jueves, 28 de febrero de 2019

VOX LUX (Brady Corbet, 2018)



En 2016 Brady Corbet daba muestras de genio con la asfixiante "The chilhood of a leader", reseña , opresivo relato de corte "jamesiano" en el que la educación rigurosa y la condescendencia caprichosa va transformando a un niño en un tirano cruel, que culmina con el nacimiento de un líder neofascista en una sociedad militarizada y represora en una elipsis que del tan gusto del director parecen ser. Corbet cambia el registro, sin abandonar la participación de rostros muy reconocibles para el espectador, y partiendo de las cenizas del "Elephant" de Gus van Sant teñida por "Las vírgenes suicidas" copollianas y el halo de pureza que se destilaba en "Kreuzbeg", reseña , pretende hacer del caso concreto de Celeste (Raffey Cassidy en la adolescencia y Natalie Portman en la madurez) un retrato del mundo actual sin renunciar al reflejo cínico, inmisericorde, hipócrita de todos nosotros. Será el espectador quien decida si en ese camino se ha conseguido el mismo propósito buscado con su anterior película, aunque personalmente en varios momentos de su desarrollo pierde pie, cae en la ambigüedad de hacer más odioso al personaje que en conseguir reflejar que ese personaje no es sino el retrato de todos nosotros.

"Cuanto peor lo hago, más vendo", y en el fondo, este mensaje que evidencia el desenvolvimiento de todo lo que nos rodea, en donde cuanto más simple se hace el mensaje, más obscena la mentira, más barato el arte, más chabacano el comportamiento, más egoistas nuestras relaciones, mejor se consigue conectar con la mayoría de un público acostumbrado a que una noticia no tenga más desarrollo que el titular de un periódico o la cabecera de una cuña radiofónica, corre el riesgo de quedarse constreñido en el foco unidireccional de una persona que evoluciona mal con el éxito, en vez de ampliarse hacia todos los espectadores, como de manera muy solvente se conseguía en su anterior obra. Consolidar la carrera de un director resulta complejo, sobre todo cuando la primera película alcanza un grado de solidez como le ocurrió a Corbet. Mantenerse conlleva el riesgo de ser tildado de copiar un cliché que ha funcionado, arriesgarse aumenta las posibilidades de batacazo, nadar entre dos aguas, adoptando parte de lo que funcionó en la primera y añadiendo algún aspecto novedoso corre el riesgo de desequilibrar el conjunto.
Visualmente poderosa, con el magnetismo de la voz en off de Willem Dafoe, y una muy ajustada banda sonora en la música extradiegética, paradójicamente me resulta mucho más convincente y mucho mejor interpretada la primera parte, denominadas "Prólogo" y "Génesis", que la segunda; "Regénesis" y "Epílogo", y en esa diferente valoración influye notoriamente una decepcionante interpretación de Natalie Portman como la Celeste adulta. Exageradamente histriónica, "cartoon" de un ídolo rock, hipergestualizada en sus conversaciones, ridículamente dibujada como un ángel caído renaciendo de sus propias cenizas, muy "pasada de vueltas" su presencia choca con la contención interpretativa de los otros tres pilares de la narración, hermana (Stacey Martin), hija (Raffey Cassidy, que dobla papel) y agente (Jude Law). Porque el relato también habla de la mutación, del cambio generado en una adolescente a partir de un hecho traumático y su relación posterior con el mundo externo. En este punto las conexiones con "La infancia de un líder" no son anecdóticas, y es lo que relaciona ambas experiencias, en las que puede encontrarse el nudo gordiano de hasta dónde nuestro comportamiento es capaz de modificarse, incluída nuestra personalidad, en función del ámbito en el que te desenvuelvas.
Si el niño de su anterior película va convirtiéndose en un tirano desde la soledad en el seno de una familia estricta, donde la preceptora no deja de ser una extraña cuyo cariño no puede suplir la gélida relación con sus progenitores, el personaje de Celeste nos es presentado en un momento de clímax justo cuando no hemos todavía entrado en el detalle de los personajes y carecemos de referente alguno acerca de su forma de ser. Si bebe de "Elephant" es porque Celeste es una superviviente de uno de estos múltiples episodios de matanzas escolares en institutos norteamericanos, pero esa escena sirve para fijar cuál es su mentalidad en un momento muy concreto, un momento en el que todavía el mundo ha sido inexplorado y vive de lo que la rodea, el simple entorno familiar. Cuando pide al compañero que no dispare y le ofrece rezar juntos como solución, Celeste se presenta como un espíritu puro alejado de cualquier tentación; cuando el mismo personaje vuelve a su ciudad natal 16 años después para reiniciar su carrera musical como estrella del rock, la oferta que le hace a su agente es la de dejarse follar si le proporciona cocaína antes del concierto. La persona es la misma, su forma de ver la vida no.
Cuando Celeste, para recuperarse de las secuelas físicas y emocionales de la matanza, compone una canción de aires pop que interpreta con su hermana en la iglesia local, que se convierte en fenómeno viral gracias a las redes sociales, ni imagina ni sospecha, que su futuro va a quedar más condicionado por ese acto de reconciliación que por el hecho en sí de tener una cicatriz en el cuello y secuelas en la columna vertebral como consecuencia del disparo que, como el plano en el que sucede, rompe la estructura de la película apenas comenzada. La mente del adolescente, la formación del mismo, la "infancia" de una cantante pop que alcanza el éxito muy de repente, muy de prisa y muy joven, se distorsiona al vivir aquello a lo que todos debemos enfrentarnos de manera precipitada y sin margen de error ni rectificación. Los mitos de las drogas, el alcohol, la castidad, la virginidad, se derrumban de manera caótica y desordenada hasta cambiar, en pocos meses, su control previo por un caos autodestructivo en lo físico, pero sobre todo en lo psicológico. El carácter dulce, ingenuo, consecuente de Celeste, da paso, en otro de esos abruptos cortes de la película; acertado salto de 16 años en el tiempo; a un personaje en las antípodas del que hemos visto en la primera parte.
Es ahora cuando la crítica se hace más evidente, aunque siempre oculta detrás del primer plano otorgado al hecho concreto de la vuelta de Celeste al escenario tras un episodio de drogas y atropello saldado con dinero. En la era Trump, en la era de los telepredicadores políticos, la sociedad se demuestra vulnerable por su ignorancia, manipulable hasta el punto de aclamar ídolos que, en su comportamiento público ,no hacen sino ofrecer ejemplos de lo que no tiene que funcionar como referente. Celeste se ha convertido en un personaje mezquino, hiriente para los que la rodean, hipócrita y cínica desde el descreimiento hacia todo lo que, a sus escasos 14 años, creyó que podía ser un mundo habitable. Sólo en el epílogo la mujer puede recuperar su estabilidad, justo cuando deja de ser una persona y se convierte en el personaje creado por la industria; es en la actuación, en el mundo del pop artificial y manipulador donde un público mayoritario de mujeres asisten, extasiadas, a unos ritmos que no ocultan, en sus letras, parte de un mensaje arquetípico y reproductor de esquemas de dominación mental, unos ritmos que van magnetizando a los presentes hasta que aquellos que quieren, pero no se sienten confortablemente en compañía de Celeste, olvidan sus diferencias y cambian el rostro hierático por la sonrisa y el baile olvidando que el concierto se inicia con un sintomático rótulo, "LIES".
Corbet, como hizo en su anterior película, nos interroga sobre nuestra propia incapacidad de autocrítica y de reflexión, desnuda el mimetismo en el comportamiento de la ciudadanía, absorta en lo inmediato y que rechaza cualquier complejidad en el pensamiento y en el análisis. Cuanto más reprochable es el comportamiento del ídolo más se ansía su recuperación y su exposición pública. En un mundo de imágenes convence más la imagen falsa del escenario que la imagen real del defraudador, del delincuente, del sinvergüenza, del que se aprovecha de los demás, cuanto peor más aplauso se recibe. Celeste es un producto del marketing industrial, puro diseño de imagen que en nada se parece a la joven que creó una canción donde se cambió el "Yo" por el "Nosotros", para dar pábulo a esa idea absurda, infantil, y políticamente irritante por la que en cada desgracia masiva, atentado, accidente.....todos tenemos que ser víctimas, cuando las víctimas son muy pocas. En la solidaridad del dolor se cimenta la solidaridad con el éxito ajeno, aunque éste sea falso. Votando a Trump muchos creerán que podrán convertirse en él, pero la realidad demuestra que Trumps, o Celestes, hay muy pocos, justo los que "triunfan" en el dinero, en el poder y en el sexo, los paradigmas del occidente contemporáneo que tan bien sabe reflejar Corbet aunque esta segunda incursión del director plantee muchas dudas y muchos altibajos en su confección.

VOX LUX. Estados Unidos. 2018. Dirección: Brady Corbet. Producción: Christine Vachon, Brian Young, Michel Litvak, Andrew Lauren. Guión: Brady Corbet. Música: Scott Walker. Fotografía: Lol Crawley. Montaje: Matthew Hannam. Reparto: Natalie Portman, Jude Law, Stacy Martin, Raffey Cassidy. Narración: Willem Dafoe. 110 minutos

miércoles, 20 de febrero de 2019

DELPHINE ET CAROLE, INSOUMUSES (Callisto Mc Nulty, 2018)



Las razones por las que se decide ver una película y otra no, son tan subjetivas como número potencial de espectadores existan. El título de este documental no me daba muchas pistas y reconozco que el nombre de Carole Roussopoulos tampoco me ayudaba a aceptar la invitación de la distribuidora, pero el fotograma en el que identifiqué a Delphine Seyrig me hizo sugerente la idea de conocer algo sobre algún hecho notable en la filmografía de la actriz, a mí, una persona por lo general poco curiosa con los entresijos de los rodajes o la vida personal de los artistas y creadores. Afortunadamente escogí bien, y no tanto porque la película utilice novedosas formas de narración, ni tan siquiera una coherencia cronológica en el relato, sino porque gracias a ella descubro a dos militantes feministas de una clarividencia absoluta. Dos mujeres dispuestas a revolucionar un mundo masculino y masculinizado como la Francia pre y post mayo del 68, con ministros, y ministras, abiertamente misóginos sin tener conocimiento preciso de lo que eso significa, pero condescendientes y asumiendo que los roles de los papeles femeninos en el cine francés de la época estaban dibujados y pensados por, y para, hombres, sin darse cuenta de que "Un hombre de cada dos es mujer".
 

He dicho que la presencia de Delphine Seyrig me convence como razón suficiente para ver la película. La idea original de su rodaje fue de Carole Roussopoulos, compañera videoartística de Delphine en los años de este intento de visibilización generalizada en el cine del papel de la mujer como algo más que un mero objeto de deseo o de reproducción. Carole Roussopoulos empieza en 2009 el montaje y rodaje pero no puede terminar la película antes de su muerte. Casi diez años después, una nieta de Carole, Callisto Mc Nulty, retoma el original y amplía el espectro, en vez de centrarse solo en Delphine, la película dará protagonismo a su abuela, y de esta manera el relato se vuelve coral y más participativo. ¿Y porqué me atrae la presencia de Delphine Seyrig? En concreto por una película, "Jeanne Dielman" de Chantal Ackerman, un prodigio cadencioso del día a  día de una mujer que, en sus largas horas de soledad, ocupada en tareas domésticas y en tener todo preparado para cenar con su hijo, tiene tiempo, o lo saca, para ejercer la prostitución que da un respiro económico a esta familia monoparental. También participó en películas de Truffaut, Buñuel o Démy, pero es esta Jeanne Dielman uno de los hitos del cine feminista en la Europa de los 70, una película redonda de una de las más sugerentes directoras del cine europeo.

Para comprender el sentido de esta película resulta muy acertado oir a Chantal Ackerman explicando los motivos por los que en "Jeanne Dielman" rueda planos de muchos minutos en los que Delphine pela unas patatas, hace unas camas o empana unos filetes. Y desde mi punto de vista masculino como espectador saqué una interpretación muy diferente a la de la directora, aunque también quiero creer que es porque algo ha cambiado en las relaciones hombre-mujer a mejor en 4 décadas. Dice Ackerman que con esos largos planos, en apariencia excesivos, trataba de mostrar a los hombres las actividades que ellos no veían porque nunca hacían una cama, no pelaban unas patatas, no sabían ni cómo se hacía ni el tiempo que se dedicaba a tareas tan poco importantes porque siempre estaban hechas cuando llegaba el momento de comer o de acostarse. Daba visibilización a lo que permanecía oculto porque pertenecía al mundo de las mujeres. Delphine y Carole descubren en el vídeo la ocasión perfecta para extender su discurso, para hacer del cine y del montaje un arma política feminista. Adquiriendo la segunda video cámara portátil del momento en Francia ambas comienzan a utilizar subversivamente el video, y hay que destacar que la primera la acababa de comprar Jean Luc Godard, otro que entendió a la perfección el arma de la imagen como instrumento político. "Hay algo más desconocido que un soldado, su mujer", frase lapidaria, como tantas otras del film, desplegada delante de la tumba al soldado desconocido en una de las acciones de protesta filmadas por Seyrig y Roussopoulos.

Estamos ante una película de mujeres, sobre mujeres y para las mujeres, donde los hombres aparecemos en el lugar donde merecemos en el contexto histórico de finales de los 60 hasta mediados de los 70. Una actriz que sabe que su carrera peligra por su posición política, incluso entre aquellos que, por ideología más próximos, deberían estar a favor de la reivindicación de la igualdad (revelador de la época el episodio en el que no sólo productores, sino gente como Yves Montand vetan directamente la participación de Seyrig en una película por sus posicionamientos político-feministas). El vídeo abarata el coste de rodar en relación con una película, no necesita más equipo que ellas dos y un pequeño equipo de asistentes, incluído el marido de Carole, y permite acercar el micrófono a quienes de manera constante no han  podido opinar y siempre han hablado a través de las palabras, las fantasías o los deseos de los hombres. El video guerrillero acerca imagen y mujer, y hace que éstas expongan libremente su pensamiento, su papel relegado en una sociedad netamente patriarcal que desconoce lo más básico de la sexualidad femenina porque la mujer era secundaria.

Se suceden así, intervenciones públicas en la televisión de Delphine en programas de debate donde casi siempre se sitúa en una posición de minoría o en solitario frente al discurso oficial, con imágenes de sus creaciones, de cómo diseñaban el concepto visual de sus films para intercalar contestaciones ingeniosas y dolorosamente reales en modo de intertítulos a las sesudas reflexiones de intelectuales y políticos de la época que mantenían esa división ficticia de las capacidades entre hombres y mujeres. El movimiento existía, y el movimiento creció, quizás nunca tan presente como hasta el pasado 8 de marzo donde se pudo ver una sensibilidad femenina tan asentada en las mujeres para reivindicar lo suyo, no más, pero tampoco menos ni distinto. Ese movimiento intelectual, del que vemos a mujeres cineastas como Ackerman, Liliane de Kormadec, Duras o figuras míticas como Simone de Beauvoir, va dando paso a la reacción de la calle, al manifiesto de las 343 donde se puso en el debate el derecho de las mujeres a abortar y no ser condenadas por ello, a la convocatoria de los "Estados generales sobre la prostitución", idea heredada de la Revolución Francesa y con el objetivo nada banal de poner fín a la explotación sexual de unas mujeres que no eran consideradas como tales ni por los hombres ni por muchas mujeres, con ocupaciones de iglesias para explicar esa situación. También hay tiempo para seguir las diferentes iniciativas culturales de las protagonistas, el "Video Out", "Les insoumuses", el manifiesto SCUM......y todo con un origen, el recuerdo a las sufragistas inglesas de finales del XIX, uno de los primeros golpes encima de la mesa de las mujeres para acabar con tanto machismo. Una película sorprendente por lo que cuenta y su vigencia 50 años después.


CAROLE ET DELPHINE INSOUMUSES. Francia. 2018. Dirección: Callisto Mc Nulty. Guión: Callisto McNulty, Alexandra Roussopoulos, Geronimo Roussopoulos. Montaje: Josiane Zardoya. Montaje sonido: Philippe Ciompi. Música: Manu Sauvage. Producción: Les films de la Butte (FR), Alva Film (CH), Le Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir (FR), Institut national de l’audiovisuel (FR). Coproducción: ARTE (La Lucarne). 70 minutos.

sábado, 16 de febrero de 2019

LE LIVRE D´IMAGE (Jean Luc Godard, 2018)



RESEÑA DE LE LIVRE D´IMAGE EN ULTIMO CERO (para leer pinchar en el enlace)


































domingo, 10 de febrero de 2019

LA CIUDAD OCULTA (Víctor Moreno, 2018)


Las primeras imágenes de "La ciudad oculta" nos acercan al engaño de nuestra mente en conexión con nuestros ojos. En la oscuridad de la pantalla unos pequeños brillos, puntos luminosos que parecen lejanos, nos hacen imaginar una visión de un cielo nocturno, pero cuando el número de puntos luminosos alcanza tal magnitud que nuestro recuerdo no memoriza ningún cielo así, el efecto de nuestra imaginación desaparece. Esos puntos son el efecto de las linternas frontales de un equipo de trabajadores en el subsuelo de Madrid, probablemente el alcantarillado. El efecto óptico del reflejo nos ha engañado por un instante, hemos querido pensar en lejanas galaxias, mundos por explorar a millones de años luz, y, sin embargo, nos encontramos con el efecto lumínico provocado por el reflejo de una bombilla sobre el suelo de las cloacas, sobre sus residuos y sobre el material con el que está hecho. Superado este primer desafío comienza la aventura. Oscuridad y silencio; sólo rotos por el ruido de maquinaria, de vehículos o por ecos difíciles de situar; acompañan la experiencia sensorial que Víctor Moreno, muy bien acompañado de profesionales como José Alayón, Nayra Sanz Fuentes, Samuel Delgado........, ha ideado para enseñarnos un mundo desconocido, un mundo fuera de nuestro alcance, y casi, fuera del alcance de cualquiera. Estamos en una ciudad oculta debajo de centenares de miles de viviendas. Infraestructuras de uso desconocido junto a otras tan reconocibles como los túneles del metro, alcantarillado por donde un hombre puede moverse erguido sin problemas junto a pequeñas canalizaciones que apenas si permiten el paso de un gato y donde una rata parece un  gigante, accesos donde la suciedad y el abandono predominan enfrentados a otros donde todo parece nuevo, a estrenar, impoluto. 


Para acompañar este viaje por calles y rincones desconocidos de la gran ciudad, adentrándonos en esas tripas que depuran y degluten lo que la superficie desecha, la propuesta de Moreno se acerca al cine experimental. Pero no el cine experimental que juega con el ojo para engañar al espectador modificando el contorno, el color o el brillo de una imagen, sino experimentando con las sensaciones visuales y sensoriales que la falta de luz nos produce mientras un cuidadísimo diseño de sonido acompaña a las imágenes. Planos mantenidos ayudan a crear una cierta hipnosis en medio de la oscuridad, ya sean aguas que circulan, hombres que se aproximan como siluetas amenazantes desde la lejanía, la visión adormecedora de los raíles de unas vías mientras el tren avanza. En la oscuridad no podemos movernos con rapidez, el ojo necesita más atención, por eso la cámara tampoco corre, no hay prisa, nadie nos persigue, salvo el miedo propio de cada uno ante lo desconocido. En un mundo a oscuras, intentar ponerse en la piel de estas personas que desempeñan su jornada laboral sin ver la luz natural se hace muy complicado; si le añadimos el componente psicológico, el coste de adentrarse en espacios donde el hombre pierde sus referencias y se adentra allí donde nadie más quiere, ha de sumar, al esfuerzo físico, un coste emocional. Como astronautas, como miembros de la tripulación del Nostromo a punto de encontrar un nido de una especie desconocida, acompañamos unos minutos a estos hombres que se mueven con equipos autónomos de respiración, herméticamente vestidos de la cabeza a los pies. La mente, otra vez la mente, nos relaciona con esas películas de género donde la oscuridad es sinónimo de lo oculto, del terror, de la muerte. Trabajos para gente de resistencia, para personas a las que la permanente oscuridad se ha convertido en una rutina que, para los demás, sería inasumible.

Imagen y sonido juntas evitan cualquier palabra. Sobran las explicaciones, sobran los parlamentos. Da lo mismo saber qué son esas estructuras o para qué sirven. No parece que sea ese el objetivo del director y guionistas, sino el de transmitir, al menos con la interpretación que consigan nuestros sentidos, meras sensaciones anímicas irreproducibles sin ver estas imágenes calculadas y medidas. El eco del ruido emitido por un animal en el interior de un túnel da cuerda a la imaginación, la microcámara que se mueve por los pasajes angostos va descubriendo toda una fauna tan compatible con la luz del día que no se comprende cómo perros y gatos deciden vagar por esos túneles, acompañar a un equipo de mantenimiento de la red viaria del metro es terminar con los nervios destrozados por el ruido y la monotonía en pocos minutos y, al tiempo, intentar imaginar la resistencia de esos obreros y las horas diarias soportando ruidos industriales sin otro objetivo que el de que termine cuanto antes la jornada laboral y salir a la superficie para respirar un aire también viciado, pero familiar. "La ciudad oculta" es a Madrid lo que "Dead slow ahead" fue al interior de un enorme barco, en ambas los cuerpos son necesarios pero pueden llegar a ser prescindibles, nos sirven para tomar la medida de nuestra pequeñez en medio de centenares de kilómetros que horadan el interior de nuestras ciudades, túneles invisibles que también precisan de nuestros cuidados.



LA CIUDAD OCULTA. España. 2018. Dirección: Víctor Moreno. Guión: Víctor Moreno, Nayra Sanz y Rodrigo Rodriguez. Producción: Jose A. Alayón. Director de fotografía: Jose A. Alayón. Edición: Samuel M. Delgado. Productoras: El Viaje Films, Rinoceronte Films, Kinopravda, Pomme Hurlante Films, Dirk Manthey Films. 90 minutos.

viernes, 8 de febrero de 2019

CUANDO CREÍAMOS EN LOS REYES MAGOS (La mujer y el monstruo, 1955)

A poco que en tu familia no hubiera serios problemas, desgracias continuas, maltrato….. la infancia la recordamos como un momento de felicidad constante, con el descubrir y el juego formándonos. Por eso, imágenes de la niñez que hayan conseguido perdurar en nuestra memoria conseguimos que vuelvan una y otra vez, y aunque nos pellizque la nostalgia del tiempo pasado, de Long Jhon Silver, del país de nunca jamás, aún por unos segundos volvemos a sentirnos niños. Confieso que esta película debí verla con 7 u 8 años, justo después de un partido Inglaterra-Francia del entonces 5 naciones, cuando todavía se televisaba como una tradición en la única televisión de entonces, con aquellos nombres de leyenda, Twickenam, Parque de los Príncipes, Cardiff, la selección del cardo, los hombres de la rosa……….


Y me quedé embobado. Al volverla a ver uno se da cuenta de que ha perdido toda la inocencia, que cuando la vió por primera vez ni se fijó en las piernas de Julie Adams, ni le pareció erótico el baño en la laguna negra, y hasta el monstruo le pareció peligrosísimo, y visto ahora, da hasta un poco de pena, luchando por su hábitat y porque los humanos no invadan el Amazonas. Veías esa película y te decían que era Brasil, y no te llamaba la atención que todos los rótulos estuvieran en castellano, considerabas normal que los primeros que murieran fueran los indígenas, cuatro, que para eso eran inferiores frente a los científicos, pues en las películas de Tarzán siempre despeñaban a un par de porteadores negros cuando atravesaban el desfiladero, o a quien primero mataban los caníbales o el león era a otro pobre africano, tampoco te sorprendía lo bien que se veía a más de 30 pies de profundidad, o como el agua de los afluentes del Amazonas era más limpia que la de la bañera de tu casa. Eras niño, qué demonios, y la imaginación te permitía eso y más. Te permitía hasta pasar un miedo intenso a partir de ver “La mujer y el monstruo” cuando te metías en la piscina solo o cuando te bañabas en el río Pisuerga durante el verano, y es que en poco tiempo vi esta película, y después llegó Tiburón, Orca la ballena asesina, Tentáculos……… y aunque todos eran bichos marinos, a mí el agua me parecía toda igual y te podía salir la fiera por cualquier lado.
“La mujer y el monstruo” título español de “La criatura de la laguna negra” es una película de Jack Arnold de 1955, eso que se ha venido a llamar un “artesano” del cine de serie B, esas películas de escasísimo presupuesto, normalmente de calidad justita y que se hacían tanto para conseguir un rendimiento económico rápido como para mantener trabajando a los integrantes de los estudios. Entre tantos cientos de películas pueden surgir obras maravillosas, como las rodadas por Ulhmer y su “Detour”, los westerns de Boetticher, las series de monstruos de la Universal, o ésta misma, la historia del pobre anfibio humanoide que ve perturbada su solitaria existencia en plena naturaleza por la ambición del científico de turno, unos más naturalistas que otros, pero todos en busca de fama y reconocimiento. A fe de ser veraz, el disfraz visto ahora es más risible que aterrorizador, incluso dentro del agua no vemos a un ser especialmente ágil nadando, eso sí, debe tener la piel como un elefante o como un rinoceronte, porque es arponeado varias veces y los arpones no consiguen penetrar en su cuerpo.
Como toda bestia enseguida se obsesiona con la bella, y es que, ¿qué sería de la naturaleza sin el sexo? Una Julie Adams todo glamour en plena jungla, con unos minishorts que permiten lucir pierna y palmito y que uno no sabe cómo pasaría la censura de la época, haciendo de novia de científico, pero también investigadora, pero que ha ido a la selva amazónica como quien se encuentra en Saint Tropez o en la costa amalfitana, con sus modelitos para estar ideal, con sus bañadores de exhibición que no me extraña que nuestro querido monstruo se obsesione con ella y quiera raptarla, como ya hizo King Kong en su momento. Una cosa he de decir, que creo que el director y el equipo desconocen lo que es la selva tropical, es imposible mantener un peinado tan glamouroso en condiciones de humedad del 90 %, ¡que estamos de expedición no de cóctel! Por favor.
Muchas veces sospechamos que estamos ante la lucha desigual del buen salvaje, el último de su especie, enfrentado al bárbaro civilizado; el héroe romántico, muy feo en esta ocasión, que pretende hundir el barco en el que navegan nuestros expedicionarios, o impedir su huida mediante la colocación de un dique en la salida de la laguna con un par de troncos pillados por ahí, que será aturdido con una droga extraída de los árboles de la selva para dejarle medio grogui y que, ay animalico, se asusta del fuego.
Cuenta la leyenda que el productor de esta película se encontraba en una fiesta y oyó al excelso Gabriel Figueroa contar una anécdota maya o azteca, donde una tribu calmaba anualmente a un ser anfibio mediante el sacrificio de una virgen, y de esa historia surgió la idea de rodar esta otra, en 3D, tanto que ahora se habla de la revolución de este sistema que se inventó para marear al personal, de ahí que haya tanto arponazo en primer plano, y no debió de ser mal negocio cuando dio para rodar otras dos secuelas, en una de las cuáles se puede ver a un jovencito Clint Eastwood.
Qué quereis que os diga, no la vi con los mismos ojos que antaño, las referencias a las mujeres son machistas, la chica es el cebo sexual para todos, no sólo para el monstruo sino para los ocupantes del barco, la mayoría de los actores son limitados, pero me ha encantado tanto como cuando la ví por primera vez, no he vuelto a ser niño, pero he recordado esa época, cuando nos creíamos los mejores y cuando toda historia nos daba para imaginar otras veinte. Sobre todo y ante todo, recomiendo las escenas acuáticas, tan parecidas a las que recordaba de Tarzán y Jane que creo que en cualquier momento, en vez del querido monstruo va a surgir el famoso cocodrilo de cartón con el que Tarzán daba vueltas, eso si, en un agua transparente y de manantial. Pero me parece tan buena y encantadora película que por eso la comento y a quien se atreva a llevarme la contraria le parto las piernas (es un decir, claro, que la gente luego se lo cree)