lunes, 28 de agosto de 2017

LA MUCHACHA DE LA SOMBRERERA (Devushka s korobkoy, Boris Barnet, 1927)

LA MUCHACHA DE LA SOMBRERERA (Boris Barnet, 1927)


Apagado bajo la sombra de nombres como Eisenstein, Vertov, Pudovkin, Kuleshov…..Barnet, alumno de este último, ha quedado relegado a un discreto segundo plano, si no tercero. La tendencia a restar importancia a la comedia, al cine optimista, al cine alegre, puede que haya influido en ese olvido, y no sólo el enorme peso de los anteriormente citados. Bajo una estrella que refulge extraordinariamente las demás parecen apagarse. Yo mismo reconozco no haber oído este nombre hasta hace un par de años, y afortunadamente, pese a los males del mundo digital, una de las ventajas es la facilidad con que se puede acceder a material fílmico de todas las épocas, incluído el cine silente. Es “La muchacha de la sombrerera” una comedia ligera, luminosa, alegre, vodevilesca, vertiginosa en su planteamiento y en su desenlace, donde lo que se cuenta queda relegado, también y no sólo el director, por la importancia de la puesta en escena. Si Barnet conocía el cine de Arbuckle, de Lloyd, de Keaton, de Chaplin es una incógnita, siendo alumno de la escuela de cine donde daba clases Kuleshov no es difícil imaginar que hubiera tenido acceso al modo de narrar de los pioneros de la comedia estadounidense, y si no fuera así vendría a demostrar que una idea genial puede desarrollarse al mismo tiempo en dos espacios muy separados, en caso contrario sucedería lo de siempre, el arte se retroalimenta de las creaciones de los demás, de tal suerte que las ideas fluyen hasta hacerse propias aunque otro las imaginó previamente. No es grave, ni es delictivo, incluso es saludable, dando vueltas sobre algo puede mejorarse la propuesta inicial. La comedia de Barnet no mejora a Keaton, pero ni mucho menos lo desmerece, aquí la protagonista, Natalia (Anna Sten), no sólo tiene que convencer al enamorado y desterrar al pretendiente después de no hacer caso al primero, sino enfrentarse al malvado y proteger al abuelo, la típica historia dual de chico conoce chica y chica es asediada por alguien con malas intenciones, se desdobla al haber un «malo» y un «pretendiente ignorado», permitiendo incrementar el efecto cómico y las posibilidades narrativas de historias donde se recogen pasiones muy básicas del ser humano para ridiculizarlas sin piedad.
Natalia vive con su abuelo en una pequeña aldea (bien comunicada por tren con Moscú) donde se dedica a confeccionar sombreros que vende en la capital a Mme. Irene. El jefe de estación de la aldea está enamorado locamente de Natalia y sus atenciones se aproximan al acoso, pese a que a la chica parece importarle muy poco el sufrimiento de Foguelev. Hay varias ocasiones en que Barnet sabe mostrarnos la relación entre la joven y el ferroviario sin necesidad de rótulo ilustrativo, sin que haya un desprecio evidente de la joven. Basta contemplar el plano en que se sitúa cada uno en la acción para comprender que ella domina la situación, ya sea montada en el tren, en el porche de su casa, en la ventanilla de la estación, es Natalia la que siempre se sitúa en un plano más elevado que Foguelev, en definitiva Barnet nos está señalando que éste hará todo aquello que quiera Natalia si se lo pide. Del mismo modo Barnet también nos anuncia, visualmente, que los desvelos de Fogelev serán baldíos, una carrera por la nieve hacia la estación también indica esa superioridad femenina, Natalia corre ligera mientras Fogelev resbala una y otra vez, por más que corra, Natalia es inalcanzable para el factor, así es y así será. ¿Cuándo aparece el primer problema para Natalia? ¿cuándo pierde esa superioridad o control de la situación? Cuando conoce al campesino sin trabajo Ilya en el tren, aquí es Natalia quien aparece “bajo” Ilya, cuyas piernas cuelgan sobre la cara de la joven, el efecto cómico de la escena se impone al significado de la escena, que trasciende a una motivación que anuncia cómo la acción va a desarrollarse después.







Barnet, pese a contar con alguna obra de claro carácter revolucionario y bolchevique, elimina casi cualquier elemento propagandístico o formativo en “La muchacha de la sombrerera”, resulta inevitable contemplar un retrato de Marx o de Lenin, o las referencias al comité vecinal, que juegan un papel secundario y hasta cómico en la senda de los posteriores comisarios políticos de Lubitsch en Ninochtka o de Wilder en “Uno, dos, tres”, incluso el reflejo de un ambiente predominantemente burgués en el matrimonio de la tienda de sombreros, con criada incluída, recibiendo de punta en blanco a sus invitados, enfrentado al ambiente popular, obrero, del resto de personajes, no es utilizado como un reclamo progubernamental en pos de la igualdad y la eliminación de las diferencias de clase, pues finalmente, ricos, acomodados, menos pobres y pobres, terminarán demostrando la importancia del dinero cuando la acción se disparate y se enloquezca una vez que el marido de Mme. Irene pague el sueldo a Natalia con un billete de lotería que termina siendo premiado, lo que enloquece a casi todos los protagonistas, excepto al digno obrero manual Ilya, quien, sin alusión directa, aparecería retratado como el perfecto revolucionario, atento a su forma física, ajeno a la riqueza, desprendido y solidario, que en otro golpe de gracia genial, aparece siempre cargado con dos montones de libros que……..utiliza como pesas para hacer gimnasia matutina. Es más, el arte del engaño parece aplaudirse, Natalia e Ilya formalizan un matrimonio blanco para que el joven pueda tener habitación en Moscú, en el fondo están traicionando los principios revolucionarios, pero parece que la comedia lo permite, o no se conocen problemas políticos para el director derivados de su ajustado sentido del humor en medio de un uso perfecto del espacio. El primer encuentro entre los jóvenes y el posterior reencuentro, los aborda Barnet con una muy diferente concepción de éste en el que, sin embargo, ambos terminan encontrándose, ya sea en el atestado vagón de tren, donde de una u otra manera ambos terminan frente a frente, como en el segundo encuentro en la estación, donde en un espacio amplísimo, los dos coinciden sin ninguna persona intermedia, invirtiendo la posición del tren por estar Natalia sentada sobre Ilya que busca por debajo de los bancos su única posesión preciada, devolviendo el dominio, aunque puntual y fugaz, a la mujer sobre el hombre; escenas que demuestran la maestría escénica de Barnet en su primera película para conseguir fijarnos, sea cuál sea el espacio, en nuestros protagonistas.



Tan sorprendente y tan interesante me ha parecido la película, más por propia ignorancia, que sus imágenes rápidamente sorprenden porque remiten a otros gags de la historia del cine mucho más recientes, o a referentes muy clásicos, esa búsqueda tras el primer encuentro por parte de la joven sigue un esquema visual que señala directamente a Vertov, la cámara se transforma en un ojo, el plano se hace circular mientras ella mira en el exterior de la estación buscando al vagabundo sin techo para dar lugar a otra persecución de final divertido, o esa noche que se ven obligados a pasar juntos en la habitación vacía recuerda la que Leisen rodará después en «Sucedió una noche», si bien con la economía de medios propia de dos personas que carecen de todo, donde Ilya y Natalia intentan mantener la intimidad en un cuarto enorme y vacío, colocando unas botas, un bolso y unos libros como pared improvisada. El juego infantil entre nieta y abuelo, sirviendo éste de modelo a los sombreros realizados por la joven remite a la escena de Jerry Lewis intentando arreglar el desaguisado con el sombrero de un gángster en “The ladies man”, el vaciamiento de una habitación para cumplir con  las directrices políticas de inquilinato y evitar problemas con el comité, recuerdan a los hermanos Marx de “Una noche en la ópera”, dejándose una habitación que estaba llena de gente y mobiliario absolutamente vacía en medio minuto, escena que viene precedida de otra previa donde hay que engañar al comité enseñando la habitación ocupada por Natalia pero que realmente usa el marido de Irene cambiando totalmente el decorado; las persecuciones, carreras, resbalones, empujones en la nieve del crudo invierno son esencia propia del cine mudo de la época, pero vistas en una producción soviética que tenía como excusa promocionar la compra de lotería para financiar la revolución, producen un doble efecto cómico y cierta sorpresa en nuestros prejuicios de identificar un cine concreto con fines e ideales superlativos, cuando también existe el mero entretenimiento.



El final se hace frenético, las persecuciones se trasladan a las calles de Moscú, donde no es dificil contemplar miradas de extrañeza de los paseantes viendo cómo alguien persigue a la carrera un coche de caballos del que un ocupante pasa a un automóvil que se detiene en la estación para dirigirse a la aldea de Natalia con la intención de recuperar un billete de lotería premiado. El revolucionario, que ha dudado a la hora de casarse, pero entendió que era un mal menor, no puede aceptar el ofrecimiento de la joven para convertirse en un matrimonio de verdad porque siempre albergará la duda de que ella piense que ha sido por el dinero ganado, todo el mundo se reconcilia de una u otra manera, incluso Fogelev obtiene una breve recompensa que ¿será anticipo de un trío ocasional en el que sea admitido el ferroviario? Quien sabe, la película es muy blanca, nada pícara en lo sexual, pero si a Barnet le encargaron la película como producto publicitario para un fín concreto y se inventó un vodevil en toda regla, nada impide que ese beso doble que los recién casados dan a Fogelev no sea antesala de otra realidad muy liberal que no se puede decir a las claras en la conservadora moral comunista. Y por último, disfruten con la expresividad y genio de Anna Sten, verdadera alma de la comedia.



LA MUCHACHA DE LA SOMBRERERA. Unión Soviética, 1927. Título original: "Devushka s korobkoy". Director: Boris Barnet. Guión: Vadim Shershenevich, Valentin Turkin. Productora: Mezhrabpom-Rus. Fotografía: Boris Filshin, Boris Frantsisson. Intérpretes: Anna Sten, Vladimir Mikhajlov, Vladimir Fogel, Ivan Koval-Samborsky, Serafima Birman, Pavel Pol, Yeva Milyutina, Vladimir Popov. 63 minutos.


PELÍCULA COMPLETA FILMOTECA SHANGRILA

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