viernes, 18 de agosto de 2017

ESA PAREJA FELIZ (Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, 1953)



ESA PAREJA FELIZ (Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga, 1953)

 
Carmen (Elvira Quintillá) sueña con una vida como la de las películas americanas que ve en el cine Ultramar, “Tu y yo”, de Leo McCarey del año 1939 proyectada en un cine de barrio popular en un Madrid todavía sumergido en la pobreza de la posguerra, seguida con los ojos encendidos de pasión por la joven que sabe que su vida diaria dista mucho de la de esos protagonistas románticamente enamorados y millonarios, pero que, al menos, cuenta con amor en su día a día. Juan (Fernando Fernán Gómez), por su parte, trabaja en el cine como ayudante eléctrico, y sueña, sueña más que su esposa pero sin necesidad de vivir historias de cine, sueña con que alguno de sus inventos se materialice en un éxito industrial, en que su formación en electrónica le permita salir de esa habitación de subarriendo en la que malvive en un  barrio de corralas donde no ha llegado el asfalto, donde la luz se corta cada noche, donde el racionamiento, el hambre, la necesidad, persisten. Carmen y Juan son dos soñadores que desean una vida más desahogada, más intimidad, algún lujo o capricho, pero ambos viven su situación de diferente manera, Juan entiende que sin dinero no hay felicidad posible, para Carmen eso puede ser relativamente cierto, pero no del todo, hay cosas que el dinero tampoco garantiza, y la felicidad puede ser una de ellas.




Bardem y Berlanga forman un dúo antinatura para su primera película como directores, “… se detectan los temas de la iluminación interior (o toma de conciencia) y el ascenso hacia la lucidez típicos de los primeros films de Bardem, militante clandestino del Partido Comunista de España desde 1943. Mientras que la sátira y el fracaso del ascenso social anhelado serán típicamente berlanguianos. Resultará en efecto recurrente en su trayectoria el tema de la espera inútil del milagro que podría cambiar las vidas de los protagonistas (como la podrían cambiar los dadivosos americanos en “Bienvenido Mister Marshall” (1952), la fuga del sabio en “Calabuch” (1956) o el falso milagro de “Los jueves, milagro” (1957), esperanza finalmente frustrada porque “la auténtica felicidad está en nosotros mismos”, idéntica moraleja que en “Bienvenido Mister Marshall”. Antología del cine español de Romá Gubern.”, el camino de ambos divergirá en sus siguientes obras, pero con “Esa pareja feliz”, y sin que esto suponga que nos encontremos ante una película perfecta, ante un descubrimiento asombroso del uso del lenguaje cinematográfico, saben utilizar los resortes cómicos para criticar ferozmente un país, una industria, una sociedad, y lo hacen desde el minuto uno de la película hasta el final, con un progresivo decaimiento de la historia que va perdiendo ritmo porque en ocasiones se extiende forzadamente rompiendo el dinamismo de su primera parte, con ese desfondamiento lógico en una primera obra realizada, encima, a cuatro manos, y sobre la que el tiempo, implacable juez, deja caer el peso de ciertos recursos usados de manera forzada (la escena del cine en la que Juan se hace el entendido, la larga escena del recorrido madrileño de la pareja feliz, el uso del flashback repetido y previsible…..) pero que supone un cambio de rumbo en una cinematografía pendiente de agradar a la dictadura más que de retratar la realidad social de un país inculto, pobre, atrasado, supersticioso, mezquino. Bardem-Berlanga rompen con el cine folclórico, con el cine de reivindicación histórica (genial crítica al cine medievo-imperial de los Juan de Orduña, Luis Lucía…..en su escena inicial al simular un rodaje de una hipotética noble palentina traicionada por su corte y que opta por el suicidio al grito de “muero por el honor de Palencia”, donde se refleja tanto el corte de ese tipo de producciones CIFESA como la profesionalidad de sus equipos técnicos, entre los que aparece el propio Bardem haciendo de técnico de sonido), con el cine de exaltación franquista de los Sáez de Heredia, Carlos Arévalo, el propio Orduña, Antonio Román; y lo hace mezclando un nuevo movimiento cinematográfico europeo, el neorrealismo al que han accedido los directores mediante proyecciones en un instituto cultural italiano en Madrid, con ese toque de costumbrismo castizo y localista que destila gran parte del cine español de los 50 y 60, neorrealismo suave, con humor, con un pellizco de optimismo simple y bienintencionado.


 



La película sufre esos altibajos típicos de quien rueda una historia real barnizándola de humor e ironía para hacerla más soportable, encastrados entre cuatro paredes de una pequeña habitación, el matrimonio protagonista ni tan siquiera puede expandir una sensación de libertad cuando se encuentra en exteriores, todo lo que puede salir mal saldrá mal, o saldrá mal en ese concepto economicista en el que la felicidad significa no mirar el bolsillo para saber si se llegará a final de mes. “A la felicidad por la electrónica” se convierte en un grito de guerra cruel contra Juan, quien se defiende atacando a quien no le reprocha nada más que ese espíritu soñador, esa imaginación dolorosa de quien pretende alcanzar lo que no tiene a base de tesón, pero también de una fe en algo intangible cuando quien le rodea solamente pretende aprovecharse de ese afán de mejora. Carmen es la realista optimista frente a Juan, que es el soñador pesimista, desea ese golpe de fortuna, pero no levanta castillos en el aire, simplemente se conforma con tentar la suerte de los sorteos, porque ahí sólo se pierde un poco de dinero y nada de tiempo, un número, una bola, una selección ocasional que te entregue la riqueza sin esfuerzo y sin haber perdido, por el camino, muchas ilusiones y sufrido muchos desengaños. Esa ironía y mala baba de los directores, presente en todas las escenas con mayor o menor fortuna, termina alcanzando su máximo exponente en ese premio del jabón Florit que les transforma en “el matrimonio feliz” por un día, felicidad que se concreta en ir de tiendas y restaurantes durante toda una jornada, un reclamo publicitario del que obtienen una compensación en productos, una sutil andanada contra el modelo económico que empieza a asentarse en la sociedad española como sinónimo de progreso.




Al capitalismo por la vía rápida, a la sociedad de consumo hasta la saciedad; la película se mueve entre dos extremos, la pobreza o la riqueza, el si o el no, firmo o no firmo, izquierda o derecha, para Juan y Carmen no parece haber una salida intermedia, una aceptación para ir progresando poco a poco si es posible, según van recordando cómo se conocieron, cómo se casaron, cómo pasaron la primera noche juntos, el recuerdo parece convertirse en bilis que se atranca en la boca del estómago y transforma en melancolía los sueños del pasado. Ya he apuntado que el uso del flash-back me resulta descompensado, incluso choca con el uso de la elipsis, demorándose en el recuerdo de un momento concreto mientras la acción, de manera más dinámica y precisa avanza desde ese mismo flashback al presente de manera admirable (del primer diploma colgado pasamos a contemplar cuatro en la misma pared, y así sabemos que han transcurrido tres años en los que la armonía se ha erosionado), son esos detalles que disminuyen la calidad del conjunto pese a que sus elementos por separado, resultan atractivos, bien pensados y mejor interpretados. La vida de Carmen y Juan está programada, desde el principio, para estancarse, como esa noria en la que ascienden a lo más alto para quedarse bloqueados por el enésimo corte de luz, alcanzas la cima pero a cambio te congelas de frío y no eres capaz de disfrutar, durante un día puedes comportarte como un rico, pero terminas sintiendo que aquello no es más que un espejismo que no va a perdurar, y sientes que el consumo sin freno tampoco alegra tu espíritu, que las posesiones no te hacen feliz, sino que terminan provocando problemas si no eres capaz de alcanzar el equilibrio justo y saber dónde radica ese sentimiento parecido a la felicidad, si es que ésta existe de manera permanente. Por eso el final resulta no sólo tierno y sensible, sino absolutamente adecuado y ajustado a nuestra pareja de desdichados jóvenes sin un futuro que les satisfaga. Cargados de regalos, paquetes, objetos inservibles para su vida diaria, se desharán de ellos entregándolos a quien, seguramente, aún sacará menos partido de ellos, una renuncia que alcanza hasta lo más básico, esos zapatos de diseño último modelo que sólo han conseguido lastimar los pies de Carmen  y que quedan abandonados  en medio del boulevard entre sendas hileras de bancos ocupados por “sin techo” que han pasado la noche a la intemperie. Para ser realista hay que tener los pies en el suelo, y el dicho es llevado a la práctica en esta escena final que aúna el toque final del Berlanga más clásico con esos cierres de historia llenos de desencanto porque es en nosotros donde debemos buscar lo mejor y no esperarlo de fuera, con el tono crítico y de conciencia de Bardem al rodear a nuestra pareja de mucha gente que todavía se encuentra en mucho peor situación que ellos, todo un puñetazo al discurso oficial de la época.



ESA PAREJA FELIZ. España. 1953. Directores: Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem.  Guión: Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem. Director de Fotografía: Guillermo Goldberger . Música: Jesús García Leoz. Montaje: Pepita Orduña. Intérpretes: Fernando Fernán Gómez , Elvira Quintillá , Félix Fernández , José Luis Ozores , Fernando Aguirre , Manuel Arbo , Matilde Muñoz Sampedro , José María Rodero , Antonio G. Quijada , Antonio Garisa , José Franco , Alady , Rafael Bardem , Rafael Alonso , José Orjas , Francisco Bernal , Mariano Alcon , Manuel Aguilera , Pilar Sirvent , Carmen Sánchez , Lola Gaos , Antonio Ozores , Aníbal Vela , Matías Voz: Prats. Formato: 35 mm. Blanco y negro. Fecha de estreno: 31-08-1953 Madrid: Capitol. Productora: Altamira Ind. Cinematográfica. Departamento artístico: Ricardo Mengíbar, Tomás Fernández. Departamento editorial: Alicia Castillo. Sonido: Felipe Fernández. Vestuario: Humberto Cornejo. 82 minutos.

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