martes, 27 de marzo de 2018

MARJORIE PRIME (Michael Almereyda, 2017)


MARJORIE PRIME (Michael Almereyda, 2017)



"Qué bonito haber podido amar a alguien", y recordarlo, diría yo, aunque ese recuerdo no sea más que una falsedad creada por la superposición de recuerdos sobre el recuerdo, de fotocopias de un recuerdo original que, producto del eterno retorno a nuestra memoria, termina convirtiéndose en un recuerdo adulterado. La primera vez que recordamos ya incluímos alguna variación que no ocurrió, nuestro punto de vista subjetivo acerca de cómo vivimos una experiencia, o de cómo la contamos, incorporando al recuerdo la visión más o menos autoindulgente que elimina nuestros errores. Si el recuerdo vuelve a nuestra memoria ya no será ese primer recuerdo el que adulteremos, si no el recuerdo del recuerdo, y así infinitas veces hasta que la invención ha terminado por transformar en fantasía el recuerdo de la memoria, enterrada bajo una capa de ficción que ha impregnado la esencia del recuerdo y lo ha transformado en una experiencia que no ocurrió como la imaginamos, o como la imaginan los demás fruto de lo que hemos contado, ya por verguenza, por pudor, por temor, por traición.

La película, de indudable componente teatral al desarrollarse prácticamente en su totalidad en el interior de los espacios de la casa familiar que Marjorie ocupó con su marido Walter, y en la que cada rincón destila recuerdos que han ido apagándose en su memoria, enferma de Alzheimer; bebe de las fuentes de William James, precursor de la psicología como ciencia durante el siglo XIX (hermano del escritor Henry James). Sus estudios para analizar la relación entre los estados emocionales y la consciencia impregnan las conversaciones de los cuatro personajes que permanecen constantemente en pantalla, en parejas, solitarios, en tríos, y ocasionalmente los 4. Una Marjorie anciana y con graves problemas de memoria a la que la tecnología permite aprovechar un adelanto técnico por el que un programa informático recrea personas del pasado con las que poder conversar. En este caso Marjorie ha decidido escoger como interlocutor a su marido Walter (Joe Hamm), pero cuando éste tenía unos 40 años de edad, casi la edad en la que se conocieron y empezaron a convivir con una notable diferencia de edad, el recuerdo del hombre en su esplendor físico, cuando la relación fue más sexual, más placentera, antes de que él se convirtiera en un ser huraño y silencioso. El doble, el "prime" del título, viene con una información de serie que tiene que ser ampliada con los recuerdos que le cuente Jon (Tim Robbins, yerno de Marjorie) y la propia Marjorie ante el escepticismo de Tess (Geena Davis), la hija de la anciana.


 “Cualquier cosa que puedas mantener firmemente en tu imaginación, puede ser tuya”, decía el psicólogo norteamericano, y la película trata de implementar esta afirmación, pues esos recuerdos que los sucesivos "prime" que van apareciendo en pantalla aprenden, vienen condicionados por un recuerdo ajeno, y no tanto por una vivencia personal. Las personas que enseñan al "prime", o no han vivido el acontecimiento al que se refieren, sino que lo han oido de los protagonistas mediante su versión edulcorada, o reciben la versión de la mente dañada de la propia afectada, como es Marjorie. Oyendo al "prime" del marido muerto, la mente de Marjorie recrea unos acontecimientos que no llegaron a suceder como se viven en el presente, sino que han sido acomodados a un orden perfecto de las cosas.“Siempre que dos personas se encuentran, hay seis personas presentes. Como se ve cada persona a sí misma, como ve una persona a la otra y cada persona como realmente es”. La malévola propuesta de Almereyda, acompañada de un entorno aséptico, de deslumbrante composición arquitectónica aprovechando los espacios de esa casa al borde del mar,  va provocando un acumulación de información que resulta ser contradictoria, como la mente y los comportamientos de los implicados.

La fragilidad con la que el personaje de Marjorie va asumiendo la presencia, a su capricho, de ese holograma virtual del marido con el que conversar, se relaciona con la fragilidad del recuerdo. Las lecciones nocturnas con las que Jon ilustra y hace que el falso Walter acumule historias y recuerdos, no son sino confirmaciones de reproches y afrentas del pasado, un ajuste de cuentas que trata, tanto de aligerar la situación médica de la anciana, como imponer una visión un tanto acomodaticia de algo que, en definitiva, casi nadie conoce y que la vieja mujer sólo recuerda a fogonazos; instantes que chocan con esos relatos de recuerdos que Walter cuenta a Marjorie como si hubieran sido reales y demuestran cómo podemos llegar a autoengañarnos y ofrecer una versión tan diferente de nosotros mismos. Walter y Marjorie se han convertido en extraños y, al tiempo, en nuevos amantes. Su pasado ha cambiado, pero ella no puede recordarlo y el "prime" sólo puede saber lo que se le ha enseñado previamente. En un giro desconcertante, pero apasionante, el "prime" se va adueñando del espacio y del ritmo, lo que fue sólo un doble del amante; el transcurso del tiempo y las sucesivas muertes en el seno de la familia, va provocando la aparición de otros dobles hasta que sólo quede un humano vivo, un humano que ya no recuerda y al que ningún "prime" puede consolar ni contar los recuerdos vividos juntos porque nadie de los que siguen con vida recuerda cómo se enamoró de su mujer, cómo, cuánto y cuándo sufrió, cuántos perros con el nombre de "Toni" tuvieron y porqué mencionar a uno de esos perros atraía el recuerdo perverso de una anomalía vital extremadamente dolorosa.

Almereyda ha optado por hacer cine sutil y relacionarlo con la ciencia, su anterior película, "Experimenter" (RESEÑA DE EXPERIMENTER) utilizaba el falso "biopic" del científico Stanley Milgram para hablar del comportamiento humano desde el punto de vista de la sociología, revelando la extrema docilidad del sujeto para no diferenciarse de la masa y transformarse en un ser anónimo e influenciable. Ahora, bajo el disfraz de la distopía de ciencia ficción, no tan alejada en nuestra imaginación de lo que puede ser un futuro no muy lejano, las aportaciones de otro científico se convierten en imágenes para revelarnos la frágil consistencia de la memoria. A diferencia de aquel elefante que seguía a Milgram en su disertación sobre sus experimentos, aquí el director norteamericano juega al equívoco de cómo puede mutarse toda una historia familiar hasta el punto de eliminar los recuerdos dolorosos, obviar lo obsceno de una relación, adulterar una imagen que no pertenece al momento que el "prime" reproduce. 


En el espacio virtual, inmateriales, pero visibles, los "primes" de todos los que han ido desapareciendo antes de que ese último humano, cuya memoria se haya totalmente anulada, también lo haga, dialogan lamentando la ausencia de una persona que aumente sus recuerdos; pero en esa extraordinaria escena final, los dobles informáticos de tres de los personajes se encontrarán ante la disyuntiva de que sus recuerdos sobre los mismos acontecimientos que se les han implantado no coinciden. Cuando Walter, en su nula capacidad de discernir si el recuerdo puede o no contarse, revele un acontecimiento del pasado que no convino incorporar al disco duro de la falsa Marjorie, como también se había tratado de oscurecer a la verdadera, el conflicto existencial se deriva hacia los suplentes de los reales personajes que ya han desaparecido. ¿Hubo alguna vez un segundo perro, hubo alguien más en esa familia, hubo culpa en lo que sucedió? Los silencios familiares, los reproches latentes y dolorosos, los episodios convenientemente amortiguados, retumban en el futuro, ausentes los protagonistas, como ondas en el espacio exterior, luchando por ser descubiertos. Recuerdos que ya nadie va a poder afrontar ni asumir, que han sido delegados a unos ordenadores que nadie más va a encender, recuerdos tan fragmentados, y falsamente incorporados a un imaginario, como pensar en el recuerdo de un mar que no deja de ser una simple fotografía de un mar en el que nunca has estado.

Marjorie Prime. Estados Unidos. 2017. Director: Michael Almereyda. Guion: Michael Almereyda. Productores: Michael Almereyda, Uri Singer. Productoras: FilmRise [USA] / Passage Pictures (II) / BB Film Productions. Fotografía: Sean Price Williams. Música: Mica Levi. Montaje: Kathryn J. Schubert. Diseño de producción: Javiera Varas. Reparto: Lois Smith, Tim Robbins, Geena Davis, Jon Hamm, Stephanie Andujar, Hannah Gross, Leslie Lyles.

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