miércoles, 15 de agosto de 2018

COMO FERNANDO PESSOA SALVOU PORTUGAL (Eugène Green, 2018)


COMO FERNANDO PESSOA SALVOU PORTUGAL (Eugène Green, 2018)

Durante los primeros cuatro minutos de esta deliciosa miniatura, las imágenes nos remiten, de manera muy directa, al envoltorio visual de las últimas películas de Oliveira. Los espacios reconocibles de una Lisboa donde permanece intacto, y presente, el recuerdo del poeta; un campanario recortado en el cielo mientras un narrador recita un poema del mítico escritor, un fado cantado mientras la imagen enfoca unos árboles de resonancias coloniales, el farol que ilumina la rúa dos douradores, el interior de La Brasileira, la fachada de un hotel que, en su momento, pudo acoger al escritor, el interior del comedor del Tavares, ventanas enmarcadas por azulejos, espacios sin personas por los que parece transitar el espíritu inmortal del literato, y que, si hasta ese momento no se nos había hecho material, concluye con un primer plano de las inigualables gafas que utilizaba. La forma de rodar, de usar el plano fijo para centrar el espacio, activan en la memoria las imágenes de "El extraño caso de Angélica" y "Singularidades de una chica rubia", dos de las últimas películas de otro genio del arte portugués, pero la conexión inmaterial que se establece entre esas obras y la presente se rompe, sin perder un aire lusitano permanente, cuando la palabra se adueña del relato y el humor invade de arriba a abajo todo lo que vemos, ahí entra le genio de Green sin olvidar la intrínseca necesidad de hacer portugués lo que habitualmente tiñe de francés en su cine.

Una anécdota divertida, y ficticia, buscando encontrar la razón de ser del fracaso que acompañó, económicamente, la vida creativa del poeta a partir de su trabajo ocasional como publicista, crea el núcleo de la historia. Oficinista gris y rodeado de burocracia, Pessoa recibe el encargo de su jefe, conociendo su afición de poeta, de idear un slogan para una nueva bebida recién llegada de EEUU; la "Coca-Louca", brebaje que el propio personaje del poeta califica como "infecta", pero como poeta que es y, por naturaleza, un mentiroso, como él mismo justifica, acepta el encargo, para el que tiene que utilizar la ayuda de uno de sus heterónimos, el ingeniero Alvaro de Campos, uno de tantos personajes creados por el escritor para dar rienda y cobertura a sus creaciones, que en una noche de absoluta parálisis creativa ante el folio en blanco, le resuelve la duda con la creación de una rima tan ambigua que ronda lo sexual, algo escandaloso para la moral imperante y que se resume en la frase "primeiro estranha-se, depois entranha-se". Lo que primero extraña puede terminar convirtiéndose en algo de las entrañas, tan propio al sentir de lo portugués, que la difusión de la bebida, atenta contra la propia idiosincrasia del país. Ministerio de Sanidad e Iglesia se unen para poner fín a esa importación, calificar de diabólica la bebida, y prohibir su consumo, librándose Pessoa de la cárcel gracias a que el autor del texto comercial fue un tal "Campos".

El cine de Green lo asumimos como un escenario de personajes hieráticos, que hablan sentando máximas inatacables por proceder de la sabiduría de siglos que han forjado el carácter de lo europeo, él, de origen norteamericano. Seres que terminan confundiéndose, en su inamovilidad, con los objetos que rodean la escena, una escena en la que la fidelidad histórica de lo que vemos y el cuidado del "raccord" es accesorio cuando lo que se trata de reivindicar es la importancia de lo poético, la altura de la figura de Pessoa, y el daño del lenguaje publicitario, vacío y hueco, frente a la trascendencia de la creación literaria. Para ello Green se sirve de una ironía permanente, de un doble sentido de las palabras, de una tristeza emotiva en sus personajes que, en vez de sufrimiento, destilan bonhomía, aceptación de lo inevitable e imposibilidad de socavar las rígidas estructuras de poder asentadas en la corrupción, el despotismo administrativo y el dogma religioso cercano al fanatismo sustentado en lo vernáculo.

A Pessoa le salva el fracaso, precisamente ese fracaso le reafirma como poeta de éxito condenado a la pobreza absoluta. "El slogan fue eficaz" dice, para sorpresa del escritor, quien se lo encargó, "el error fue mezclar poesía con publicidad, ambos son irreconciliables". "Ha de ser ésa la razón por la que no hago fortuna" sentencia el escritor. Ser bueno en lo que haces no es sinónimo de enriquecerse con ello. La perspectiva de la ganancia a base de un porcentaje en la venta de "Coca Louca" es eliminada de raíz por las sentencias juiciosas de Álvaro de Campos, en un encuentro revelador del proceso creativo del escritor, augurándole fama sin dinero. Green utiliza la sátira para reírse de un Portugal atávico que cree que dentro de cada botella del refresco, se mezcla lo estupefaciente y lo demoníaco, un espacio donde habita el demonio de un jansenista que ha de ser expulsado mediante el acto de agitar la botella antes de abrirse a través del exorcismo de un jesuita, dando paso al último acto eyaculador del demonio antes de abandonar su refugio, decepcionado por no poder poseer el alma de un nuevo portugués. Al final ese personaje de Pessoa, asomado al Terreiro do Paço de la Praça do Comercio, admirando el paso del Tajo por la ciudad, asume el alcance de su éxito tanto como la magnitud de su fracaso. Saudade y melancolía tras la ironía y el humor, que une a Oliveira y Kaurismaki en un producto plenamente reconocible como propio de Green.

COMO FERNANDO PESSOA SALVOU PORTUGAL. Francia-Portugal. 2018. Dirección y guión: Eugène Green. Asistente de realización: Bruno Lourenço. Fotografia: Raphaaël O'Byrne. Sonido: Henri Maïkoff. Decoración: Zé Branco. Montaje: Valérie Loiseleux. Dirección de producción: Patrícia Almeida. Productores: Julien Naveau, Luís Urbano, Sandro Aguilar, Luc e Jean-Pierre Dardenne. Productoras:  Noodles Production, O Som e a Fúria, Les Films du Fleuve. Intérpretes: Carloto Cotta, Manuel Mozos, Diogo Dória. 28 minutos.

TRAILER

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