martes, 12 de septiembre de 2017

EXPO LÍO 92 (María Cañas, 2017)

EXPO LÍO 92 (María Cañas, 2017)

La última obra visual de María Cañas, que pasó por el festival Alcances de Cádiz, y ahora ha ganado el primer premio en el festival Márgenes, alcanza repercusión indirecta en la disminución de una ebullición polémica alrededor del cartel escogido por la artista para la edición del festival de Sevilla de cine europeo en el que «se apropia» de una obra ajena para intentar transmitir un mensaje diferente respecto a la obra original a partir de su propia interpretación. La validez o no de la corriente artística del apropiacionismo puede ser cuestionable para muchos, pero alterarse porque una obra de María Cañas asuma la creación ajena es olvidar, o desconocer, los parámetros en los que suele moverse la inventiva de la artista sevillana. Desproporcionado el debate, o la polémica, o incluso la polémica interesada, ¿porqué no?, carezco de argumentos para rebatir a los detractores y me inclino más por apoyar a los defensores porque en el cine de María Cañas la imagen ajena se transforma, mediante su manipulación consciente, en otra obra, el cine de guerrilla no es que sea necesario, es que es muy útil para, desde la ironía, como es el caso de Cañas, o la seriedad de, por ejemplo, Zaván Zine, atacar todo aquello que no funciona, se corrompe, embrutece, animaliza....... a los seres humanos y a las comunidades políticas en las que nos movemos necesariamente.
Desde el título la directora asume las diferentes posibilidades de entender lo que supuso la exposición universal de Sevilla en 1992 y su conexión íntima con un hecho que parece intocable como es el del «descubrimiento". Decenas de estómagos agradecidos estarían deseando otra oportunidad similar para enriquecerse con lo público, con ,o sin, necesidad del saqueo de las arcas. La remodelación ficticia de una ciudad apostando por una modernidad de cartón piedra ni trae riqueza ni culturiza a quien no está dispuesto a persistir en la idea, «expolio», «expolío», un  jaleo y un latrocinio, un maremagnum constructivo y un derroche económico. Cañas es única para reirse y atacar lo más «intrínseco» de Sevilla, su semana santa, las corridas de toros, ahora la Expo, del mismo modo que se ha reído de la sociedad digital y la imbecilidad humana provocada por la dependencia de los teléfonos móviles. Atacar aquello que es asumido como «identitario» e intocable ha de generar un sin fín de enemigos que esperan con la navaja a la vuelta de la esquina, es natural, resulta muy complicado defenderse de la ironía con más ironía, así que lo suyo es contraatacar  el trazo grueso del insulto o la descalificación personal con la inteligencia.
Puedo equivocarme, pero en «Expo lío 92« no hay una sola imagen filmada por la directora, sino un conglomerado de reportajes, noticieros, comparecencias, películas, videos, de los que a la hora de recrear se selecciona un momento concreto que, con un rótulo o acompañado de otras imágenes, dota de un sentido completamente irreverente o crítico a aquello que parece ser institucional y reverencial. Si al «descubrimiento» de América le sigue un rótulo que anuncia que la inmigración ilegal empezó en 1492, la declaración de intenciones no es que sea evidente, es que estamos ante el preámbulo de una serie de sonoras bofetadas no sólo a aquella Expo que tanto costó y tan poco ha dejado, sino al papel de los colonizadores, no sólo España, al duopolio poderoso de iglesia y armas (estupendos los segundos donde un ejército de obispos y soldados del siglo XVI atacan y mueren en una batalla de conquista, en el que tanto obispos como soldados no dejan de ser ranas y sapos disfrazados creados por Jodorowski) para sojuzgar a los pueblos, del descarado y mentiroso discurso político del que se salvan excepciones cuyo contrapunto es tan poco frecuente que nos sigue llamando la atención, como las intervenciones del subcomandante Marcos «la política es la puta más cara, quiere la riqueza, pero no la gente que la produce», o del expresidente Mújica «el distanciamiento de los políticos provoca hasta el desprecio hacia la política», o como Manu Chao advierte que en el barrio más miserable de cualquier lugar del mundo no hay sanidad, no hay educación, pero siempre hay una televisión, un aparato diseñado para decir «COMPRA». 
Cañas aprovecha, usando siempre material ajeno, para lanzar su discurso, ese que por sabido parece que nos empeñamos en olvidar y perdonar a quien lo mantiene; las estupideces presidenciales, de aquí y del otro lado del Atlántico, el papel del intelectual paniaguado y subvencionado dispuesto a aplaudir lo folclórico como parte de la esencia nacional, el machismo secular en España y en Sudamérica, el racismo y la homofobia, lo cateto y lo zafio, tan zafio como para que personajes como Julio Iglesias y Bertín Osborne puedan ser millonarios en este país y vendan tanto en el otro lado del océano, la realidad del mestizaje y la ausencia  de un "estado" en muchos países de centroamérica, asolados por la criminalidad organizada, el encumbramiento de lo macabro y el ejercicio de la represión para callar al disidente. Porque durante la Expo también hubo protestas y hasta naufragios literales en plena inauguración. Por el imperio hacia dios decían, o dicen, pero de ese imperio inexistente no queda sino las ruinas de algo que no ha sido ni va a ser, salvo por la identidad idiomática. Para Cañas es esencial provocar, lo que ocurre es que suele sentirse provocado aquél que no va a mover un dedo para cambiar lo que funciona de esta manera. Matar a Curro se convierte en un acto de justicia poética en una película que, como dice su directora, es pura videoguerrilla, una OBRA SIN ÁNIMO DE LUCRO, que oscila desde Herzog hasta Ozores, de Rajoy a King Africa, del perreo a Mújica. En el fondo el Expolío 92 es sucesor del expolio desde 1492, un expolio a los de allá pero también a los de aquí.

EXPO LÍO 92. España. 2017. Dirección: María Cañas. Producción: Animalario TV. Producciones y Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Guión: María Cañas. España. Duración: 40 min. 

TRAILER PARA ALCANCES 2017

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