domingo, 15 de octubre de 2017

LOS PERROS (Marcela Said, 2017)

LOS PERROS (Marcela Said, 2017)

El perro de la película puede ser tanto el animal fiel que obedece la orden de su amo cualquiera que ésta sea como el elemento simbólico de ser el primer objetivo de la venganza para hacer daño a su dueño. En el mundo burgués y dominante del poder económico, los pequeños empujones del día a día, los sobresaltos políticos que tienden a desenmascarar la cara oculta del poder pasado y presente apenas hacen mella en sus responsables o en sus familias. Marcela Said utiliza el inteligente mecanismo de un microcosmos cerrado, casi aséptico y aislado del exterior, para presentarnos a un personaje lleno de frivolidad, ausencia de compromiso, anulado por su entorno masculino y anulable por su propia conveniencia, ante el que surge la curiosidad de un pasado reciente que aproxima a su familia a los entresijos de la dictadura pinochetista, y no sólo a ésta, sino a su maquinaria de represión y desaparición. Mariana (Antonia Zegers) es el prototipo de mujer despreocupada, desocupada, que pasa sus días entre tiendas, cafeterías, fiestas y clases de equitación. Con una desinhibición progresiva cuanto mayor es el desdén que siente, recíprocamente, por, y de, su marido. Las clases de equitación que le imparte Juan (Alfredo Castro, siempre tenebroso, siempre eficaz, siempre amenazante) no son más que otra sumisión más a un hombre, en este caso al instructor. Una mujer sometida a las órdenes de cualquier hombre y que encuentra, en la enigmática figura del instructor, una razón para empezar a desobedecer, para liberarse de un sometimiento asfixiante ante el que carece de armas para escapar.


Ajena a cualquier realidad, Mariana asiste a las clases desconociendo quién es ese instructor al que empieza a acosar, porque en esa dualidad de mujer sometida-mujer acosadora, Mariana flirtea en cuanto un hombre se dirige a ella acostumbrada al menosprecio familiar, sea como presidenta de paja de un consejo de administración, sea como esposa de quien ha dejado de valorarla si alguna vez lo hizo. El sustitutivo del cariño que no recibe en casa es su perro, fuera del hogar ha de buscarlo, pero parece que sólo sirve para sexo furtivo y ocasional. Cuando su instinto provocador hace que invite a una fiesta familiar a su instructor de equitación, por el que se siente atraído, una caja de Pandora de magnitudes incontrolables se abre ante la impulsiva e irreflexiva mujer. El saludo entre el padre de Mariana y Juan es sintomático de un conocimiento previo, «¿cómo está mi coronel?», revelando la verdaderaa identidad y origen de quien hasta ese momento no ha hecho mención alguna a su condición militar por una razón evidente, está siendo enjuiciado por crímenes contra la humanidad cometidos en el periodo pinochetista. Said se acerca así a las reflexiones sociopolíticas del inicial cine de Pablo Larraín, o a esa podedumbre moral que circula por las clases altas chilenas en las que también se maneja Alejandro Fernández Almendras. La carcasa exterior, educada, sociable, culta de esa élite, termina dando paso a un entramado de connivencias ideológicas y económicas con episodios de criminalidad salvaje sin depurar. Si la estructura militar chilena está siendo sometida a examen y castigo (llegue éste donde llegue, porque el juego comparativo Chile-Argentina subyace también en todo el desarrollo mediante la intriducción del personaje argentino como es el marido de Mariana, cuya familia de militares está sufriendo procesos paralelos en su país) la estructura socioeconómica colaboradora de la dictadura ha salido indemne del paso y sigue sometiendo a la política a un control silencioso y amenazantemente presente.


Si en su anterior película, «El verano de los peces voladores», también Said exploraba esos territorios opacos en los que el poder se ejerce de manera arbitraria y perjudicial para un grupo social, con «Los perros» se introduce a fondo en las heridas aún no cerradas, y ni tan siquiera castigadas, de un periodo muy tenebroso de la historia de Chile amparado por el capital, propio y exterior, y lo hace de la mano de un personaje femenino que se siente atraído por el mal, que incluso sabiendo, sin necesidad de detalles, el crimen del coronel decide buscar amparo y consuelo en esa persona absolutamente despreciada por quienes sufrieron la dictadura, y alejada por aquellos que se sirvieron de sus servicios para prosperar y mantener una hegemonía económica y social durante y después de la dictadura. La atracción de Mariana es la de quien siente atracción por un perro fiel que ha mordido a las órdenes de quien la rodea, por eso todas las recomendaciones que tratan de imponerle que se separe de esas clases, de ese entorno de violencia que, en el fondo, fue financiado, jaleado y sostenido por quien ahora trata de apartarse de él ostensiblemente pero no en su fe íntima, no hacen sino reforzar su intento, baldío, de acercarse al militar y alejarse de su propia familia. Todo poder tiene sus «perros», y normalmente son los perros los primeros que pagan los errores de sus dueños, como ocurre en esta película, el problema para la sociedad es cuando los dueños nunca pagan los errores, o crímenes, que obligaron a hacer a sus perros, perros que nunca sienten haber hecho algo malo porque estaban defendiendo a sus dueños. Sea Chile, sea Argentina, sea España, ha habido exceso de perros y exceso de dueños que, ni en uno, ni en otro caso, han pagado por sus crímenes, claro que mucho peor aún es no perseguir ni siquiera a esos perros anónimos dispuestos a todo por unas migajas, por un golpe en el lomo, por una condecoración o una regalía mientras el dueño del perro va convirtiéndose, poco a poco, en dueño del país.



                                                                        Marcela Said

LOS PERROS. Chile. 2017. Dirección: Marcela Said Cares. Guión: Marcela Said Cares. Intérpretes: Antonia Zegers, Alfredo Castro, Rafael Spregelburd, Alejandro Sieveking, Elvis Fuentes. Productora: Cinema Defacto, Jirafa films. Producción; Augusto Matte, Sophie Erbs,Tom Dercourt, Santiago Gallelli, Benjamín Domenech, João Matos, Jonas Katzenstein, Maximilian Leo. Dirección de fotografía: George Lechaptois. Dirección de arte: Pascual Mena, María Eugenia Hederra. Montaje: Jean de Certeau. Música: Grégoire Auger. Sonido: Boris Herrera, Leandro de Loredo. 94 minutos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario