domingo, 17 de septiembre de 2017

ALIENS (Luis López Carrasco, 2017)

ALIENS (Luis López Carrasco, 2017)

«He sido una marciana toda mi vida, deseo que aparezca un marciano y me lleve con él», esto nos dice Tesa Arranz al comienzo del cortometraje, de la misma manera que concluyendo  dirá «me gustaría morir ahora mismo porque yo no lo he probado, muerto se tiene que estar de puta madre, los muertos tienen que estar felices porque la muerte es un premio a todo este disparate». Tesa Arranz pertenece a aquella generación que surgió como una estrella fugaz en los años de la movida madrileña y que, evaporado el efecto instantáneo del éxito efímero, se perdió en medio de paranoias, adicciones, relaciones. Pero Tesa aparece en este cortometraje como un ser vulnerable y machacado por aquella época al tiempo que se muestra como artista reivindicable alejada del cliché de cantante y coreógrafa del grupo Los zombies bajo la sombra de Bernardo Bonezzi. Los aliens de López Carrasco se materializan en el rostro de esta mujer en una rápida transición que va desde la interferencia televisiva que oculta la realidad, la filmación de sus cuadros, una colección interminable de 500 retratos de extraterrestres que la artista guarda como parte de su familia, cada uno con su nombre, cada uno como un hijo, hasta la voz que narra su propia vida a medio camino entre la improvisación y la lectura, paralizando el tiempo, que queda suspendido, en el momento en que descubrimos a la verdadera Tesa en la actualidad.

Carrasco, que de manera consciente o involuntaria, se ha propuesto con esta película y su anterior «El futuro», desmitificar el cliché preconcebido de la «movida» y la «transición», mitos fundacionales de un estado político que no ha terminado de funcionar como algo moderno y respetuoso con las libertades, y que, como tales mitos, parecen intocables, transformándose así en medias mentiras o verdades que convierten en extraterrestres a sus protagonistas dotándoles de un halo de modernidad muy alejado de la realidad de aquellos, y éstos, tiempos. En el relato del director la palabra se cede a la obra de la propia Arranz, es ella la que lee pasajes de sus memorias, de sus escritos, de sus poemas, de sus libros, apoyada en la reedición y reelaboración del propio Germán Pose, otro de aquellos intervinientes del movimiento. Arranz no se esconde contando sus orígenes, sus ménages a trois, sus excitaciones e incitaciones, su introducción al mundo de la droga con las anfetaminas y el salto al caballo, las camas por las que pasó y por las que hubiera querido pasar o por las que nunca tenía que haber pasado. La droga despertó el fantasma de la bipolaridad y con ello el infierno personal, pero en el personaje de Arranz convive la artista y la mujer hasta el punto de confundirse en medio del relato. Si lo importante es la imagen, ¿dónde queda la realidad y dónde la ficción sobre lo que llegó a ocurrir?

El director desubica temporalmente al espectador con su imagen, porque sabiendo que lo que se cuenta se hace desde el presente, el deliberado uso del VHS para captar las imágenes iguala el resultado con el de las viejas actuaciones televisivas que aparecen del grupo del que Tesa formó parte, al ritmo de «Juegos extraños», presente y pasado se confunden, como si, realmente, el tiempo hubiera quedado detenido para parte de los componentes de aquella generación cuyos corazones ardieron por diversas razones hasta apagarse individualmente en medio de la enfermedad, la muerte, o una supervivencia a medio gas en la que el fantasma del derrumbe siempre permanece presente. La textura de la imagen se convierte en el éxito del resultado final al convertirnos a la Tesa actual en una reproducción del pasado con la imagen del presente. En el camino se nombran a muchas personas de aquellos breves años, de muchos para bien, como Juan Perro, Ceesepe, Zulueta, Antonio Vega, de otros se habla como «petardos», Alaska, Paloma Chamorro, algunos como insoportables, como Almodóvar «un coñazo de tío, lleno de inseguridades», chupando siempre de McNamara, o como los Cano, los nuevos ricos del arte. Todo ello con la imperfección del recitado que se quiere disfrazar de improvisado, recordando así, por ejemplo, las parrafadas a gran velocidad de los personajes de García Pelayo.

Para alcanzar la diversión, sorprenderse por algo, se necesitaba una hipersensibilidad mental, un francotirador en el cerebro que alterara la conciencia, solo la química, que entró en la vida de Tesa para abrir un cráter dificil de contener, podía producir ese deseo. Un explosivo cerebral que despertó a la poeta que siempre creyó ser pese a sus coreografías musicales, y la disminuyó como persona, «sufro porque no sufro, estoy insufrible», y en el retrato como boceto de esta mujer, van desmontándose mitos como quien lo cuenta sin sentirlo, y tras tanta fiesta, tanto after y tanto sin fín, llega el momento del amanecer, del sol que taladra las pupilas, de no saber de quien es el hijo que engendras. Entre tanta fiesta continua surge el momento de parar, recuperar heridas, recolocar lo desconectado y centrarte en algo, contemplar tu obra y reconocer que, pese a todo, no está nada mal, y eso que dedicaste mucho tiempo a extraños juegos porque en aquella época lo infantil se reunió en adultos para que «Los niños juegan a extraños juegos, curiosos mundos en sus extraños juegos. Utilizan agujas, una hoguera en el centro, abajo es arriba y arriba es abajo. Las niñas juegan a extraños juegos y ríen y ríen y lloran y lloran. Y recogen mirto, y recogen comino, y atan a uno de ellos a un sauce. Vamos a jugar a extraños juegos, yo observaré y sonreiré.» (de «Juegos extraños» del grupo Los zombies).
Juegos extraños.- Los zombies
ALIENS. 2017. España. 27´. Director: Luis López Carrasco. Intérprete: Tesa Arranz. Productor: Luis López Carrasco. Fotografía: Ion de Sosa. Guión: Germán Pose. Sonido:Manolo Marín, Jorge Alarcón. Montaje: Luis López Carrasco, Sergio Jiménez. Productora: De Sosa PC. Imagen:VHS-Video 8.


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