martes, 3 de julio de 2018

EL VENERABLE W (Barbet Schroeder, 2017)

EL VENERABLE W (Barbet Schroeder, 2017)


"El odio es, de lejos, el placer más duradero. Los hombres aman a la carrera, pero odian sin prisa" Lord Byron.


Detrás de uniformes, togas, coronas, hábitos; en definitiva, detrás de aquello que pocos pueden alcanzar, se puede ir trazando una línea que va reforzando la idea de que la historia de la humanidad se construye sobre la base de la destrucción, la muerte, el fanatismo, la exclusión, el miedo al otro y su exterminio. Las sociedades ricas no se diferencian de las más empobrecidas, salvo porque, en la historia contemporánea, los estallidos de violencia suelen ser más brutales en sociedades menos favorecidas y, además, suelen contar con el apoyo expreso del poder. No hablo de las represiones políticas en regímenes dictatoriales, sino de limpiezas étnicas que siendo poco frecuentes en las sociedades "avanzadas", pero que también las hay  y las volverá a haber;  en países abandonados a su suerte en todo tipo de situaciones, el avance y descontrol de las mismas tiene asegurado su éxito ante la pasividad de la comunidad internacional.

Si la película de Schroeder, tras su "El general Idi Amin Dada", "El abogado del terror" y "Oú en êtes vous, Barbet Schroeder?", espejos del horror en forma de objetivo testimonio, peca de algo, es de no conseguir traspasar lo que las imágenes sitúan en un espacio geográfico concreto a la universalidad de sus efectos, quizás esperando que el espectador occidental se sienta concernido por una realidad que, a diario, es ignorada o despreciada; presentando un mal nada banal, porque, lo que este monje budista representa, sí tiene una finalidad concreta, un objetivo determinado, eliminar a la minoría musulmana de Myanmar (antigua Birmania) sembrando de mentiras y odio, de persecución racial, de propaganda goebbeliana, cada uno de sus mensajes, alocuciones, sermones; convirtiendo una religión de indudable origen pacifista y tolerante, en un germen de odio, violencia y muerte sobre la base de un dios único, excluyente y exterminador. Si el espectador es capaz de colocar el discurso y las imágenes más allá de las fronteras temporales y espaciales, conseguirá sentir el verdadero terror que produce contemplar cómo, un país con un serio problema de déficit democrático, consigue hacer secundarias sus ansias de libertad dejándose arrastrar por un conflicto inexistente, que transforma a los humanos en bestias sanguinarias solamente por la religión que se profesa, porque, en este caso, ni el color de la piel puede servir de justificación racial para diferenciar a unos birmanos de otros.

El venerable Whiratu tiene muy poco de venerable, y mucho del perfil de tantos genocidas que no ordenan directamente asesinar o desplazar a millones de personas, pero que saben ir contaminando una opinión pública permeable, y sugestionable ante el color azafrán de sus túnicas, sociedades imbuidas en la idea de que lo monástico es inatacable y goza de la infalibilidad divina para convencer, consiguiendo que la masa estalle y consiga comportarse como se le está invitando a hacer para, en una maquinación diabólica, demostrar que el problema existe y sólo se está dando constancia verbal al mismo sin que el poder se ocupe de remediarlo, transformando la consecuencia de los actos de W. en el efecto y no el origen de los disturbios. Porque Schroeder ofrece todo un perfil biográfico del personaje en el que ha mezclado un enfrentamiento, más simbólico que real con la dictadura militar para matizar una permanente obsesión hacia lo musulmán, lo "kalar" de la lengua birmana, que utiliza sin ningún comedimiento como si aquí se usara la palabra "sudaca", "negrata" o "moro" y se pretendiera no tener una doble intención en su uso.

Expresiones como "quien mata un animal puede matar a un hombre", en referencia a las fiestas religiosas musulmanas y con la intención de generar miedo, "nuestro país y nuestra raza van a desaparecer", "la estrategia del sexo y el dinero para destruir el budismo", "los derechos humanos como un pretexto intolerable que nos destruye como raza", "me aseguraré de que los kalar no tengan nada que comer, ningún sitio donde vivir", "los musulmanes crían como conejos", "los militares tienen que proteger al país, donde hay musulmanes hay conflictos y yihad, hay que evitarlo, ellos son como animales", "los budistas se sienten abandonados por el gobierno"........perlas de un calibre que, de manera incomprensible, son asumidas como verdades y hechos incontestables por una masa que está esperando la señal para atacar, una señal que puede ser cualquier barbaridad cometida por un musulmán, o cualquier noticia inventada y transmitida por internet para provocar esa chispa incontrolable. En un país con un 4% de población musulmana, previa al estallido del genocidio contra los rohinya, cualquier intento de convencer que el islam es un problema en Myanmar es una entelequia que lo que realmente esconde es una excusa de un monje para convertirse en auténtico líder social y una amenaza para el poder con sus boicots y estrategias o peticiones de voto, que anulan hasta a la voz más disidente del país, Aung San Suu Kyi, incapaz de alzar su voz en defensa de ese 4 % masacrado, humillado y asesinado ante las cámaras de la prensa internacional.

Donde Wang Bing, en la notable "Ta,ang", pone su foco en las víctimas, en los centenares de miles de desplazados de otra etnia musulmana que se refugia en China huyendo del ejército y la población budista birmana, que nunca aparecen en plano, pero están permanentemente en el entorno, ya sea mediante las columnas de humo o el ruido de los disparos, Schroeder lo hace en la polémica figura del monje budista filofascista, que se atreve a desafiar a su propia jerarquía y al poder militar, usando multitud de material de archivo de todas las épocas, desde su juventud y primeras revueltas utilizando a los propios monjes como manifestantes y agresores (hay que recordar que en Birmania todo el mundo es monje una vez en su vida) hasta la actualidad y la consecución de leyes de tipo racial que limitan el número de hijos a los musulmanes bajo penas de cárcel, o prohíben matrimonios mixtos en los que las mujeres cambien de religión para hacerse musulmanas; leyes que no han sido suficientes para las intenciones del movimiento 969 de este personaje porque tras su promulgación se ha producido el ataque a las minorías musulmanas con centenares de asesinados y millares de desplazados, pueblos quemados, mezquitas destruidas, comercios asaltados......todo un catálogo de barbaridades dignas de nuestra memoria hacia otros genocidios mucho más presentes para los medios de comunicación, hechos que han ocurrido ante la pasividad absoluta de la "comunidad internacional".

Schroeder compensa el discurso de W. junto con el de su maestro, muy cercano a las teorías excluyentes raciales, porque no en vano, la educación, confundida como adoctrinamiento, es uno de los ejes del protagonista para difundir sus ideas, con el de otros monjes budistas absolutamente opuestos a su manera de interpretar las palabras de Buda y su relación con otras religiones, así como con la de analistas políticos, periodistas, ONG,s que van ofreciendo los fríos datos objetivos de las mentiras, las estadísticas, las muertes, los desplazados........todo acompañado de una narradora sin nombre, una budista que no es otra que Bulle Ogier, que va recordando las enseñanzas del budismo y las contradicciones de W quien ha transformado la idea en un verdadero mecanismo recaudador, en una máquina de propaganda dispuesta a apoyar candidatos, rechazar presidentes o cuestionar acciones militares no suficientemente contundentes para expulsar del país a los musulmanes (bengalíes les llaman los seguidores de W), repitiendo en 2014, 2015 y 2016 lo que ya tuvo lugar en 1978 expulsando, mediante el ejército, a los que según W no existían, a los musulmanes devueltos a Bangladesh. La historia es un eterno retorno, sobre todo de la mano de seres tan despreciables como este W, magníficamente retratado por la cámara de Schroeder sin efectuar ni un solo comentario despectivo hacia su persona o su obra, las imágenes hablan, allá por donde pasa W el fuego prende y se extiende como la pólvora. Desde su trono contempla, impasible, las piras con los cadáveres de los "enemigos" y llora por los budistas que han quedado en el camino, es el retrato de una persona que no merece ser considerada como tal.

LE VENERABLE W. Francia. 2017. Dirección y guión: Barbet Schroeder. Narradora: Bulle Ogier. Música: Jorge Arriagada. Productores: Lionel Baier, Margaret Menegoz. Fotografía: Victoria Clay. Montaje: Nelly Quetier. Productoras: Les films de Losange, Bande á part films. 100 minutos


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