domingo, 9 de diciembre de 2018

3 (María Antón Cabot, 2018)

<3 (María Antón Cabot, 2018)



Hay que empezar reseñando la enorme calidad de este trabajo que, en poco más de una hora, es capaz, no sólo de usar el documental como técnica narrativa, sino que éste termine mutando en ficción sensorial y en experimento visual y sonoro, algo que se apuntaba desde las dos primeras escenas pero que parecía desaparecer salvo breves apuntes intercalados entre los testimonios. Lo lejos que me van quedando determinadas propuestas lo reconozco a través de dos anécdotas en relación con esta sorprendente y estupenda película. La primera, tener que consultar en internet cómo se escribe el signo matemático que precede al 3 del título, y la segunda qué significa, para las jóvenes generaciones, el grafismo del propio título de la película, utilizado como lenguaje alternativo en el mundo de la era digital. Ese <3 es el equivalente a un corazón, es decir, un signo de amor, amistad, confidencialidad en el mundo de los smartphones que nos avasalla y que, a algunos, nos expulsa directamente de la realidad imperante. Por lo tanto la película habla de gente joven, muy joven, insultantemente joven; en ocasiones asombrosamente madura y racional, en otras completamente anodina, a veces ingenuamente expuesta a sus propias incoherencias y en otras extremadamente locuaz en sus silencios o vergüenzas, es decir, salvo la diferencia de edad, idénticos a cualquier otra etapa de la edad o de la vida, pero en plena fase de experimentar las primeras sensaciones amorosas.

En 1961, Jean Rouch y Edgar Morin salieron a las calles de París con una pregunta muy simple, «¿eres feliz?», eran los tiempos incipientes del «cinema verité», y aquella pregunta permitía definir con precisión todas las capas sociales de un país en el momento justo de entrar en ebullición, o en 1963 Pasolini, cámara y micrófono en mano, filmaba por Italia su «Comizi d,amore» una encuesta callejera intentando que los y las italianas dijeran en público su opinión sobre las relaciones entre hombres y mujeres, su sexualidad, el matrimonio, la virginidad, una experiencia que permitía ir distribuyendo el espectro sociológico que diferenciaba el norte del sur de Italia, las clases urbanas de las rurales, la mujer trabajadora de la mujer encerrada en su casa siguiendo roles patriarcales. Hay que dejar claro que no es éste el tipo de material con el que se mueve, ni el resultado que pretende María Antón, entre otras cosas porque su propuesta, estéticamente, está alejada de esa idea de cine reporteril que busca la verdad, sea ésta cual sea, pero sí que hay ese punto de conexión entre el intento de hacer una película personal, con un concepto visual y sonoro muy definido, y la idea de la encuesta, de la pregunta más o menos incómoda, centrada en un segmento muy particular del país, su gente joven.

La pregunta clave de Antón sería la de «¿qué es estar enamorado?» y dejar que los chicos y chicas que se someten al escrutinio de la cámara en el parque de El retiro de Madrid se expresen con la libertad de su vocabulario, se quiten la palabra o no haya manera de que se atrevan a hablar con un discurso elaborado. Pero esa pregunta puede venir respondida, en muchas ocasiones, por la simple contemplación sin palabras del comportamiento juvenil, y aquí es donde entra el ojo documental de la directora, procedente del colectivo Lacasinegra. Esas praderas arboladas del parque, con multitud de parejas más o menos encariñadas, más o menos ajenas a lo que les rodea y absortas el uno para el otro, proporcionan más información que la que se verbaliza, el comportamiento gestual de jóvenes que acuden al parque a exhibirse, dejarse ver, «venderse» en un escaparate a la búsqueda de lo que, en definitiva, termina convirtiendo el final de la película en un estallido de colores, luces, gemidos y sensaciones de placer, largas son las horas del día e intensas las de la noche.

Porque en <3 no nos encontramos ni ante un documental ni ante una ficción, de hecho el hilo conductor que sigue a los diversos jóvenes entrevistados es un personaje, una creación artística que interactúa con la realidad, la Ana que interpreta con naturalidad desbordante Clementina Gades, y que es la primera persona que aparece en pantalla tras el inicio lisérgico de nubes fluídas de color verde que se mueven como el colorante dejado caer aleatoriamente sobre agua, formando agrupaciones más o menos densas con su propio movimiento; mientras el sonido ambiente del parque se va haciendo cada vez más presente. Esa aparición viene acompañada del instrumento esencial de esta generación, el teléfono móvil, especie de agenda-diario omnipresente donde se guarda todo el pasado como en una caja fuerte que, al tiempo, se ofrece para su exhibición pública. La idea de lo que represente sexo, la foto de ligar, mis fotos sexis, mi familia, todo se nos enseña como si ya no cupiera lugar para la imaginación y toda explicación careciera de lógica si no va acompañada de un archivo digital. Este personaje se mueve ante las cámaras como si, en definitiva, se tratara de un reportero del minuto a minuto de cada hora de El Retiro, pero sin dejar de pertenecer a ese grupo de jóvenes que se expresa ante nosotros, porque, en el fondo, Ana-Clementina también busca ese estallido de sensaciones postergado hasta el final del relato, haciendo que, con su presencia, la película respire, pierda el encorsetamiento de un conjunto de entrevistas y, también, admita diferentes lecturas alejadas de lo literal.




















Y según pasan las horas, y el parque va despoblándose, relevándose el tipo de usuario en función de la luz y de la noche, la película va alcanzando notas de onirismo e irrealidad que mutan el sentido de la narración  haciéndola cada vez más sensorial, aproximando el itinerario sin aparente rumbo de Ana al que hacía el grupo de cineastas en «Pas à Genève», aproximándonos a las sensaciones transmitidas por Gabriel Azorín en «Mañana vendrá la bala» o al cine de Elena López Riera, todos ellos, junto con Carlos Pardo, transmutado en labores de producción, procedentes de ese colectivo seminal que, una vez sus miembros han echado a rodar, nunca mejor dicho, por separado, mantienen esa unidad formal que les caracteriza y permite mantener la necesaria esperanza en sus obras posteriores. Ese trayecto de Ana, contemplativo y participativo, para culminar su día mediante un chat ajeno a cualquier idea de enamoramiento romántico, transforma el mero documental en una ficción donde lo más animal del ser humano va tomando forma, acompañada de un diseño de sonido absolutamente logrado para envolver al espectador en esa maraña sensorial, acercando la propuesta a dos recientes producciones de cine francés, «Allons enfants» de Stephan Démoustier y «Le parc» de Damian Manivel, películas en las que el parque termina convirtiéndose en un personaje por si mismo que condiciona, tanto el comportamiento de los personajes, como las sensaciones que nos transmite, de manera muy diferente, conforme el día avanza, cae el sol y llega la noche, y con ella el amparo del anonimato. 

<3. España. 2018. Directora: María Antón Cabot. Guión: Marina Maesso.
Montaje: María Antón Cabot. Actores principales: Clementina Gades. Productores: María Antón Cabot, Carlos Pardo Ros. Productor ejecutivo: Carlos Pardo Ros, Teo Guillem. Fotografía: Ana Catalá. Sonido: Daniel Rincón. 64 minutos.

TRAILER

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