martes, 25 de septiembre de 2018

EL CAPITÁN (Der Hauptmann, Robert Schwentke, 2017)

EL CAPITÁN (Robert Schwentke, 2017)


A los pocos minutos de empezar la película, tras ser perseguido como en una cacería, el cabo Will Herold se refleja en el retrovisor de un vehículo militar que ha encontrado abandonado, en plena retirada de las tropas alemanas, apenas dos semanas antes de terminar la guerra. El reflejo que devuelve el espejo es el de una transformación, el soldado ha pasado a ser capitán fruto del disfraz. A partir de esa imagen inversa dejamos de ver a la misma persona para asistir al desafuero desatado de quien se cree impune. Un uniforme, un abrigo, una gorra y el poder del mando transforman a un desertor en un perseguidor implacable de lo que él mismo ha hecho. La transformación no obedece a un cambio interno del personaje, sino a las posibilidades de expresarse y manifestarse como desearía, algo que su baja condición en la jerarquía militar le impide pero que forma parte de su naturaleza humana. La mutación no es interna, sino que lo interno goza, por fín, de un cauce jerárquico para expresarse en el exterior; el uniforme se transforma en la excusa para dar paso a la verdadera personalidad de Herold, y de no pocos de los acompañantes que irá recogiendo a lo largo del camino y tomándolos bajo su mando. 

Una columna anárquica, sanguinaria e indisciplinada que viene a demostrar, por lo menos, dos cosas; que el auge y éxito de la sinrazón nazi no obedeció al impulso de un simple grupo de líderes, sino que se sustentó en el instinto criminal y exterminador de un amplio sector de la población, y por otro que los experimentos de Stanley Milgram para demostrar los peligros de la obediencia y el poder sugestivo de la masa obedecían a hechos contrastables en la realidad, aunque su idea inicial de que en el pueblo alemán debería haber un componente diferente al del norteamericano, saltó por los aires con la constatación empírica de que la naturaleza humana difiere muy poco entre continentes o razas. Will se transforma en el capitán Herold, y su peculiar cabalgata exenta de épica, se adentra en el oeste de Alemania vengando la cobardía al tiempo que se huye de los soviéticos y de la policía militar nazi, a la que hay que burlar a fuerza faroles que convencen a los superiores, pero que no engañan a la tropa que le acompaña, convencida de encontrarse ante un farsante que suple su impostura a fuerza de descaro y mimetismo criminal.

El "experimento" que propone Schwentke se basa en las andanzas reales del personaje tomado como núcleo de la historia (artículo en ABC). En el cine ya sabemos que los hechos inspirados en la realidad pueden contener tal grado de ficción y acomodación al empeño del artista que cualquier coincidencia entre lo que pasó, y lo que se filma, termina siendo una casualidad. No obstante, en el transcurrir de Herold esas breves semanas de marzo y abril de 1945, recorriendo Alemania con su "tribunal exprés", se transmite la misma sensación que debían sentir los franceses, holandeses, alemanes, italianos que, durante la edad media y la edad moderna, ese desamparo de verse a merced de bandas de desertores o de tropas desmovilizadas y sin arraigo, que se dedicaban a sobrevivir causando el mayor daño posible en el terreno por el que previamente habían combatido. Hay en Herold, y sus hombres, el recuerdo de la famosa "Columna de hierro" anarquista, que se movió por la región valenciana durante los años de la guerra civil, eliminando a cualquier persona que fuera juzgada como antirrevolucionaria. Pero es la embriaguez del poder, la sensación de impunidad, la creencia de realizar una misión suprema, la que emparenta a este hombre con la figura de un mesías enloquecido, portador de una justicia sin juicio que haga recuperar los valores perdidos en la Alemania nazi.


Un personaje que parece haber perdido el norte y la racionalidad, pero que no deja de ser el ejemplo más puro de la locura colectiva de un país, un odio hacia los otros que termina volviéndose también hacia el ario, en una película primorosamente fotografiada en ese blanco y  negro que juega al matiz de los grises y los efectos de la iluminación a través de ventanas tapadas con leves cortinas que ocultan el interior. Una fotografía soberana que, al mismo tiempo, también descompensa el resultado porque hay un exceso de perfección y manierismo que termina resultando tan sobresaliente, que el resto de lo que la rodea corre el riesgo de quedar sepultado por el excesivo peso de la forma. En toda obra donde una parte sobresale del resto el equilibrio se resiente. Schwentke y Ballhaus, su director de fotografía, disfrutan tanto de la composición estética del horror y la sinrazón, que su apabullante puesta en escena termina intentando transformar en belleza lo que no es sino el retrato de un episodio brutal, desalmado, inhumano, de los últimos días de la segunda guerra mundial. Contenido el elemento violento durante gran parte de la película, se produce una ruptura en esa contención que provoca un carrusel, y una escalada del terror; acercando la historia visual a la crudeza de aquella soberbia "Ven y mira" de Elen Klimov; aunque perturbado el sentido último del relato por la búsqueda de esa estética que, sinceramente, puede repugnar al unirse al retrato de la barbarie más encarnizada durante el largo episodio del campo de concentración de desertores del ejército nazi en Emsland.

















Embriagados por el poder de las armas y la aparente carta blanca concedida por oficiales que, en el fondo, desean saltarse la cadena de mando burocrática para eliminar a traidores, la película es como una bola de nieve donde lo que empieza de manera tímida, se desborda a partir de la consolidación del engaño. Del mismo modo que la maquinaria nazi empezó poco a poco, eliminando resistencias de manera individual para evitar la unión fuerte de los opositores y terminó ejecutando por millones, el tribunal "Herold" empieza tanteando un terreno de exterminio que termina por no tener freno, ni en número, ni en brutalidad, cuando se es consciente de que no hay que responder de las consecuencias. 


Sabedores, o no, de que la cabalgata llegará a su fin, como quien se droga hasta perder el control de su voluntad y de su conciencia, la película de Schwentke sabe traducir ese aumento de la frecuencia cardíaca de los implicados excitados por el exceso. La caída de los dioses está cerca, apenas unas semanas de gloria efímera y nada ejemplar en la que el carrusel de alcohol, mujeres y muerte va in crescendo. Cuando abandonamos a Herold, paseando por un bosque después de mirar a los espectadores, asistimos al paseo de Alemania por encima del cuerpo de todas sus víctimas. Los esqueletos de éstas son una parte de los esqueletos totales de aquella sinrazón en la que cada alemán acarreaba su propio saco de huesos; por eso, un final tan bien conseguido con ese plano se estropea con la innecesaria coda. Llevar a Herold y su cuadrilla al presente, para recordarnos que los fascismos de todo tipo nos acechan, parece un burdo brochazo después de tanto estilo para contar una historia que, cinematográficamente, contiene momentos excepcionales con otros donde el ritmo y la intensidad bajan, o se hacen monótonos, de tal manera que el resultado final se resiente, haciendo recomendable la visión de la película pero sin caer en un halago excesivo porque cabía mayor contención, depuración y sobriedad para hacer de la película algo sobresaliente que se queda en notable raspado.





EL CAPITÁN. Alemania. 2017. Título original: Der Hauptmann. Dirección: Robert Schwentke. Reparto: Milan Peschel, Frederick Lau, Waldemar Kobus, Alexander Fehling, Samuel Finzi, Wolfram Koch, Britta Hammelstein, Sascha Alexander Geršak. Productora: Alfama Films, Opus Film, Hands-on Producers, Filmgalerie 451, Facing East. Música original: Martin Todsharow. Coproducción: Ewa Puszczynska, Paulo Branco, Piotr Dzieciol. Director de fotografía: Florian Ballhaus. Diseño de producción: Harald Turzer. Guionista: Robert Schwentke. Montaje: Mike Czarnecki. Productora: Irene von Alberti. Producción ejecutiva: Markus Barmettler, Philip Lee. 118 minutos.

TRAILER


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