viernes, 5 de enero de 2018

LA SEINE A RETROUVÉ PARIS (Joris Ivens, 1957)




LA SEINE A RETROUVÉ PARIS (Joris Ivens, 1957)

 « Jacques Prévert n’a pas mis Paris en bouteille. Il l’a mis en Seine ».


Ivens, Sadoul, Prévert, Reggiani, una parte de la intelectualidad artística de la Francia postbélica se unen para efectuar un retrato impresionista de un París constreñido a los márgenes de un río, un retrato poético marcado por el ritmo cadencioso de un agua por momentos inmóvil y el recitado del poema, moroso y evocador, realizado por el poeta. Este río que busca a la ciudad porque la ciudad nunca se ha separado de él, convirtiéndolo en seña de identidad, en eje que de este a oeste separa la rive gauche de la rive droite, el centro histórico del núcleo universitario, que llega sucio a la capital y la abandona en el mismo estado de contaminación inherente a las multitudes. Ivens utiliza su cámara de una manera impresionista, ayudado por el calor incipiente de una primavera extrema o de un verano anticipado, recogiendo estados breves, descansos, amores, trabajos, una singladura lenta al ritmo de la corriente que, ocasionalmente, se acelera para acomodarnos a las revoluciones de un motor fuera a borda o de una de tantas gabarras que atraviesan la ciudad sin saber muy bien si la visión de los referentes monumentales de la ciudad son un aliciente o un estorbo para la navegación. El trabajo de la imagen nos acerca  a Monet, al Renoir del “Dejeuner des canotiers”, al Sisley de su residencia en Port Marly, a Bertha Morisot y su estancia en Bougival, al Pisarro…..los paisajes y los lugares en los que los impresionistas se refugiaron en sus estancias parisinas campestres, cerca de la capital pero en medio de la naturaleza. Porque el recorrido de Ivens se inicia fuera de Paris pero muy cerca, tan cerca como para que en apenas segundos pasemos del agua, el reflejo, la pequeña cascada artificial, al primer eslabón de la cadena industrial, la cementera al lado del río, la chimenea expulsando progreso mientras el agua va convirtiéndose en una mezcla de poesía y lírica anhelada y una realidad de contaminación.





Ivens entra en Paris y no oculta su decadencia, sus alrededores devastados, su pobreza tangible, su dura recuperación tras la guerra mundial, vertederos e industrias, madereras y desguaces, todo ello conviviendo con los primeros habitantes que vemos, como sacados de la campiña, a medio camino entre la urbanización y el éxodo del interior hacia la capital. Estampas populares de un tiempo que parecería muy lejano pero se corresponde con los albores de los años 60, y que desmitifican ese Paris que todo él parece revestido de glamour y dinero a lo largo del recorrido fluvial. Ivens muestra varios Paris según la navegación avanza, un avance en tiempo que no tiene porqué ser lineal, es difícil distinguir un muelle de otro, una pared de piedra a las afueras de las que limitan el museo del Louvre, el quai d,Orsay  del de la Conciergérie, el del Hotel de Ville del de des orfebres……sólo si la cámara se aleja y eleva su punto de vista podemos situar el escenario, un puente, una esquina, un edificio, y la gente. Del paisano campesino a la sofisticada modelo que posa con Notre Dame al fondo, del gentío popular que se baña en esas aguas llenas de residuos a los que se agolpan en las piscinas del Sena y que recuerdan esos planos iniciáticos del cine de Rohmer en el mismo lugar, parejas abrazadas, solitarios tomando el sol que recuerdan al Renoir de “Une partie a la campagne” o “clochards” impenitentes que parecen sacados de “Boudou salvado de las aguas”.




Y el poema, porque el ritmo lo marcan el agua y el poema recitado, que va jalonando un recorrido sin diálogos, el ruido de la travesía, el escenario turístico, el rugido de los vehículos que atestan el centro de París en las avenidas que circulan paralelas al cauce, un poema que humaniza al río y le da una entidad con vida, con pensamiento, un río que no asumimos como tal sino como parte de un escenario de una ciudad pese a que ese tránsito es apenas minúsculo en comparación con la longitud del mismo. La imagen se adentra en el naturalismo, no hay adornos, es la realidad tal cuál, la pluralidad enorme de personas, estilos, clases, pero todas alrededor de esas aguas que parecen circular indiferentes a sus orillas, que asumen convertirse en un vertedero del que emerge un buzo improvisado con un botín muy alejado del tesoro de los piratas. Es el París de Victor Hugo, de Balzac, pero también el Paris de Simenon y su comisario Maigret, es el París intelectual y amante de la cultura, pero también el popular de la frasca de vino y el almuerzo en la orilla, del baño que refresca en el verano y de la carrera frenética de los abogados corriendo hacia la corte de casación para no llegar tarde a un juicio, es la vida de una gran ciudad. 
 

LA SEINE A RETROUVÉ PARIS. Francia. 1957. Director : Joris Ivens. Ayudantes de dirección: Guy Blanc, Claude Souef. Autor de la obra original : Georges Sadoul . Autor de comentarios : Jacques Prévert. Productora: Garance Films. Directores de fotografía : André Dumaître, Philippe Brun. Música: Philippe-Gérard. Montaje: Gisèle Chezeau. Narrador: Serge Reggiani. 32 minutos

 ENLACE A LA PELÍCULA COMPLETA V.O.S.


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