarcal que desconoce lo más básico de la sexualidad femenina porque la mujer era secundaria.

Se suceden así, intervenciones públicas en la televisión de Delphine en programas de debate donde casi siempre se sitúa en una posición de minoría o en solitario frente al discurso oficial, con imágenes de sus creaciones, de cómo diseñaban el concepto visual de sus films para intercalar contestaciones ingeniosas y dolorosamente reales en modo de intertítulos a las sesudas reflexiones de intelectuales y políticos de la época que mantenían esa división ficticia de las capacidades entre hombres y mujeres. El movimiento existía, y el movimiento creció, quizás nunca tan presente como hasta el pasado 8 de marzo donde se pudo ver una sensibilidad femenina tan asentada en las mujeres para reivindicar lo suyo, no más, pero tampoco menos ni distinto. Ese movimiento intelectual, del que vemos a mujeres cineastas como Ackerman, Liliane de Kormadec, Duras o figuras míticas como Simone de Beauvoir, va dando paso a la reacción de la calle, al manifiesto de las 343 donde se puso en el debate el derecho de las mujeres a abortar y no ser condenadas por ello, a la convocatoria de los "Estados generales sobre la prostitución", idea heredada de la Revolución Francesa y con el objetivo nada banal de poner fín a la explotación sexual de unas mujeres que no eran consideradas como tales ni por los hombres ni por muchas mujeres, con ocupaciones de iglesias para explicar esa situación. También hay tiempo para seguir las diferentes iniciativas culturales de las protagonistas, el "Video Out", "Les insoumuses", el manifiesto SCUM......y todo con un origen, el recuerdo a las sufragistas inglesas de finales del XIX, uno de los primeros golpes encima de la mesa de las mujeres para acabar con tanto machismo. Una película sorprendente por lo que cuenta y su vigencia 50 años después.


CAROLE ET DELPHINE INSOUMUSES. Francia. 2018. Dirección: Callisto Mc Nulty. Guión: Callisto McNulty, Alexandra Roussopoulos, Geronimo Roussopoulos. Montaje: Josiane Zardoya. Montaje sonido: Philippe Ciompi. Música: Manu Sauvage. Producción: Les films de la Butte (FR), Alva Film (CH), Le Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir (FR), Institut national de l’audiovisuel (FR). Coproducción: ARTE (La Lucarne). 70 minutos.

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