jueves, 26 de octubre de 2017

NAPADID SHODAN (Ali Asgari, 2017)



NAPADID SHODAN (Disappearance, Ali Asgari, 2017)

 

 

Un coche parado en un arcén en plena noche, con las luces encendidas. Momentos de tensión, a la espera de que empiece la acción, ¿qué puede estar ocurriendo en el interior del vehículo? ¿quiénes son los ocupantes? ¿qué hacen ahí en plena y gélida noche?. El siguiente plano es uno subjetivo desde el interior del vehículo, percibimos dos ocupantes en silencio que se van acercando a las luces de una ambulancia. Una mujer se baja del vehículo y comienza a andar, la seguimos desde su espalda hasta que se introduce en lo que es un hospital. Allí pide ser atendida por un médico por tener problemas de hemorragia ginecológica como consecuencia de una violación por parte de un taxista que la llevaba a su casa. A partir de ese momento comienza el calvario para Sarah y Hamed. El rígido código moral y sexual del país impide atender a la mujer, joven estudiante de arquitectura, mientras el marido o el padre no firmen la solicitud, y ése es el problema de Sarah, que no está casada, que su historia de violación es una de las muchas mentiras que tendrá que contar a lo largo de la noche para intentar solucionar una continua pérdida de sangre que puede comprometer hasta su vida, que lo que  realmente ocurre es que esa noche ha mantenido las primeras relaciones sexuales con su novio a espaldas de las familias y el problema médico no estaba previsto como consecuencia. Los intentos de Hamed por hacerse pasar por un hermano, o después por el esposo en la noche de bodas y haber olvidado el libro de familia no vencen las resistencias de los sanitarios. Mientras, Sarah empieza a sentir los efectos de la sangría, tanto los físicos con problemas de tensión, como los morales y emocionales consecuencia de la nula relevancia de la voluntad femenina en un mundo que las mantiene relegadas.



De hospital en hospital, de la medicina pública a la privada, de lo notorio a lo clandestino, la película de Asgari sorprende por su perfección técnica, esa noche que va cerrándose sobre la pareja que empieza a sentir los temores de no encontrar una solución, la iluminación artificial de los espacios hospitalarios y la inhóspita noche de Teherán, de barrio en barrio y de calle en calle, siempre juntos pero cada vez más separados, alejándose poco a poco hasta mirar cada uno en direcciones opuestas. El peregrinaje de Hamed y Sarah va minando su confianza recíproca, va haciendo surgir dudas en una relación que estaba empezando, va haciendo de esa larga noche un relato angustioso y claustrofóbico que recuerda a los mejores momentos de aquella otra mujer que en “4 meses, 3 semanas, 2 días” buscaba la solución para un aborto necesario. Sorprende, pese a la elipsis inicial, y la nula referencia explícita a las relaciones sexuales fuera del matrimonio, la aparente libertad con la que Asgari es capaz de contar un tema tabú para el régimen iraní, cómo enfrenta a la estructuras del poder con una nueva generación de teheraníes que, desde la juventud, se solidarizan para buscar y encontrar una ayuda vital para Sarah y que ésta pueda mantener ocultas las relaciones sexuales a su familia. Porque el posible alivio de la situación sólo puede llegar desde la unión de voluntades a través de amistades de ambos, amistades que, abiertamente, a las 4 de la mañana están de fiesta, jóvenes mujeres y hombres se comportan del mismo modo que los que vemos en nuestras ciudades con la salvedad de evitar la efusión en sus afectos y porque las mujeres llevan un pañuelo en la cabeza.



No deja de sorprender este nuevo cine iraní que sigue llegándonos, cine hipercrítico, sin menciones de condena expresa, con las condiciones de la libertad de expresión o con la realidad del día a día femenino en el país. “Disappearance” es cine político de muy alto nivel, cine comprometido con el cambio de una situación que anula como adultos a más de la mitad de la población, que queda sometida, siempre, a la voluntad y última palabra de un varón (hasta avanzados  los años 60 España era algo similar a esto), y además de contener esa crítica a un sistema irracional, retrógrado, antinatural, Asgari sabe hacer trascender el problema general al momento concreto de afectación a la vida personal de quien, puede, que hasta ese momento no se haya planteado sus limitaciones en su capacidad de decidir, una limitación que, en el fondo, termina quebrando las relaciones personales más íntimas de quien la sufre, porque esa larga noche en blanco arrasa las posibilidades de éxito futuro de una relación, quedando en ese amanecer sin esperanza dos seres completamente hipotecados para su futuro, dos seres antonionianos, juntos pero sin posibilidad de comunicarse ni tan siquiera para desaparecer en una autopista vacía, gris, helada, como el futuro que les aguarda. Una gran película que ojalá consiga ser distribuida en España.

NAPADID SHODAN (Disappearance).  Iran, Qatar. 89’. DIRECTOR: Ali Asgari. INTÉRPRETES:  Sadaf Asgari, Amir Reza Ranjbaran, Nafiseh Zare, Sahar Sotoodeh, Mohammad Heidari.  GUIÓN:  Ali Asgari, Farnoosh Samadi. FOTOGRAFÍA:  Ashkan Ashkani. EDICIÓN:  Ehsan Vaseghi. PRODUCCIÓN: Saeid Asadi. SONIDO: Amir Parto Zadeh, Hossein Ghourchian.

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