domingo, 20 de agosto de 2017

LA LEY DEL HAMPA (Underworld, Josef von Sternberg, 1927)

LA LEY DEL HAMPA (UNDERWORLD, Josef von Sternberg, 1927)

En cuatro gestos, en cuatro miradas, von Sternberg adjetiva a sus personajes. la mímica, la gestualidad, la estética del cine mudo ayuda mucho a esa caracterización pero no es menos cierto que, si tan fácil hubiera sido, cualquier película de aquella época hubiera conseguido el mismo efecto. Y la facilidad de identificación psicológica de los personajes no está reñida con su progresión como tales, no son meros arquetipos de género para llegar rápidamente al público, no son simples stándares de interpretación para que el espectador se identifique con el «bueno» y rehúya al «malo», sus hombres y mujeres evolucionan conforme el tiempo los esculpe. En su cine abunda la maldad, el error, la ambición, el desquite, pero en Sternberg hay un lenguaje moral, incluso moralizante, que tiende a reivindicar a sus personajes aunque en un momento dado hayan optado por un tipo de vida equivocado o directamente criminal. Sus primeras películas en Norteamérica inciden en ese mundo de suburbio, de clases bajas y hambrientas dominadas por élites nada envidiables, reyes de barrio que imponen su propia normativa. «La ley del hampa» juega en ese terreno donde la ley oficial cede paso a normas y códigos no escritos, donde la ley común no suele intervenir hasta que los límites del control exigen una respuesta ante el crimen; mientras el individuo violento o criminal pelea entre sí, apenas el sistema se molesta por el dolor que causa alrededor, pero si ese individuo atenta contra la banca, el comercio, su obligación resucita para perseguir y castigar.


El primer encuentro, fortuito, entre «Bull» Weed (majestuoso e imponente George Bancroft) y «Rolls Royce» Wensel (Clive Brook, alcoholizado abogado venido a vagabundo sinn techo)  marca el destino de ambos. En medio de un atraco a un banco la única persona que reconocería a Bull sería Wensel, pero éste opta por una solidaridad anónima mezclada con curiosidad de abogado e indiferencia de perdedor, la decisión sobre el testigo recae sobre Bull y éste decide obviar el lance confiando en el silencio del hombre. Un segundo encuentro, mientras Wensel trabaja como limpiador en un garito de mala muerte, en el que Wensel se gana el apodo de Rolls Royce y se enfrenta al rival de Bull por el control mafioso de la ciudad, convence definitivamente a éste de que se trata de una persona digna de fiar y de respeto, una persona digna incapaz de traicionar sus valores. Surge así una rivalidad mortal entre Buck, el gángster desairado por Wensel, y Bull, en la que entra a formar parte el propio Wensel. Éste será uno de los ejes de desarrollo de la trama argumental de la película, el otro es el del progresivo demonio de los celos que va reconcomiendo a Bull mientras observa que su chica, «Feathers» McCoy va incrementando su interés por el pulcro, elegante, intelectual Wensel. Al personaje grosero, fanfarrón, violento, ostentoso, histriónico, que compone Bancroft, se contrapone el dandy interpretado por Brook, en ambos personajes, para el público más reciente, puede establecerse el paralelismo entre Sonny Corleone (James Caan) y el Tom Hagen «Robert Duvall) de El Padrino I, porque si algo es importante de «La ley del hampa» es su carácter fundacional para el género del cine negro, y su posterior influencia en el cine clásico de Hollywood de los años 30 y 40 con historias y referencias visuales sacadas de Sternberg que llegan hasta nuestros días. 



La historia entre Wensel, «Feathers» y «Bull» es muy similar a la que el propio Coppola recrea en «Cotton Club» entre Richard Gere, Diane Lane y James Remar, incluso el psicótico Nicholas Cage tiene cierta relación con el Buck de «Underworld»; el final de Bull, rodeado en un piso tiroteado por la policía, recuerda a esos finales antológicos del cine criminal interpretado por James Cagney, o a aquél Jean Gabin de «Le jour se léve». La película de Sternberg recuerda a muchas otras situaciones vistas en la pantalla, no en vano es la «primera». En la historia de Sternberg se busca la redención definitiva de sus personajes, se les concede la posibilidad de un comienzo diferente o de un final honorable, cada uno de ellos es capaz de entender sus miserias humanas e intentar corregirlas aún a las puertas de la horca. Sternberg no oculta, y muestra con sentido estético, la influencia expresionista de sus compañeros alemanes, calles en sombra, rostros semi en penumbra, personajes invisibles que se proyectan sobre paredes iluminadas por bombillas invisibles o lámparas callejeras. Una mano que empuña una pistola, una sombra agachada mientras huye, unos bajos fondos apropiados para el crimen en el que Bull es el corazón y Wensel el cerebro. Una pluma equivale a una sospecha de infidelidad, una llave a una traición, una flor en el ojal a una prueba, da lo mismo que todo lo anterior no indique que sean ciertas esas ideaciones, porque en la mente de un condenado a muerte no cabe sino el odio y la última necesidad de escapar para ajustar cuentas pendientes con quien no ha sido leal.



¿Todo esto para ganar una hora? Esta hora ha sido la más importante de mi vida, dice Bull Weed en el diálogo que precede al fundido final tras unas sombras que descienden unas escaleras. El guión de Ben Hetch (si, el mismo de las películas de Wilder) funciona con precisión matemática para recorrer el ascenso, dominio y caída de Bull al ser incapaz de controlar su ira y su ego. Todo daño ha de ser castigado y la imprudencia de quien se cree intocable equivale a su perdición. El neón que contempla con el rótulo «La ciudad es tuya», Bull lo asume como un mensaje exclusivamente dirigido hacia él, como ese grito enrabietado de Cagney, «mamá, estoy en la cima del mundo», Bull, decidiendo que su honor se encuentra por encima de la prudencia, sella el inicio de su fin al no distinguir sus negocios de lo personal encarnado en «Feathers», y cuando se de cuenta será demasiado tarde. «Feathers» encarna el prototipo de mujer fatal dispuesta a cambiar de mano en función de la direccion del viento, quien ignorante de la existencia de otro tipo de relación hombre-mujer, termina cayendo en un enamoramiento ajeno al interés material, algo para ella absolutamente desconocido. En el vaso de whisky que Wensel asume como elixir de la verdad, se encierra la respuesta a la derrota, empuñar nuevamente un vaso y emborracharse, es reconocer que no se puede salir de la cuesta abajo a la que su vida está encadenada por el desamor, en la renuncia, doble, a seguir alcoholizando sus recuerdos, Wensel asume la figura del héroe que vence con razones y no con armas (el James Stewart de ¿Quién mató a Liberty Valence? se vería diseñado en el personaje de Wensel, dos abogados que no quieren mancharse las manos aún sabiendo que su entorno las tiene enfangadas). Sternberg usa el género incipiente de las mafias recientes en el pasado de aquel entonces de Norteamérica con la reciente «ley seca», y de un «noir» extrae otro sobresaliente melodrama. 





LA LEY DEL HAMPA. EEUU. Título original: Underworld. 1927. Duración: 80 min.Director: Josef von Sternberg. Guión: Charles Furthman, Ben Hecht. Fotografía: Bert Glennon (B&W). Reparto: George Bancroft,  Evelyn Brent,  Clive Brook,  Fred Kohler,  Helen Lynch,  Larry Semon, Jerry Mandy. Productora: Paramount Pictures

PELÍCULA COMPLETA

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