lunes, 7 de mayo de 2018

BLUE ORCHIDS (Johan Grimonprez, 2017)

BLUE ORCHIDS (Johan Grimonprez, 2017)

"Se cuelga a los pequeños delincuentes, se ensalza a los grandes" Esopo, porque de grandes delincuentes habla el documental del cineasta belga. Las "blue orchids" a las que se refiere el título no son sino una más de las ramificaciones del poderoso mundo de la industria del armamento mundial, son prostitutas de lujo a las que la empresa paga excelentes "bonus" no sólo por sus habilidades para complacer sexualmente a sus clientes, sino por la cantidad, y calidad, de la información que puedan obtener de los mismos a través de sus descuidos o de sus conversaciones mientras creen estar acompañados por personas desentendidas de sus turbios negocios. Porque Grimonprez con su documental juega al mismo tipo de apuesta que Morris o que Proyas, desmontar la falsa cobertura que ampara a los gobiernos occidentales, envueltos en el manto de la legitimidad de las urnas pero que, mediante sus intereses, sus corrupciones y sus mentiras, poco se diferencian, en sus turbios manejos, de las dictaduras atroces a las que dicen combatir.

Grimonprez crea un panóptico desde el que observamos diferentes escenarios de la misma realidad, y a nosotros nos corresponde asumir las consecuencias de esos actos llevados a cabo con nuestros votos; y también con nuestros silencios y capacidad innata para mirar para otro lado. Un traficante internacional de armas, Ricardo Privittera, cuenta con total desahogo, cómo funciona el mercado internacional y cómo las 70 corporaciones mundiales de la industria armamentística controlan gobiernos democráticos, eliminan gobiernos incómodos, dictan la política internacional y consiguen vender armamento en cualquier país del mundo, con, o sin bloqueos que son vulnerados por los propios países que los acuerdan. Frente a Privittera el descarnado relato del corresponsal de guerra del NY Times, Chris Hedges, amenazado con el despido por su propia empresa por mostrarse veraz y sincero con las barbaridades llevadas a cabo en Irak en defensa de una democracia fantasma que ocultaba los intereses de Hulliburton, empresa a quien el resultado de una guerra le es siempre indiferente, porque lo relevante es su cuenta de resultados. De lo general, Grimonprez, a través de sus dos protagonistas, desciende a lo individual, a las consecuencias que la guerra ha provocado en ambos interlocutores, ya sea cierto en el caso de Privittera, que se presenta como miembro de las fuerzas especiales del ejército sudafricano en los tiempos del apartheid y de la lucha sin leyes contra el ANC, o indudable en Hedges; sus noches de insomnio, el permanente recuerdo de los cadáveres de civiles torturados, bombardeados, abandonados, todo aquello que los medios de comunicación se encargan sistemáticamente de ocultar a la opinión pública de los "países democráticos".

Si en todas las guerras la primera víctima es la verdad, Grimonprez señala los años 80 y la figura de Tatcher como el exponente del inicio de este nuevo mundo de mentiras y restricciones continuas de la libertad. La manipulación para justificar el ardor guerrero que "liberara" unos peñascos estériles en medio del Atlántico sur, dió paso al fin del enemigo secular en Occidente, y al nerviosismo de la industria de la guerra. Sin enemigo no hay compra de armas, y si las grandes potencias no compran, las multinacionales pierden, no sólo dinero, sino también poder. Había que crear un nuevo enemigo, incluso armarle convenientemente, para después justificar el despilfarro y el progresivo aumento presupuestario en gastos de defensa. "Los políticos son como prostitutas, pero más caros", dice Privittera en relación con los turbios hilos que unen a congresistas con los intereses de los "lobbies" que los sostienen. Y durante el camino Blair, Bush, Obama, todos y cada uno repitiendo las mismas estrategias y las mismas ofensas a la inteligencia del espectador crítico, porque Grimonprez no se limita a dejar el micrófono a sus interlocutores y filmar sus rostros; las imágenes de archivo resultan tanto o más inquietantes cuanto que vienen acompañadas por el testimonio directo de quien conoce los entresijos del funcionamiento absolutamente ilegal de una guerra contra un enemigo invisible. Cuando los medios de comunicación reiteran una y otra vez los efectos de los atentados en Europa no lo hacen por mero servicio informativo, sino como creadores de una corriente de opinión interesada para reforzar la seguridad, aumentar el gasto armamentístico y convencer a la ciudadanía de que estamos en tiempos de ceder libertad. Igualmente el silencio con el que se tratan los bombardeos asesinos mediante drones que matan terroristas, o no, pero también a sus familias, amigos y vecinos, obedece a la misma razón de presentar a un bando como absolutamente bueno y al otro como absolutamente malvado, sin que el comportamiento de quien bombardea una boda en Afganistán se diferencie mucho de quien se inmola en el metro de Londres.

Si el discurso de ambos expertos, unido a las imágenes de tantas guerras, no fuera suficiente, el director belga abre una nueva vía narrativa, entre uno y otro interlocutor, separados por la distancia y la diferente fuerza moral de sus argumentos y explicaciones, Grimonprez va introduciendo un nuevo tipo de imágenes; las de un asesinato de estado filmado segundo a segundo por cámaras de seguridad privadas de aeropuertos y hoteles, el de un miembro fundador de Hamás a manos de lo que se entienden son agentes del Mossad o simples sicarios pagados por un estado que se dice democrático. No cambia el juicio considerar al palestino objetivo de esta ejecución un simple activista o un terrorista sanguinario, es seguido de manera implacable por media docena de "especialistas" que marcan su objetivo, identifican a la víctima, sitúan su habitación de hotel, se instalan en la habitación de enfrente y, cuando se recibe la orden ejecutiva, se le liquida. Todo esto nos lo ofrece en imágenes el documental mientras escuchamos los negocios turbios de las democracias con las dictaduras de Oriente Medio, los sobornos y cohechos que se pagan para ganar un contrato, los miles de millones desperdiciados en armamento inservible, la liquidación de stocks de aquellos que van a caducar........y lo vemos con la seguridad de que ningún político va a pagar por ese asesinato, de que ningún burócrata pierde el sueño por violar las leyes que dice defender. Como dice Privittera, si Wikileaks hubiera ocurrido en plena guerra de Vietnam se hubiera producido una revolución política sin precedentes, ahora, los efectos son tan escasos que el político sabe que tiene el control de toda la comunicación para ir disminuyendo el efecto, que debería ser devastador, al conocerse el uso que de la información y datos privados de sus ciudadanos hacen los gobiernos democráticos. Ningún gobierno ha caído por espiar indiscriminadamente a sus votantes, ningún político se ha visto ante la justicia por no respetar la democracia, ningún votante, me atrevería a decir, ha cambiado su voto por "Abu Graib, Wikileaks, Snowden"; nos hemos convertido en meros consumidores de lo que se nos vende sin espíritu crítico alguno.

BLUE ORCHIDS. Bélgica. 2017. Director: Johan Grimonprez. Productores: Johan Grimonprez para Zap O Matik. Fotografía: Alex Szombath, Nicole MacKinlay Hahn. Edición: Dieter Diependaele.Sonido: Sarah Dhanens, Torsten Goddon. Música: Karsten Fundal. 49 minutos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario