viernes, 9 de febrero de 2018

THE DIRK DIGGLER STORY /Paul Thomas Anderson, 1988)



THE DIRK DIGGLER STORY (Paul Thomas Anderson, 1988)

Con 17 años Paul Thomas Anderson filma su primera obra acreditada, es un relato amateur y en video de pésima calidad que tolera muy mal el paso del tiempo, pero que significa, para el entregado seguidor del cine del director estadounidense, el punto de partida de una de sus muchas obras mayores posteriores. “The Dirk Diggler story” es el boceto premonitorio, el “esclavo” de Miguel Ángel que, una década después, va a permitir el descubrimiento de un gran cineasta con el rodaje de su primer largo, “Boogie nights”, cinta ésta mucho más compleja que la simple historia alrededor del porno norteamericano de los últimos 70 y principios de los 80, una industria superpotente que hizo millonarios a productores, directores y no pocos actores y actrices, y que, al mismo tiempo, arrojó en el estercolero a todos aquellos que no fueron capaces de digerir fama, dinero y tentaciones peligrosas, y que terminó saltando por los aires con la llegada de las muertes por el consumo abusivo de drogas y la aparición del SIDA, aprovechado por los sectores conservadores como ejemplo del castigo merecido a quienes exponían públicamente su sexualidad con fines de excitación ajena.



Del corto de media hora pasarán al largo Dirk Diggler, de nombre Stephen Samuel Adams en éste y Eddie Adams en el largo, y la omnipresente figura del director-productor Jack Horner, personajes que son el sustrato de la primera y los núcleos activos del desarrollo de la segunda, aunque en ésta hay otros papeles que asumen mucha mayor importancia y que el corto desdeña para no perderse en ramificaciones que eliminarían el carácter de “homenaje” póstumo a la figura de la pornostar, que en el fondo no deja de ser todo un falso documental homenaje a una época y un modo de vida, inspirado en, o eso se dice, la figura de la leyenda de ese sector industrial como fue John Holmes, el hombre en el que “todo” era muy grande. Si en el largo la figura de Amber Waves (Julianne Moore) terminaba siendo tan importante como la de Dirk Diggler, en el corto se omite todo aquello que no sea el panegírico elegiaco del actor, todos los intervinientes lo son para ensalzar y criticar a Dirk Diggler, y por tanto, nada de lo que giró alrededor de ésta alcanza, ni puede, la importancia que el largo fue capaz de proporcionar relacionando ese ámbito con toda una sociedad.


No ocultando la muerte porque en todo momento se habla de Dirk en pasado, la narración gira alrededor de su reivindicación mezclando su biografía con los testimonios de quienes trabajaron con él. El descubrimiento, auge y caída de quien no supo asumir el éxito, creyéndose mejor de lo que era, ni aceptar el fracaso de extender su capacidad interpretativa a ámbitos donde fue destrozado por el público y la crítica (televisión y rock). Dirk Diggler representa la figura del juguete roto, del egocentrismo que engaña y hace creer que los demás son prescindibles y el único insustituible es el actor “de las tres piernas”, pero en el mundo del porno un actor con problemas de erección termina siendo un producto desechable. Anderson utiliza mecanismos fílmicos muchas veces vistos mezclando escenas de rodaje, testimonios del director, de sus compañeras de rodaje, de sus amantes bisexuales, y al tiempo retrata un mundo, el de la California de los 80, el permanente verano, la relajación de costumbres, un liberalismo hedonista que, visto ahora, resultaría imposible imaginar que en el mundo de la industria cinematográfica actual se asumiera rodar la vida de un actor o actriz porno.


El corto no es ajeno al humor, y volvemos al tema de la corrección política y la auténtica caza de brujas encarnizada que están empuñando los defensores de la moral conservadora por un lado y los sectores que en todo ven un mensaje patriarcal a borrar de la historia del arte a fuerza de censura; al inicio del rodaje que va a suponer la reaparición de Dirk tras su infierno personal, el equipo se reúne y se da las manos, comparten una oración de contenido que no deja de ser jocoso, verdaderamente sentida, y que pide protección para que el actor “la tenga más grande que nunca” y evite el mal “de la eyaculación precoz”, una escena que hoy llevaría  a más de uno ante un tribunal 30 años después, 30 años que han servido para retroceder y hacernos más pacatos, más represores, más censores. Por eso cuando Dick y su amigo/amante concluyen la historia con planos tipo “video-clip” años 80, románticos y veraniegos, al sonar la canción “Memories”, Anderson anticipa que todos íbamos a terminar añorando nuestros recuerdos, esos recuerdos de un tiempo mejor para la libertad individual, para decidir hacer cada uno lo que quiera con su cuerpo y su pensamiento, justo lo que ahora sentimos, cada vez más, cercenado. Quien busque en el corto la excelencia narrativa y visual del Paul Thomas Anderson conocido no lo va a encontrar, conviene avisar que es un trabajo de “preescolar”, pero todo cineasta ha tenido sus comienzos.

 PELÍCULA COMPLETA

No hay comentarios:

Publicar un comentario