viernes, 9 de febrero de 2018

EL PAISAJE ESTÁ VACÍO Y EL VACÍO ES PAISAJE (Carla Andrade, 2017)



EL PAISAJE ESTÁ VACÍO Y EL VACÍO ES PAISAJE (Carla Andrade, 2017)

Recién proyectada en el IFFR de Rotterdam, sede de uno de los festivales de vanguardia y experimental más reconocible del planeta junto con Locarno, 7 planos fijos componen una película sensorial e íntima, orientada a hacernos partícipes de la mera contemplación  de un espacio vacío de personas, pero no de un espacio vacío de sentido. En el cortometraje de Carla Andrade el desierto de Atacama asume el protagonismo con imágenes estáticas de la inmensidad de ese espacio de alrededor de 2 minutos de duración cada una. El objetivo parece claro, intentar hacernos sentir tanto nuestra endeblez y fragilidad, como el sentimiento espiritual que los indígenas de la región profesan hacia esa naturaleza indómita y tan poco propicia para la vida humana.



Un lago salado; un cielo recortado por una montaña y bordeado por el blanco de la sal que se va formando conforme se evapora el agua; la cordillera al fondo mientras un horizonte de amenazadoras nubes negras se va aproximando oscureciendo el panorama mientras los rayos atraviesan la pantalla de arriba abajo; una nube de polvo que va moviéndose como si tuviera voluntad propia de movimiento, como un ser humano que se desplaza por mera iniciativa dejando un pequeño rastro a sus espaldas mientras la montaña contempla desde su inmensidad lo mínimo de la anécdota; ese desierto que concluye en el mar donde la vida animal se hace palpable entre pájaros que descansan en la orilla; la inmensidad que el ojo no puede abarcar de la llanura desértica del altiplano árido, rocoso, seco sobre la que, repentinamente, aparece el efecto óptico del arco iris, y el definitivo plano estético, de profunda significación poética y de despedida con la montaña nevada y la luna llena que emerge entre las cimas de dos picos son las experiencias geológicas y sensoriales que Andrade ofrece al espectador, imágenes de lugares que podrían ser muchos otros del desierto chileno, un espacio en el que la aparente ausencia de vida se sustituye con la fuerza telúrica de un paisaje llamado a cambiar en cualquier era fruto de las placas tectónicas, pero cuyo vacío a fuerza de mantener la mirada fija en esos puntos, nos traslada a pensar si no seremos nosotros los vacíos y no el paisaje.



A la imagen la directora le añade el sonido, un sonido denso, mecánico, industrial, ruidos que acompañan la aridez de lo que contemplamos aunque haya agua, un sonido que apenas desaparece y en solo una ocasión eleva su volumen hasta superponerse a la imagen, justo cuando el desierto se hace inabarcable. El sonido hace las veces de mantra que ayuda a mantener la concentración sobre la imagen fija, y por lo tanto, cumple su función de manera excelente porque la propuesta no deja de ser arriesgada, hacer partícipe al espectador de una experiencia personal que no a todo el mundo puede interesar o con la que no todo el mundo está dispuesto a conectar. En ese sentido se acerca al “Fajr” de Lois Patiño sin hacer uso del montaje o la manipulación digital de las imágenes, ambas utilizan el espacio y ambas buscan ese nexo con lo inaprensible, con lo espiritual, lo inexplicable, lo mágico, también lo supersticioso. Para quien no siente ese tipo de conexión espiritual no hay obstáculo alguno para disfrutar de la película sintiendo el poder de la naturaleza, su belleza incluso en los espacios más inhabitables del planeta. Ver el cielo teñirse de rojo al atardecer en Atacama es una experiencia irrepetible, como verlo igualmente lleno de estrellas en la noche diáfana, creyente o no, uno se siente en uno de los espacios mágicos del planeta.

 EXTRACTOS DE LA PELÍCULA

No hay comentarios:

Publicar un comentario