lunes, 20 de agosto de 2018

THE BLUES BROTHERS (John Landis, 1980)

 THE BLUES BROTHERS (John Landis, 1980)

Entrada musical, en pleno verano; agotando el tiempo del descanso; la risa, o la gamberrada, el humor aun de trazo grueso o de sutil crítica al poder, o a la estupidez del mismo, permite relajarse siguiendo una road movie disparatada y anarcoide, en la que dos músicos de blues, dos buscavidas de nombres John y Elwood, los hermanos Blues, sienten la llamada divina para realizar una misión, una buena obra. Dos delincuentes de poca monta, dos personas que viven parcheando su ruina a base de descaro, ingenio y no poca suerte, necesitan realizar una buena acción que redima sus pecados anteriores y les acerque a un bienestar emocional alejado del económico que nunca van a disfrutar. Ver la luz de la mano de James  Brown es como decir que se evita la lujuria viendo cine porno, pero así es como los hermanos Blues deciden ayudar a su antiguo colegio de huérfanos, amenazado por la propia iglesia que es su propietaria de ser entregado a manos privadas. Apenas una semana para reunir 5000 $ que liquiden una deuda, sólo un concierto multitudinario de la vieja banda permitirá ese logro. Este es todo el leitmotiv que justifica cualquier exceso de guión y cualquier burla a la autoridad.
La comedia clásica, la genuina comedia del cine mudo se basó en el golpe, la carrera, la persecución, la burla, cuando no la hiriente broma, hacia el poder de los uniformes y las élites financieras. Cualquier persona dotada de poder era susceptible de chanza. Sólo el humor, la ironía, en definitiva, los herederos del bufón medieval, tienen libre acceso a la crítica del poder. Amparada en la risa, la radiografía de las limitaciones intelectuales, de los excesos corruptos del poderoso, encontraron su cauce de permisividad en lo ligero, lo aparentemente falto de relación con la realidad revestido de entretenimiento. Sin embargo no hay crítica más ácida, subversión menos controlada, venganza más ofensiva, que teñir de risa un tortazo a un agente de policía, o incomodar a un millonario ocupando sus lugares exclusivos. La risa libera al pobre frente al rico, al oprimido frente al opresor. Son victorias efímeras y pírricas, breves momentos en los que sentir que, por un instante, el equilibrio ha cambiado de lado y quien nunca aspira a desafiar las normas encuentra un camino para no respetar ninguna.
Apenas 400 kilómetros separan Chicago  de Detroit, de la cuna de la Motown a la reivindicación del blues en manos de dos blancos y un grupo eminentemente blanco que actúa como representantes de una cultura marginada y explotada en EEUU. Artistas como James Brown, Aretha Flanklin, Cab Calloway, John Lee Hooker, Ray Charles, se adueñan del escenario para dar lo mejor de sí representando la negritud reducida a barrios marginales del país más poderoso del mundo. Todo se extiende en la película hasta casi dos horas y media, media hora de presentación, una hora para reunir a la banda, otra hora para el concierto final y la persecución interminable, todo ello ligero, con la estética visual de los años 80, escasamente artística, más centrada en el efecto del gag y en la fuerza de la música y los movimientos de los Blues Brothers que en alcanzar una profundidad argumental o una coherencia interna en el relato. Es la música y sus efectos liberadores y revolucionarios lo que Landis, un genuino representante del cine de masas de los 80, de la comedia ligera, del cine de género no exento de interferencias de otros géneros ajenos al principal, busca y consigue en "The blues brothers". La generación de Zemeckis, Ramis, Columbus, Benjamin, Howard, Abrahams....se acomodó a la estética televisiva, al movimiento rápido de cámara, al argumento esquemático apostando a la comicidad de las situaciones y a la vis cómica de los actores, y en aquellos años consiguió rendimiento sobresaliente con productor limitados, algo que no se ha vuelto a repetir.

 Los caminos del desorden conducen a la estabilización y recuperación del "stablishment". El castigo al gamberro es la única respuesta del sistema ante la amenaza de la subversión. El breve instante de libertad externa queda recluído al beneficio posterior en el interior de las personas que se han atrevido a enfrentarse a las normas. Entre medias el destrozo ocasionado multiplica el efecto beneficioso del buen acto. Hay tiempo para que John Belushi sea objeto de una persecución a muerte digna de los dibujos de la Warner Bros a manos de una novia despechada (improbable pareja Belushi-Carrie Fisher) dispuesta, como los granujas del título español, a acabar con el mundo a cambio de conseguir lo que se busca, aunque al final el precio a pagar sea superior a la satisfacción del deseo aniquilador.
La comedia luminosa permite olvidar los fallos de guión, las soluciones fáciles y los recursos de medio pelo. El éxito de esta película es su banda sonora y la aparición de los verdaderos intérpretes junto con un dúo en estado de gracia con su cara de palo (herencia keatoniana), sus vestimentas negras y sus constantes gafas de sol. Si le quitan la música a "The blues brothers" no queda nada, salvo los constantes golpes que reciben los militantes del Partido Nazi, equivalentes al pobre Coyote de las historias del Correcaminos animado, eso, y el absurdo policial. En definitiva, lo de siempre en el "slapstick" más alocado, el golpe, la carrera, la explosión, la colisión, el vuelo insospechado. Comedia, bendita comedia sin pretensiones.



GRANUJAS A TODO RITMO. EEUU. 1980.  Título original: The Blues Brothers. Dirección:  John Landis. Reparto: Dan Aykroyd, John Belushi, James Brown, Cab Calloway, Ray Charles, Aretha Franklin, Steve Cropper, Donald Dunn, Murphy Dunne, Willie Hall, John Candy, Carrie Fisher, John Lee Hooker. Distribuidora: Universal Picture. Productora: Universal Pictures. Guión: Dan Aykroyd, John Landis. Compositor de la música original: Elmer Bernstein. Director de fotografía: Stephen M. Katz. Diseño de producción: John J. Lloyd. Montador: George Folsey Jr. Producción: Robert K. Weiss. 147 minutos.


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