miércoles, 5 de septiembre de 2018

INTRODUZIONE ALL,OSCURO (Gastón Solnicki, 2018)



INTRODUZIONE ALL,OSCURO (Gastón Solnicki, 2018)


Escribir de esta película como ejemplo de cine documental no resultaría exacto, ni justo, atendiendo a las proporciones y ambiciones de la misma, donde la presencia del propio director como especie de hilo conductor del recorrido no es banal, ni meramente testimonial, sino que interactúa desde la ficción que reconstruye un recuerdo real, para ir así recorriendo los lugares de la memoria buscando los ecos una persona ausente, cuya muerte ha dejado una sensación de vacío que invita a la producción de la elegía como mecanismo de reivindicación. Elegía que, desde luego, huye de lo trágico y se acerca al homenaje sentido a la figura de Hans Hurch, referente mundial en el mundo de la cinefilia, eterno director de la Viennale, un “pasador” de ese cine que no tendría donde exhibirse ni quién lo conociera sin personas que, desde sus puestos institucionales, apostaran por su propia visión de futuro sobre los autores y creadores en los que creen.

En esa actividad cinematográfica su conexión con el BAFICI fue intensa, y como consecuencia de esos viajes a Argentina, su relación con críticos, programadores y cineastas del país también se vió multiplicada. Esa relación profesional en ocasiones termina germinando en verdaderas amistades, como es el caso que ocurre entre el director Gastón Solnicki y el desaparecido Hurch, “mi amigo más extravagante”, dice un rótulo al inicio de la película, único medio empleado por Solnicki para transmitir algún tipo de valoración personal sobre la relación mantenida con Hurch y sobre éste mismo, dejando, aparte de estos mínimos intertítulos, que sean las imágenes las que tracen una semblanza subjetiva y emocional del recorrido que durante los años fue uniendo a ambos, imágenes a las que acompañan audios de grabaciones llevadas a cabo que, acompañan, o no, al material visual.

Una relación en la que la personalidad de Hurch se manifiesta en su negativa a utilizar la informática como medio de comunicación entre una persona que vive en Austria y otra que lo hace en Argentina. Comunicándose en inglés, serán el fax, el teléfono, o el correo postal los que mantengan vivo ese hilo de relación a lo largo de los años, un hilo sujetado firmemente por una intimidad que trasciende a lo meramente interesado por lo profesional. Las postales enviadas por Hurch desde distintos lugares y festivales juegan el equivalente a misivas románticas decimonónicas, breves, concisas, directas, interesándose por el estado del amigo, dando ánimos o deseando poder pasar unos días en su compañía para retomar las conversaciones y los análisis comunes. Todo esto se trunca definitivamente cuando, después de negarse Hurch a ser visitado por un médico tras sufrir un síncope, a los pocos días muere en Roma de un ataque al corazón en julio de 2017, pocas semanas antes del festival donde Solnicki había sido invitado a presentar una película seleccionada por él.

Es esa sensación de vacío imprevisto la que Solnicki lleva consigo en su peregrinaje por Viena, un viaje que ha cambiado, por completo, de significado. A sabiendas de que ya no va a volver a encontrar al amigo, su recorrido por la ciudad sigue los pasos del recuerdo. Salas de música, zoológico, café Engländer, restaurante Trzesniewski, la noria del Prater, salas de conciertos, filmoteca, Ernst Lubitsch, Beethoven, pastelerías, el cuadro de la familia Schonberg de Richard Gerstl……un recorrido por una Viena alejada de lo turístico pero sintomática de un recuerdo al que ya no se pueden acumular experiencias, sino revivir las pasadas, y todo ello en el más puro estilo del director argentino de raíces alemanas, como quedó recogido en su largo familiar-documental “Papirosen”, película que también cuenta con su autohomenaje en esta “Introduzione”, en la que las imágenes comparten el extrañamiento con las opiniones y recuerdos que Hurch va comentando a Solnicki durante esos años en conversaciones que han quedado registradas y guardadas como si se tratara de psicofonías, un recorrido en el que se va vagando por la ciudad y acaparando objetos de los lugares que recuerdan al fallecido, ofrecidos al espectador como si del contenido de un túmulo funerario se tratara.

Hans Hurch
 
El respeto ganado por Hurch con su trabajo en la Viennale no es el objeto de la película de Solnicki, ni lo pretende. Como semblanza o recuerdo, meramente subjetivo y apasionado hacia el ser humano con el que conectó, las excentricidades o no, de Hurch, quedan reflejadas con las excentricidades que Solnicki lleva a cabo para reproducir en imágenes el recuerdo del amigo, el director del festival que afirmaba que “Debo ser cuidadoso porque la Viennale es mucho más que mis preferencias, es otra cosa. Si hiciese el festival de acuerdo a mis gustos, sólo habrían 20 películas cada año, o quizás incluso menos. No hay 140 muy buenas películas cada año, sino sólo unas pocas (…). La Viennale se programa de un modo inusual, porque nadie interfiere en mi trabajo, nadie me dice qué debo o no debo hacer. Si un distribuidor me dice que para mostrar una película también debo mostrar otra, entonces no muestro ninguna de las dos (…).” Muy ligado a la línea creativa del dúo Huillet-Straub, sus opciones arriesgadas y su amor por el cine de vanguardia no le impedían admirar el cine clásico. Solnicki se ocupa de dejarlo patente a través del personaje lubitschiano de Gastón Monescu, el ladrón de guante blanco y estafador en potencia de “Un ladrón en la alcoba” cuya presentación lleva a cabo Solnicki en la ciudad de Viena recordando la ausente figura de Hurch. 

 Gastón Solnicki
 
Solnicki se sirve de esos planos aparentemente asépticos, rodados con distancia, de neutralidad urbana donde los ciudadanos continúan realizando sus labores cotidianas (montar en autobús, patinar, ir a trabajar, pasear bajo la niebla); estilo utilizado con sobrada eficiencia en “Kekszakallu”, su anterior película, para introducirnos en un ambiente extraño donde dará lo mismo que supiéramos siquiera de la existencia del cineasta y programador fallecido, porque al final de la poco más de una hora de experiencia, sí que habremos comprendido la esencia humana de la persona en relación con sus amigos. Como homenaje consigue su objetivo sin superar el límite de lo exageradamente laudatorio, y desde lo cinematográfico también supera la difícil prueba de hacer interesante una relación interpersonal, plagada de guiños y códigos internos del cineasta con el fallecido, usando la imagen, y muy poco la palabra, como vehículo de transmisión de sentimientos, sensaciones, en un recorrido vital que culmina con Hurch corriendo hacia nosotros como si estuviera dispuesto a abrazar a cualquier desconocido dispuesto a acogerlo.
INTRODUZIONE ALL,OSCURO. Argentina, Austria. 2018. Dirección y guión: Gastón Solnicki. Productoras: Rei Cine, Filmy Wiktora, Little Magnet Films, KGP. Productores: Benjamín Domenech, Santiago Galelli, Matías Roveda, Gastón Solnicki, Paolo Calamita, Gabriele Kranzel binder. Fotografía: Rui Poças. Edición: Alan Segal. Sonido: Jason Candler. 71 minutos.



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