jueves, 29 de noviembre de 2018

APUNTES PARA UNA PELÍCULA DE ATRACOS (Elías León Siminiani, 2018)


"Siempre quise rodar una película de atracos". Como deseo verbalizado, el interés de Siminiani por hacer "una de robos" es una excusa, como en "Mapa" lo fue un viaje a la India, para continuar haciendo introspección personal, experimentar con la narración para, al tiempo que se intenta contar la vida de un personaje, exponer la propia en una especie de psicoanálisis filmado familiar. Vaya por delante que la frontera entre ficción y realidad en gran parte del cine documental español más alejado de la "oficialidad" formal es, cada vez, más difusa. Y en este caso, la excelente opción del director, convenientemente maquillada como un señuelo para mantener la atención del espectador, decidiendo no mostrar el rostro del protagonista, ni de ningún familiar, para garantizar la intimidad y la posible reinserción social del mismo, provoca la eterna duda, ¿realmente Flako es Flako o, como en el caso de Ainhoa, la pareja del director cuando asume interpretar las reacciones de la esposa de Flako, es un figurante que se introduce en un personaje a crear que, realmente existe? 
Ese juego de especulación funciona unidireccionalmente, pues mientras Flako se muestra desde el principio interesado, y receptivo, en contar su vida y sus robos para que Siminiani ruede su película, al tiempo que no quiere que se conozca su verdadera identidad, ni la de su familia, el director, como ya hizo en su anterior película, expone públicamente la suya y la de su pareja e hija. La película comienza como diario de pareja del director, desde la noticia del embarazo (¿nuevamente, momento real o recreación?) hasta el momento de ser padres, mientras el director va planificando cómo contar la historia y cómo conseguir que el atracador, el "Robin Hood de Vallecas", acepte la proposición de ser filmado contando su, o sus, historias. En esa transición la película va cambiando el enfoque, la omnipresencia de Elías y Ainhoa va disminuyendo conforme se va dando entrada al personaje de Flako, quien, pese a su ocultación sistemática, primero de espaldas, o en la lejanía, y finalmente con el logro visual de una máscara, que nos recuerda a personajes de películas de terror, termina haciéndose dueño del relato y su evolución, aunque el director no abandone totalmente su fase inicial, como en una sinfonía donde se mantiene, semioculto, pero perceptible para el oyente-espectador, esa reminiscencia de un tema principal con el que, en ese juego de docuficción, mostrará, por ejemplo, vídeos de su hija junto con el hijo de Flako, demostrando como la relación se hace más cercana entre las dos familias, pero con dos menores de los que a una la vemos la cara y al otro un rostro pixelado. 
El director, utilizando diferentes formatos de imagen, con pasajes en blanco y negro que se sirven de escenas del cine negro de los años 50, una banda sonora que traduce en sonido esa intriga propia de la tensión, la alerta, la adrenalina disparada de atracadores y atracados, recae conscientemente en el tópico del ladrón procedente de "Rufufú" para ir desmontando, y, al tiempo, cuestionando, el papel protagónico que va asumiendo Flako, temiendo que la película pueda convertirse en una apología del robo a las entidades bancarias en tiempos de crisis. Quizás por ello el director no olvide a las víctimas, a los trabajadores de esas sucursales bancarias víctimas de la banda de Flako, las verdaderas víctimas de una situación de violencia insospechada que genera trastornos psicológicos en quien se ve encañonado por un arma de fuego en su puesto de trabajo. Flako utilizaba el subsuelo de la ciudad de Madrid para entrar a las sucursales a través de "calles transitables", el alcantarillado de la ciudad que permitía acceder hasta los sótanos de las entidades bancarias. No es difícil empatizar con quien decidió robar al que roba, pero obviamente no usó el robo como mecanismo de redistribución de la riqueza, sino como método de enriquecimiento personal consecuencia de una enseñanza paterna. 
Porque donde sí indaga el director es en esa relación padre-hijo que tanto marcó a Flako, de ahí que las referencias personales de Siminiani a su propia hija, o las del atracador para evitar que su hijo pueda llegar a relacionar los atracos del pasado con la figura del padre, no son meros recursos sentimentales, o concesiones a un público mucho mayor que el que, de manera natural, tiene el cine documental. El intento de Siminiani no me parece erróneo ni desacertado, introduciendo la paternidad como uno de los ejes de los personajes, y a través del pasado del atracador, llegamos a ese nexo que determina si el futuro de los hijos puede venir condicionado por el presente de los padres. Referencias más o menos veladas, dinero insospechado en casa, armas más o menos visibles, formaron parte del pasado infantil de Flako hasta que asumió la condición hereditaria de hijo de atracador. Ocultar, preservar la ignorancia de los hijos acerca de aquello que no está bien, y de lo que el atracador tampoco se siente orgulloso, es una manera de educar, de intentar no repetir los errores, de ahí que la nunca visible esposa de Flako se convierta en esa celosa madre grecorromana dispuesta a hacer lo posible e imposible por convencer a Flako para que no colabore con el director, porque siempre un presente fácil puede representarse en un menor como un ideal de vida que termine con él en la cárcel más pronto que tarde. 
No hay que ocultar que la película también tiene sus momentos valle frente a otros excepcionales. La progresiva atracción que siente el director por su hallazgo no siempre es traducible en imágenes, y no siempre produce un dinamismo contagiado a la película, provocando cierto decaimiento en la reiteración que podía haberse solucionado con la eliminación de ciertos pasajes en los que, lo que a Flako puede parecerle trascendente para ser entendido, es posible que para el espectador no lo sea tanto, pero el conjunto se mueve en la solvencia, el descaro, la experimentación, entre el cine verité de adentrarse en unas alcantarillas bajo el suelo de Madrid y la ficción travestida de documental sin artificios. Lo innegable es que León Siminiani tiene su propia manera de contar, y de contarse, ante la cámara. 

   
APUNTES PARA UNA PELÍCULA DE ATRACOS. España. 2018.  Dirección: León Siminiani. Guion: León Siminiani. Producción: Avalon PC, Pandora Cinema. Dirección de fotografía: Javier Barbero, Giusseppe Truppi. Montaje: Cristóbal Fernández. Productores: María Zamora, Stefan Schmitz. 85 minutos



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