miércoles, 30 de enero de 2019

ALVA (Ico Costa, 2018)

Dos planos le bastan a Ico Costa para retratar perfectamente la personalidad de su único personaje, fijarlo en un entorno natural y mostrar su absoluta falta de interés por vivir cómodamente. Apenas abrigado de la intemperie el silencio rodea su existencia. Bajo la lluvia y la frialdad de la bruma de un paisaje rural, su único contacto físico se produce con los animales que cría, alimenta o le sirven para vigilar su rebaño, más allá de esa necesidad de tocar a esos animales que le sirven de sustento, no existe ningún rasgo de empatía ni hacía ellos ni hacia los vecinos que le visitan. El tono, el rostro adusto y hermético de Henrique, su deliberado silencio a las preguntas de los vecinos que comparten breves espacios de tiempo con él, nos sitúan ante un ser que roza el primitivismo; su vivienda más parece guarida de animal que casa de una persona; su misantropía y el aislamiento voluntario parecen consecuencia de algún hecho que ha afectado su psique de manera profunda y que mantiene ocupado su pensamiento durante todo el día. La pregunta de quien le suministra víveres semanalmente ayuda a entender ese estado de ensimismamiento, "y tus hijos, alguna noticia?". Se mantiene hermético, callado, ensimismado en sus pensamientos y actuando de manera mecánica como si su cuerpo precisara de poco mientras la mente trabaja en su obsesión.

Estamos ante una película de pequeños gestos, de imágenes más o menos laterales que ayudan a aportar información. Electrodomésticos estropeados que delatan épocas mejores, algún muñeco olvidado que atestigua la presencia infantil en algún momento, una escopeta, que se limpia y podemos pensar que alude a su carácter de cazador, hasta que ocurre lo que tiene que pasar en una mente que actúa por primitivismo y con códigos indescifrables desde la convivencia. Cuando apenas llegados al primer tercio de película queda claro que la vigilancia hacia una persona no es simple obsesión, sino desarrollo de un plan calculado, nuestro juicio sobre el personaje cambiará y el director nos dejará en una tesitura de dificil solución. Después de la violencia fuera de campo, ¿podemos seguir administrando nuestro tiempo con Henrique de la misma manera que lo hicimos hasta entonces? Si buscamos la complicidad del director no la vamos a encontrar, sus imágenes no buscan, ni pretenden, juzgar a Henrique, sino acompañarle en sus nuevos actos mecánicos. Su madriguera cambia, su refugio también, hasta su forma de vida se modifica como consecuencia de su acto previo, pero su personalidad no sufre cambios; la mecanicidad de sus acciones se mantiene, su frialdad de ánimo también. Se tirita de frío, no por miedo ni por remordimiento.


La idea de Costa es la de dejarnos solos con un antes y un después de una decisión irracional, que entendemos en un contexto de frustración y de nula aceptación del fracaso, ya sea como padre, como esposo, como persona. Intuímos que su ira se descarga sobre otros como trasposición de la culpa, porque siempre es mejor señalar a los demás como responsables de nuestras propias desgracias, pero no seguimos al personaje ni como resultado de un relato criminal, ni como búsqueda de explicaciones, este personaje es así, y así se muestra la película y así discurre; morosa, silenciosa, retrasando el momento de la vuelta a la rutina diaria cuando la búsqueda parezca calmada, recuperar la monotonía para sentirse más uno mismo y terminando por aceptar las consecuencias de una reflexión posterior que descubre hacia quién se dirigió la violencia y cómo, en su fuero interno, la culpa termina aflorando. Eludir la búsqueda, vivir de lo que el bosque ofrece, refugiarse con los materiales de desecho  es el reflejo de ese lado animal del personaje; afeitarse, lavarse, vestirse con pulcritud una recuperación de su ser racional alejado del aislacionismo en que vive.


Ayudado por el ejercicio fotográfico de Hugo Azevedo, y con la presencia de una banda sonora centrada en los ruidos de la propia naturaleza en la que se integra el personaje, "Alva" es el retrato de un hombre que no termina de despertar plenamente de su infierno aislacionista. Incluso hasta en la última escena, el tratamiento de su presencia en ese bar de pueblo, que confirma una sensación de solidaridad vecinal hacia su comportamiento, dota a su final de un contenido irreal y hasta fantasmagórico, el personaje parece escapar de la cámara, el objetivo pierde su presencia y tarda en encontrarlo un giro de 360 grados y un recorrido inverso al seguido hasta entonces. Volvemos a su presencia calma, mirada perdida, desintegración en el grupo. Esperamos que ocurra algo, pero ya no lo vamos a ver, como en la escena clave, lo mejor ocurre siempre fuera de campo.


ALVA. Portugal. 2018. Director y Guión: Ico Costa. Director de Fotografía: Hugo Azevedo. Director de sonido: David Badalo. Editor: Francisco Moreira, Ana Godoy. Edición de sonido: Marcos Canosa. Productores: João Matos, Jerónimo Quevedo, Jérôme Blesson. Productoras: Terratreme Filmes, Un Puma, La Belle Affair Productions, Oublaum Filmes. Intérprete: Henrique Bonacho. 98 minutos.

TRAILER

No hay comentarios:

Publicar un comentario