lunes, 23 de octubre de 2017

OURENSE FILM FESTIVAL 2017

FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE OURENSE. 22ª EDICIÓN.


Hay diversos modelos de festivales como diversos tipos de espectadores. El ideal de San Sebastián o Sitges que, proyecten lo que proyecten, llenan salas y arrastran a centenares de medios de comunicación son modelos en vías de extinción para los demás porque la producción no da para tanto como para pretender tener secciones competitivas de calidad incuestionable o de aceptable calidad media, convirtiéndose en altavoces de lo que, antes o después, va a llegar a la gran pantalla. En España los festivales van reorientándose, sabedores de la amenaza de lo digital, de la aparición de nuevos y, cada vez, más seguidos y utilizados, modos de contemplación del cine. Anclarse en el modelo de hace décadas avejenta el resultado y resulta inútil para atraer nuevos públicos. Los festivales más modestos, pero no menos interesantes, en España, han optado por la especialización. Los clásicos Valladolid, Sevilla, Gijón, pasan y han pasado, y alguno seguirá pasando, momentos de zozobra y escasa proyección, otros, más recientes, como Ourense, Documenta, Filmadrid, Alcances, Márgenes.....han optado por otros caminos, menos publicitados, menos atractivos para la prensa, más complicados para el público acostumbrado a un lenguaje visual monocorde y más difíciles para su continuidad si quien lo patrocina sólo piensa en papel couché y portadas. Prueba de que estos festivales no tienen competencia es que, como en el caso de Ourense, sus fechas coinciden con la Seminci. No hay problema entre ninguno de los dos, sus propuestas y ambiciones son tan dispares que no pueden hacerse daño aunque lo pretendieran.
El equipo que dirige Fran Gayo pone su ojo en Iberoamérica para completar una sección a concurso de estimable calidad con títulos directamente sobresalientes como son «La vendedora de fósforos» de Alejo Moguillansky, en la que realidad y ficción se alían en un homenaje a Bresson y la música experimental que termina convirtiéndose en un homenaje al cine de Matías Piñeiro y a la música de Ennio Morricone con recreación incluída de «Au hazard Balthasar» y con la presencia de una inspiradísima María Villar, «La noche polar» de Florencia Romano, relato sin agarre para el espectador que se ve envuelto en una noche permanente inexplicable y en un deseo de que retorne la luz solar, que van haciendo eclipsar al personaje principal de la historia, partiendo de un relato que parecería extraído de la ciencia ficción para concluir como una historia existencial en el que los personajes terminan tan desnudos como la noche que no desaparece, y «Atrás hay relámpagos», de Julio Hernández Cordón, siguiendo la estela de su «Te prometo anarquía», con sustrato criminal en la aparente tranquilidad de San José de Costa Rica y con dos jóvenes mujeres cuyo día a día se ve sacudido por un descubrimiento que empaña un recuerdo. A estas tres soberbias películas se les une un conjunto de acompañantes nada despreciable como la brasileña «Cocote», la marcianísima fábula futurista de «Era uma vez Brasilia» donde el presente de Brasil, su corrupción, y su apocalíptica situación política son aprovechados por Adirley Queirós para repasar la realidad de una ciudad fantasmal, o «Las cinephilas», de María Álvarez, documental sobre viejas y solitarias mujeres cuyo único lazo con la realidad y el mundo que las rodea es el cine, el recuerdo de lo visto y su permanente deseo de seguir visitando filmotecas, sean en Montevideo, Buenos Aires o Madrid, u otros títulos que pueden parecer menos interesantes pero que contienen un riesgo que no suele asumirse en las competiciones de los festivales más asentados, como es el caso de la colombiana «Mariana» de Chris Gude, o «Señorita María, la falda de la montaña» de Rubén Mendoza.

El festival pone el foco en tres cineastas apenas conocidos para el público español, incluído quien escribe, la brasileña Marilia Rocha, la chilena Jeannette Muñoz y el argentino Mariano Llinás, del que el público español, en primicia, va a poder contemplar la primera parte de su proyecto «La flor», proyectándose las primeras cuatro horas de esta película. El festival se completa con la sección de óperas primas, películas a descubrir la inmensa mayoría de ellas, y de las que se pueden destacar, a vuela pluma y a la espera de su visionado completo, «Baronesa» película brasileña de Juliana Antunes y que retrata el día a día femenino en la favela del mismo nombre en la ciudad de Belo Horizonte, «Los globos», otro ejemplo  más del nuevo cine argentino de la mano de Mariano González, descarnado retrato de un padre que siente como una losa tener que encargarse de un hijo al que no conoce mientras mantiene un extraño trabajo en una fábrica de globos que aparenta una tapadera de asuntos mucho más turbios, y «Out there» de Takehiro Ito, película a caballo entre Tokyo y Taipei, entre el color y el blanco y negro, entre el cine dentro del cine y el recuerdo familiar, entre el amor real y el amor al fantasma. Secciones que no excluyen el espacio dedicado al cine más próximo a la sede, el ciclo de cine gallego en el que pueden verse las nuevas obras de Diana Toucedo y Angel Santos Touza, el tour de force estacional de Aser Alvarez acompañando el proceso creativo del escultor Francisco Leiro, el documento optimista pero de presente oscuro filmado por Carmen Bellas en «Una vez fuimos salvajes», relato del deterioro progresivo de una barriada de extrarradio madrileño donde a la pobreza de sus habitantes iniciales se ha unido la que ha acompañado la crisis económica, la dejación de las administraciones, la falta de integración de la inmigración, la delincuencia, las drogas, pero donde siempre queda la esperanza de la infancia, o pequeñas gemas como «Rapa das bestas» de Jaione Camborda, «Nueva Galicia» de Iván Nespereira o «Europa» de Hugo Amoedo, breves pero atinados trabajos sobre la desubicación de tradición y modernidad, sobre la deslocalización laboral en el mundo marino y sobre la desubicación personal de quien ha decidido irse a vivir y a intentar trabajar muy lejos de su tierra y al desarraigo económico se le une el desarraigo emocional de una relación que se tambalea. Propuestas sobradas para una semana de muy buen cine, y sobre todo, de cine arriesgado y fuera de norma, cine que dificilmente podrá verse en las salas, objetivo que justifica la presencia de un festival que acerca a su público lo que el comercio no quiere atender, a diferencia de tantos otros que se acercan antes al comercio que a la selección de aquello que debe verse aunque la industria se empeñe en ocultarlo.

VIDEO DEL FESTIVAL

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