lunes, 30 de octubre de 2017

ON THE BEACH AT NIGHT ALONE (Bamui haebyun-eoseo honja, Hong Sang soo, 2017)

ON THE BEACH AT NIGHT ALONE (Bamui haebyun-eoseo honja, Hong Sangsoo, 2017)

«No tengo un objetivo, ni un efecto pretendido, ni lección moral específica; tengo materiales,  localizaciones, los actores y actrices, intento observar todo ello a mi propia manera y trato de combinarlos, intento crear algo de ellos. Suena muy irresponsable, pero es así como trabajo» Hong Sangsoo en la rueda de prensa en Berlín 2017 tras la proyección de la película.


Dos mujeres pasean, comparten vivencias, hablan de hombres presentes y pasados, ambas esperan a un hombre, una con certeza, otra, Kim Minhee, con la duda de si la separación no habrá sido una facilidad dada al hombre casado para que se olvide de ella, para que deje de comprometerse. Una distancia que permite calmar la tormenta, pero que deja insatisfechos a los protagonistas e irá agrandando el dolor, no sólo por la pérdida. El personaje de Younghee se ha refugiado en Europa, una actriz que ha huido de Seúl en medio de un escándalo hipócrita consecuencia de su relación con un hombre casado, casualmente, director de cine (esa figura tan cercana y tan recurrente en el cine de Sangsoo), una historia de cercana raíz autobiográfica para el propio director y para la actriz, quienes vivieron esa historia que se apunta en la película y que transforma la misma en un ejercicio bergmaniano de matrimonios y parejas destrozados cuyos escombros están empezando a recomponerse a base de tiempo y distancia. De manera inusual, el director enfoca la historia desde el punto de vista femenino otorgando casi todo el protagonismo a Kim Minhee, una mujer en pleno proceso de reconstrucción, de aceptación, en progresivo acercamiento a su origen una vez pasado el necesario duelo personal, que no sólo pasa sola una noche en la playa, sino también asiste solitaria a una proyección de cine cuya sala nos muestra su figura solitaria, aislada, en lo que parece un reencuentro, aun como espectadora, con el mundo del cine del que ha tenido que huir, apartarse, esconderse porque «todo lo destrozo y no espero más guiones porque soy una bomba».



Manteniendo su estilo visual, pocos planos lejanos, en este caso beneficiados por el paisaje acuático al que se acerca la protagonista, o en medio de parques de Hamburgo, mucho plano medio de conversaciones sobre las relaciones personales de todos los que intervienen y ningún juego de variaciones con repetición y combinación, porque el relato huye de esos saltos temporales de ir y venir tan propios del director coreano, para presentarnos una historia lineal, o aparentemente lineal pero no por ello huérfana de elementos surrealistas, en la que lo importante es contar y oir, aunque lo que se cuente y lo que se oiga dañe y revuelva el recuerdo de lo que no llegó a ser; de esa espera en Alemania que no trajo consigo el reencuentro sino que facilitó la separación. Sangsoo elude la repetición y presenta su película en tres cuadros; tres momentos y tres lugares que aportan la incertidumbre de la espera, la recuperación de la identidad en el propio país y la catarsis del sueño que permitiría a Minhee sacar todos sus demonios interiores en un cara a cara hipotético con el director al que esperaba y del que no volvió a tener noticia, tres momentos en los que Minhee aparece como punto y seguido en momentos de intimidad personal radicalmente bellos y reflexivos, una oración en medio de un puente, un rayo de sol que ilumina el rostro mientras acaricia una planta, un doble despertar en medio de una playa solitaria y fría donde el cine vuelve, una y otra vez, a recordar a la mujer su papel en este mundo y la necesidad de que retome lo que abandonó.


El tono intimista que caracteriza a Sangsoo cambia de interlocutor, si las mujeres siempre están presentes en su cine, pero mayoritariamente son vistas desde el prisma masculino, mayoritariamente como objeto de seducción o como parejas perdidas a las que intentar recuperar, ahora se transforman, en el cuerpo de Minhee, en el hilo conductor de la historia en la que vamos acompañando a la actriz a lo largo del tiempo conociendo los detalles de lo que fué, lo que ocurrió, el daño recíproco causado, los efectos colaterales en su profesión, la dificultad para retomar un camino en el que, sea quien sea quien se cruce contigo, existe un prejuicio derivado de una historia que ha trascendido el ámbito privado y se ha instalado en el conocimiento común sin posibilidad de borrado. Para Sangsoo el uso del zoom es tan consustancial a su cine como la borrachera compartida, se bebe mucho menos en esta película, pero finalmente al alcohol de ese licor coreano termina liberando las lenguas y los pensamientos, que dejan de ocultarse a los afectados. Si en un momento determinado, en la primera reunión en Seúl, la mujer comienza a beber sin perder el control, desvelando su pasado alemán y presentándose como una mujer liberada que decidió disfrutar de los hombres una vez que el director no se presentó, en el segundo episodio donde el alcohol aparece, Minhee y el director Myungsoo, reunidos de manera brillante por la imaginación del director en medio de todo el equipo de rodaje de la nueva película que está realizando, aprovechan su evidente ebriedad para contarse las verdades de aquel momento crucial en su pasado más reciente. Minhee, a través del guión, se venga de la conducta de Sangsoo, «todos los hombres son idiotas», «deshagámonos de los hombres y amémonos» dirá Minhee a una mujer del pasado, besándose y colocando al único hombre presente en la incómoda posición de quien está de más en ese espacio, pero Sangsoo lo que está desvelando es el inmenso dolor sufrido por ambos como consecuencia del amor que existió. 



«¿Dónde está el amor?» y, sobre todo, cuáles son las consecuencias de ese amor desgarrado que no vemos, pero que marca a fuego el pasado de actriz y director. El amor no lo llegamos a ver, pero si las consecuencias, el temor de la actriz en esa enorme habitación de hotel playero, la presencia del fantasma como amenaza masculina que interviene ocasionalmente pero termina pasando desapercibida las más de las veces, un raptor inquietante que implica la pérdida de la voluntad de una mujer sometida a consecuencias muy graves por hacer caso a sus sentimientos. En ese camino de reconstrucción, la actriz necesita expurgar y expulsar sus propios demonios, la noche solitaria en la playa da lugar a uno de esos juegos fílmicos sobresalientes de Sangsoo jugando con el tiempo y la realidad, afrontando un encuentro que, sin la mediación de lo onírico, posiblemente no se volvería a repetir ni habría ocasión de llevar a cabo, es el momento de mantener esa conversación pendiente que nunca tuvo lugar, una tregua en la que Minhee pierde los papeles y, al tiempo, los recupera sin ayuda, donde el desgarro termina saliendo de la boca de ambos amantes, separados ya por el tiempo pero sufriendo todavía las consecuencias personales y sociales de una relación adulta pero juzgada desde fuera en todo momento. El cine de Sangsoo suele destilar melancolía, pero también un cierto tono irónico o de comedia; rodando esta historia intimista, simple pero dolorosa, Sangsoo abandona cualquier atisbo de comedia y se centra en relatar el progresivo efecto del paso del tiempo en las personas que han sufrido una dolorosa historia amorosa. La madurez que ha potenciado la belleza y el encanto de la mujer (la lucha interior sacó tu encanto) opuesta a la figura del director, débil, envejecido, que tiró la toalla después de conocer a esta actriz durante el trabajo. De hecho el director se sincera a través de su alter ego reconociendo que está rodando una película sobre una mujer a la que amó, algo que duele profundamente a la actriz que le reprocha por qué hace así la película, por qué evidenciar lo que ha hecho daño. «Lo importante no es lo que se cuenta, sino la forma en que se cuenta» dice ese doble de Sangsoo, y la forma en que el director coreano vuelve a contar sus sentimientos continúa engrandeciendo su figura cinematográfica, la única que debería importarnos, algo que, según se nos cuenta, no ha sido así ni para él ni para su actriz, quien al final de la película comienza a despertar de un mal sueño necesario.




ON THE BEACH AT NIGHT ALONE. Título original:Bamui haebyun-eoseo honja. Corea del Sur. 2017. Dirección y Guión: Hong Sang soo. Intérpretes: Kim Minhee (Younghee), Seo Younghwa (Jeeyoung), Jung Jaeyoung (Myungsoo), Moon Sungkeun (Sangwon), Kwon Haehyo (Chunwoo), Song Seonmi (Junhee),Ahn Jaehong (Seunghee), Park Yeaju (Dohee). Director de Fotografía: Kim Hyungkoo, Park Hongyeol. Edición: Hahm Sungwon. Sonido: Kim Mir, Song Yeajin. Asistente del Director:Lee Jeahan, Productor ejecutivo: Kang Taeu. Produtor: Hong Sangsoo. Productora: Jeonwonsa Film. 101 minutos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario