viernes, 14 de diciembre de 2018

NOVOS CINEMAS. FESTIVAL DE CINE DE PONTEVEDRA.



Los festivales de cine son como las opiniones, cada ciudad tiene el suyo. En tiempos en los que el cine en salas, y las propias salas, están de retirada, y la oferta se uniformiza de manera preocupante, la labor de los festivales puede optar por servir de altavoz a la industria, si es que eso existe, o puede llamarse como tal en un país como éste, haciendo de intermediarios prematuros entre las distribuidoras y potenciales espectadores, o realizar una labor de búsqueda, recopilación, apuesta y descubrimiento de lenguajes diferentes a los que el espectador medio no está acostumbrado. La primera opción asegura un confort con el público generalista, pero impide dar un cauce de llegada a cines que, si no es mediante el riesgo de quien no depende de la taquilla para sobrevivir, apenas encontrarían hueco comercial. El segundo lo agradece una parte de la crítica especializada y un sector muy minoritario del público dispuesto a arriesgar y enfrentarse a muy diferentes maneras de contar una historia, películas que se apartan del lenguaje televisivo y del mantra innecesario de la “presentación, nudo y desenlace” en el que se nos educa, pero que al resultar invisibles tampoco puede afirmarse que no interesen a un público creciente si se da la opción de acceder a ellas.

El festival de cine de Pontevedra es de los segundos, de los que han optado por el riesgo y, en vez de asegurar con títulos conocidos y premiados en los grandes festivales, y que tienen el estreno asegurado, se decantan por el atrevimiento de colocar al espectador ante el desconcierto de no sentirse cómodo con lo que se proyecta al exigir atención, compromiso e interpretación. No será un cine “fácil” pero es un cine que, cuando se conecta con él, el grado de satisfacción que produce se multiplica más allá del momento de dar por terminada la visión porque ha exigido del público un trabajo intelectual que ayuda a fijar en la memoria unas sensaciones difícilmente traducibles en palabras. Un festival cuyo director artístico es Angel Santos Touza, director de la excepcional “Las altas presiones”, es normal que haya optado por esta segunda vía, única manera de diferenciar a un festival que ha cambiado las fechas de celebración y que viene a paliar, en cierta medida, el vacío que ha provocado la dimisión del equipo que dirigía de manera ejemplar Fran Gayo en la vecina Orense. Podría definirse que la filosofía visual de aquel Orense y este Pontevedra se dan la mano, Orense muy centrado en Latinoamérica, y Pontevedra más abierto al mundo. Su programación es una esperanza de futuro, una posibilidad de que arraigue un festival especializado en cine “invisible” en el noroeste de España, y, sobre todo, un festival de buen cine.

Dos secciones y una retrospectiva homenaje componen un festival modesto en número de películas que se desarrollará hasta el 16 de diciembre. 15 películas, dos sesiones de apertura y clausura, y 3 películas en el ciclo dedicado a Teresa Villaverde componen la oferta. La sección “oficial” tiene dos auténticos “bulldozers” a concurso, las primorosas “Trinta lumes” de Diana Toucedo, una película río que sigue aumentando el caudal conforme va pasando de festival en festival desde primeros de año; un auténtico cuento de fantasmas, ausencias y leyendas gallegas desde el punto de vista femenino y marcado por lo rural, con un diseño visual y sonoro que envuelve y nos conduce a la caverna en la que desaparecer, y “Chuva e cantoria na aldeia dos mortos” de Joao Salaviza y Renée Nader, también una fábula donde la muerte, y el choque entre civilización y tradición indígena en la selva de Brasil, sirve de vía de comunicación entre un hijo y su padre muerto. Destacables igualmente, sin perjuicio de que las no vistas deparen sorpresas igualmente agradables, “El árbol” del portugués André Gil Mata y “Un violent désir de bonheur”, relato que se inspira en lo visual de directores como Eugéne Green o Paul Vecchiali para ir, de la mano del director francés Clément Schneider, transformando a un monje en tiempos de la revolución francesa en un deseoso amante de la vida y el placer, que junto con la nueva película de Virgil Vernier, “Sophia Antipolis” (Mercuriales) son las apuestas más atractivas entre las que concursan.

La sección “Latexos” trataría de buscar puntos de conexión entre directores jóvenes, con sus primeras obras, y un público que se puede sentir más reconocido con lo que se cuenta. No he conectado con las narrativas de “Young & Beautiful” de Marina Lameiro, recientemente premiada en Márgenes, ni con “Nocturno” de Alvaro Pulpeiro, el aparente aburrimiento vital de jóvenes que se asoman a la treintena sin un proyecto vital tangible, y el relato marinero a medio camino del “Dead slow ahead” de Mauro Herce, el “Vikingland” de Xurxo Chirro y el “Leviatán” de Parevel-Castaing no me convencen, tampoco “La muerte del maestro” me reconforta con esa historia vital en diferido de un viejo maestro guardés de una finca abandonada del que sabemos, desde la primera escena, que ha muerto; pero a cambio, la magnífica “<3”, de Marta Antón, auténtica sorpresa española de fín de año, reconocida en Sevilla, une riesgo y juventud, documental y ficción atractivísima, cuenta con uno de esos rostros sorpresa que atraen la mirada a la pantalla de la mano de Clementina Gades y transmite unas sensaciones absolutamente genuinas acerca del amor y la juventud en el parque de El Retiro de Madrid, y tampoco puede olvidarse la sobresaliente “Letters to Paul Morrissey” de Armand Rovira, ejercicio cinéfilo y referencial rindiendo homenaje al mundo del director Morrissey y a los años de “The Factory”, sin olvidar las referencias a autores como Cocteau, Mandico, Wilder, Maddin…..; sus cinco cartas funcionan a modo de auténtico cajón de sastre para hablar de lo divino y lo humano.

Y por si estas películas no fueran suficiente carta de presentación sobre lo que representa “Novos Cinemas”, la directora elegida para ser homenajeada, y las películas de apertura y clausura dan cumplida cuenta de su vocación; Teresa Villaverde, con “Os Mutantes”, la fabulosa “Colo” y el documental experimental “O termómetro de Galileo” alrededor de la figura del cineasta italiano Tonino de Bernardi, darán una imagen fiel al espectador pontevedrés de una, de tantas, de las mejores creadoras del cine portugués actual con registros absolutamente diferentes en cada una de sus películas. Un festival que se inauguró con el no menos desopilante docuficción de Elias Siminiani, “Apuntes para una película de atracos”, y que se clausurará con la nueva película de Eloy Domínguez Serén, “Hamada”, un documental que se aleja de los tópicos sobre el Sahara para fijarse en la generación sin futuro de los jóvenes que ahora rondan la veintena. Un prometedor y bien pensado festival.


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