lunes, 21 de agosto de 2017

UNA VEZ FUIMOS SALVAJES (Carmen Bellas, 2017)



UNA VEZ FUIMOS SALVAJES (Carmen Bellas, 2017)

La directora propone un viaje de verano a lo largo de 50 años, los que separan la creación y desarrollo de un barrio periférico de Madrid, San Cristóbal, con la llegada en aluvión de españoles empobrecidos procedentes del campo, asentándose a la busca de un trabajo prometido, hasta la realidad presente, el barrio convertido en una pequeña ciudad marginal, deteriorada, ajena a los servicios municipales, receptora de las nuevas migraciones del siglo XXI, una barriada urbana que ha crecido siguiendo el boom inmobiliario y que ha atrapado bolsas de pobreza junto a los antiguos habitantes del lugar. La multiculturalidad del barrio se superpone como capas impermeables, población española envejecida, dominicanos, pakistaníes, marroquíes, españoles de etnia gitana, rumanos……..no se mezclan, sino que mantienen territorios definidos con fronteras invisibles pero que no se deben franquear. El barrio ofrece una imagen de abandono improductivo, sus edificios se resienten con el paso del tiempo mientras sus habitantes lo hacen por su inactividad y falta de perspectiva. San Cristóbal ha dejado de ser el paso previo para impulsarse hacia la capital para convertirse en una parada definitiva.



La propuesta inicial de la directora, reproduciendo con una sola voz femenina presuntos diálogos o entrevistas con los habitantes del barrio, chirría; desde la perspectiva de que quien empieza a ver la película no alcanza a comprender la necesidad de reinventar algo que podría exponerse con la voz directa de los protagonistas sin necesidad de narradores externos. Pero a partir de este hecho que parece no tener mucha lógica, el relato empieza a crecer y derivarse en ramificaciones que dan un sentido que, aparentemente estaba ausente, a la forma de contar, y que termina convirtiéndose en una poderosa arma narrativa cuando sabemos el porqué de la decisión al intentar reproducir el efecto de la soledad y el olvido. Lo nuevo y lo viejo del barrio se ofrece de diferente manera, las nuevas generaciones de inmigrantes, muchos de ellos nacidos ya en España, hacen parecer extraterrestres a los habitantes de siempre del barrio, los personajes conocidos por todos han ido desapareciendo y ya no hay una Manola que venda chuches, una Concha y un Rafa que contigo ni sin ti tienen mis males remedio, un borrachín simpático……. A la copla le ha sustituido la bachata, la salsa, el reggaetón, los parques han dejado de ser utilizados por los ancianos para sentarse al sol y son ocupados por grupos de jóvenes en función de su nacionalidad que dejan pasar el tiempo entre una puesta de sol y la siguiente.



“No tengo miedo de nada, no tengo miedo de nada…..” frase de un pequeño de origen magrebí que va alzando el tono de voz y que permite muchas interpretaciones, pero la directora lo utiliza como otro ejemplo más del cambio de idea sobre la marcha, recurso cinematográfico recurrente para contar una historia múltiple y diversa desde varios enfoques. Bellas asume la mirada de la infancia como un mundo de naturalidad ajeno a los vicios de la edad adulta, pero ni aun así, recogiendo los juegos de estos, puede hacer caso omiso a la ausencia de infraestructuras, de servicios. Parques mal cuidados y peor conservados, condiciones de insalubridad a simple vista, aguas estancadas donde las ratas, vivas o muertas, comparten espacio con los menores, un entorno en el que falta de todo, menos policía, donde quien no tiene un monopatín imagina deslizarse por las paredes de hormigón montado encima de uno de esos juguetes a la espera de que el amigo le preste el suyo o, de cualquier manera, se haga con uno de ellos. San Cristóbal se va convirtiendo en un espacio de soledad, tanto grupal, como individual, para unos el refugio será la religión, para otros la idea de pertenecer a una generación, a una cultura, pero para otros, los que van desapareciendo poco a poco, el paso del tiempo solamente produce las grietas del deterioro y un abandono personal imposible de reparar. El barrio se muere, lo viejo desaparece por algo envejecido directamente desde su origen, queda la infancia como única esperanza pero ¿es posible que esas miradas sobrevivan al paso del tiempo? Una vez fuimos salvajes de pequeños, jugamos, corrimos, hicimos trastadas, tiramos piedras, nos pegamos, reímos y lloramos, después nos declararon salvajes a fuerza de olvidarse de nosotros cuando crecimos, ésta parecería ser la conclusión de este bello documental.


UNA VEZ FUIMOS SALVAJES. 2016. España. Directora: Carmen Bellas. Fotografía: Michal Babinec. Producción: Gabriel Azorín, Gonzalo Martínez, Carmen Bellas. Montaje: María Antón Cabot. Guión: María Antón Cabot, Carmen Bellas. Sonido: Clara Alonso. Música: Emilio Lorente. 61 minutos. 

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