sábado, 9 de septiembre de 2017

LA ESCALA (Voir du pays, Delphine y Muriel Coulin, 2016)

LA ESCALA (Voir du pays, Delphine y Muriel Coulin, 2016)


Una cicatriz recorre un muslo de mujer y anuncia que hay un pasado reciente que todavía puede sangrar. Esa cicatriz penetra hasta lo más profundo hiriendo todo aquello en lo que se creía y por lo que se estaba dispuesta a luchar. Hay objetos que se resquebrajan y parecen repetir la forma de esa cicatriz, como cuando Aurore simula un baile con uno de sus compañeros de combate unidos por una naranja que se va abriendo por la presión, es un juego incomprensible, pero para el compañero eso es indiferente, lo único que importa es ganar. El zumo de la naranja es la sangre de la herida que no hemos visto abierta en la pierna de la soldado, una herida que sigue haciendo daño en los caminos interiores del personaje interpretado por Ariane Labed. En un mundo masculino, la presencia femenina es sistemáticamente recibida con recelo, como mero ganado que tiene que servir para complacer y para el desahogo del grupo masculino. Los soldados que hacen escala en Chipre para ser evaluados durante tres días antes de regresar a Francia tras seis meses de estancia y combate en Afganistán están todos ellos heridos, cruzados por marcas invisibles que deterioran su futura convivencia. Personas alienadas o llenas de traumas de guerra de dificil reinserción en sus núcleos familiares, y aquéllas que aparentan normalidad se acercan peligrosamente al ostracismo y al acoso; en un mundo tan hostil, a las mujeres sólo les queda permanecer unidas y cerca unas de otras para evitar peligros diferentes, pero no menos ultrajantes, que los derivados de una guerra.

Premiada (de manera un tanto excesiva para mi gusto) como el mejor guión de la pasada edición 2016 de Un certain regard de Cannes, «Voir du pays» es un relato que aparenta solides en su fase inicial, con un planteamiento interesante, pero que desbarra demasiado en su tramo final donde el presunto juego psicológico se traduce en un simple eje buenos contra malos en el seno del ejército francés. Durante esos tres días de presunta descompresión y puesta en común de los episodios más estresantes de la estancia en medio de la guerra, la sensación de afrontar con interés un retrato psicológico del soldado y el mando, termina confundiéndose con un escenario de traiciones y ley del silencio que enfrenta a los «dignos» con los «responsables», tratando todos ellos, de la manera escogida por cada uno, de exorcizar un incidente en el que murieron varios de los miembros de la compañía. Con un inicio y un final casi similar, la presencia de las soldados Aurore y Marine juntas en el avión que las lleva de vuelta, en medio de un sin número de cabezas masculinas representa lo anómalo, lo ocasional, de su presencia en el ejército, y también la necesidad de permanecer unidas aunque sus actos las conduzcan a la dispersión. Humilladas y acosadas constantemente por su condición de mujeres, no será por eso por lo que se rebelen, asumiendo que ser mujer y soldado es una doble losa con la que han de contar para sostenerse en pie, sino que en el decorado de un hotel de cinco estrellas descubrirán, por fín, si es que ya no lo sabían, que el ejército funciona con claves difíciles de asumir, en el que la pérdida de algún efectivo es un daño aceptable si se salva una situación crítica para el conjunto.


Observados como invasores por el resto de turistas del resort de lujo en el que los soldados deambulan como reclusos, recelosos de todo aquello que no pertenece a su grupo, la animalidad violenta de cada uno de los componentes termina saliendo a la luz por cuestiones mínimas. El sol, el calor, el silencio del mediterráneo funcionan como desequilibrantes aditivos de mentes afectadas por un estrés permanente durante meses, para los que retomar la vida civil sin perder de vista lo militar resulta imposible en esta crónica de un grupo cerrado dentro de un espacio aparentemente libre del que no pueden escapar durante su estancia y que, en el fondo, viene a ser una extensión de su propio cuartel. Las directoras pierden originalidad durante el metraje porque su película reconduce de manera inmisericorde a dos referentes, uno de indudable calidad como es «Beau travail» de Claire Denis, igualmente ambientada en un grupo de legionarios franceses en el norte de África, donde ese sol abrasador termina por dar salida a todo tipo de violencias internas y externas, a odios raciales y particulares cuentas pendientes, referente que subyace en muchas de las situaciones recogidas por las hermanas Coulin (la necesidad de sexo, los clubes nocturnos, el sol y el calor, el desierto cambiado por la playa), y la más reciente e interpretada por la misma actriz, «L,Odysée d,Alice», de la que podemos reiterar esa presencia femenina en un mundo apabullantemente masculino, mujeres fuertes dispuestas a imponerse por la libertad de sus actos, y con la que sospechosamente guarda una fidelidad absoluta en sus últimos minutos de decisión sobre el rumbo futuro de su vida.

Película en definitiva que pierde pie cuando abandona su esencia psicológica (quizás los mejores momentos sean los de esas terapias de grupo donde cada soldado vive en una realidad 3D su recuerdo del peor momento vivido en Afganistán) y se transforma en una especie de guerra de sexos entre las mujeres y los hombres de la compañía dando paso a un final absolutamente «peliculero» y ajeno totalmente a la esencia inicial pretendida con el planteamiento. Por eso, quizás, su valoraciçon final disminuya al quedar en nuestra retina que el conjunto pierde pie de manera completa en su última media hora, unida a un preámbulo con la aparición de dos chipriotas que únicamente juegan como propulsores de los celos nacionales de los soldados franceses, olvidando el retrato íntimo de tres soldados mujeres que han acabado en un lugar muy distinto al que imaginaban y al que por su condición social estaban avocadas, tres mujeres que terminan aisladas del grupo y también entre sí. Las cicatrices externas terminan provocando desgarros interiores que solamente la verdadera fortaleza de ánimo podrán restañar mediante el convencimiento de que ese mundo ha de ser olvidado.


LA ESCALA. Título original: Voir du pays. Francia. 2016. Directoras: Delphine Coulin y Muriel Coulin. Guionista: Delphine Coulin y Muriel Coulin.Productor: Denis Freyd. Fotografía: Jean-Louis Vialard. Montaje: Laurence Briaud. Intérpretes:  Stéphanie Sokolinski, Ariane Labed, Ginger Romàn, Karim Leklou, Andreas Konstantinou, Makis Papadimitriou, Alexis Manenti. Productoras: Archipel 35, Blonde Audiovisual Productions, ARTE France Cinéma. 105 minutos.

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