lunes, 11 de septiembre de 2017

LIPSTICK (Carla Simón, 2013)

LIPSTICK (Carla Simón, 2013)

Dos niños, Oliver y Sophia, una anciana, la muerte, un pintalabios, colorete, juegos infantiles sobre la edad adulta, dificultad de aprehender y aceptar el significado de un sueño del que no se va a despertar. “Lipstick”, según la propia directora, es el germen por el que decidió embarcarse en el proyecto de “Estiu 1993”. En la esencia reducida de un cortometraje de 9 minutos se encuentran encerrados los temas alrededor de los que la directora construye posteriormente su fantástico primer largometraje. ¿Cómo enfrentarse a la muerte cuando apenas si se tiene conciencia de uno mismo? Simón, evidentemente marcada por la idea de la ausencia, efectúa este boceto de una tarde infantil sacudida por un suceso inexplicable para Sophia y como una revelación que da paso a otra edad más madura, de golpe, en Oliver, con la sutileza propia de quien domina el lenguaje cinematográfico para transmitir sentimientos y sensaciones sin necesidad de palabras, en el espacio reducido de un salón y una habitación con una leve escapada al espacio abierto del jardín.
Jugar al escondite es la primera reacción del mayor de los hermanos al contemplar cómo la abuela no está dormida, un escondite que no puede evitar enfrentarse a la realidad, algo que para Sophia es inconcebible porque la realidad es tanto como lo que el juego puede conseguir inventar. En esa tarde donde los niños necesitan de una presencia adulta que, temporalmente es imposible mientras esa madre ausente no regrese al domicilio, el progresivo acercamiento a la conciencia de lo que supone la muerte irá cambiando el carácter de los dos y eliminando su alegría del rostro. Podrán, una más que otro, comprender con dificultad lo que supone de definitivo ese sueño, pero sí que asumen, poco a poco, que nada va a volver a ser igual, nada va a volver a ser divertido de la misma manera, que cada vez que se utilice un pintalabios el recuerdo va a remitir inconscientemente a ese pintalabios de la abuela con el que se jugó a ser adulta copiando lo visto mil veces antes a su madre, y ésta a la suya y así hasta el infinito. 
Espejos de la edad adulta marcando el camino a los niños, repetición de comportamientos que empiezan a asumirse desde el juego hasta que la realidad rompe la monotonía e impone su irreversibilidad. En Sophia se encuentra la edad intermedia entre las primas Frida y Anna de “Estiu 1993” y en Oliver hay mucho de lo ya asumido por Frida en el largometraje. Como en el corto y en el largo existe esa consonancia temática, ese abismo de la pérdida, esas dudas constantes y miedos hacia el futuro, ver el corto produce el efecto de vaso comunicante entre ambas, donde el juego del maquillaje introduce un interesante componente psicológico en relación con la figura materna, más sutil en «Estiu 1993«, lo que demuestra que ante una gran obra ha de existir una idea primigenia, un boceto, una pincelada que permita probar lo que funciona y pulirlo hasta la precisión. Para Sophia siempre habrá un mecanismo por el que cada vez que oiga “Perfidia” en la voz de Nat King Cole o vea un pintalabios, salte un resorte que le recuerde a su abuela y su canción preferida aunque sea  cantada en otro idioma diferente al materno, o al juego de intentar aparentar ser mujer cuando se es una niña. Borrando el maquillaje que la pequeña ha colocado en la cara de su abuela, Sophia, y en definitiva la directora, asumen que el momento del juego ha pasado y sólo queda el de la tristeza inminente  y la espera a que alguien supuestamente responsable se haga cargo de la situación, escuchando la canción de la abuela como homenaje a quien no va a volver a despertarse.

LIPSTICK. España-Reino Unido. 2013. Idioma: Inglés. Intérpretes: Ellie Dadd, Tom Selway, Rosalie Jorda. Guión: Carla Simón. Fotografía: Bram Verweij. Sonido: Weilin Wnag. Edición: Álvaro Gago. Producción: London Film School. 9 minutos.

TRAILER

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