jueves, 17 de octubre de 2019

SEMINCI 2019


COMENTARIO EN EL PERIÓDICO ÚLTIMO CERO

lunes, 14 de octubre de 2019

NOS DÉFAITES (Jean Gabriel Périot, 2019)


La trayectoria cinematográfica de Périot ni es corta ni es reciente, lo que no significa que tenga repercusión entre los espectadores porque su obra permanece reservada al ámbito de los festivales en nuestro país. Su obra transita entre el documental y la ficción con la solvencia de quien sabe que la línea que puede delimitar ambos territorios es muy fina y permeable. Es un cine apegado a la realidad del tiempo que nos toca vivir pero sin perder de vista un pasado que influye notablemente en nuestro presente. Ahora toca aproximarnos a Mayo del 68, pero no de la manera canónica transportándonos en el recuerdo de lo que aquello pudo ser y lo que pudo transformar o convertirse más en mito que en realidad, sino enfrentando a adolescentes del presente con las consignas cinematográficas del pasado y entablando un diálogo, siempre permanente, entre lo que se ve y lo que se entiende a partir de lo visto. Buscar referencias personales para hablar de los grandes temas que llegan a acaparar la vida diaria y comprobar cómo el mundo de 1968 y el mundo de 2018 en que se rueda "Nos défaites" pueden estar mucho más próximos de lo que nos parece.


Un espectador cinéfilo podrá reconocer alguno de los diálogos que los chicos leen, recitan o interpretan ante la cámara, y evidentemente el más revelador será aquél en el que se levanta un libro de cubiertas rojas en el aséptico espacio de un aula, sin  el componente visual y de puesta en escena de "La chinoise" de Godard, pero diciendo lo mismo que se decía en esta película. En "La chinoise" pero también en "La salamandra" de Tanner, en "La Reprise du travail aux usines Wonder",de Pierre Bonneau, Liane Estiez-Willemont y Jacques Willemont, en "A bientôt, j’espère", de Chris Marker y Mario Marret, en "Avec le sang des autres", del Groupe Medvedkine; o en "Camarades", de Marin Karmitz y alguna obra más. El dispositivo visual es el de reproducir, en la medida de lo posible, el cuadro del original con los chicos del presente, envejecer la imagen para avisar al espectador de que estamos ante una copia del original, y posteriormente interrogar al chico o a la chica que han dicho las frases correspondientes. Estamos ante una obra política en tanto habla del cuerpo social, nuestra relación con él y nuestras expectativas individuales desde el punto de vista de los más jóvenes, que acaban, o están a punto, de incorporarse a la mayoría de edad "política". Un examen, en vivo y en directo, sobre su grado de concienciación, de compromiso, de involucrarse en la necesidad de un cambio. Un termómetro sobre cómo sienten la actualidad y cómo les afecta.

Y como no podía ser de otra manera, y con las excepciones que siempre existen, abunda en estos jóvenes la incapacidad de expresar un pensamiento crítico, incluso predomina la dificultad de expresar un pensamiento coherente tanto sobre lo que acaban de leer como su reflejo actual y su papel en cualquier intento de cambiar la realidad que molesta.  La película es participativa porque estos chicos y chicas de un instituto parisino de las afueras de París no se limitan a "actuar" y a contestar a las preguntas, sino que en ese ámbito de la pedagogía política, histórica y cultural del proyecto, ayudan en el rodaje adoptando parte de los trabajos propios del equipo de filmación, de decorados, vestuario, guión, iluminación. De esta manera la película, superponiendo capas de cooperación, acumula capas de información a todos los niveles, tanto para el espectador como para quien participa en la misma. Una involucración que les incluye en una actividad laboral cooperativa y les intenta hacer reflexionar sobre su posición en el mundo, ése que tanto ocupa la filmografía del director, desde la reflexión postnuclear de "200000 fantasmas" y "Lumiéres d,étè", al caldo de cultivo que motivó la aparición del terrorismo alemán de la Bahder Meinhof en "Une jeunesse allemande", pasando por la eliminación policial de los campos de refugiados en Calais en "Song for the jungle".


Suerte para el director, pero también visión cinematográfica de una obra en construcción; tras filmar a este grupo de estudiantes privilegiados (privilegio  no sólo por rodar con Périot, sino por haberlo hecho antes con Claire Simon) en la primavera de 2018, en diciembre de 2018 la comunidad estudiantil vivió sus jornadas de protestas contra la anunciada reforma legal propuesta por Macron. El director vuelve al instituto y pregunta la opinión sobre lo que han visto o vivido a partir de la represión policial sufrida. El giro radical que experimentan estos muchachos les hace pasar de la aparente indiferencia por lo que les rodea, a sentirse ellos mismos parte de la historia y parte de los macanismos de cambio con unión y lucha. Las imágenes de menores de edad detenidos y humillados en público les hace tomar una conciencia que les acerca mucho a aquello que recitaron y recrearon meses antes con el director. Han perdido su condición de meros espectadores para pasar a ser partícipes de una situación desconocida e injusta. Ahora hablan con conocimiento de causa y son capaces de verbalizar aquello que les costaba, o no les interesaba, al pensar en un mundo alejado 50 años atrás y con el que no creían tener conexión de ningún tipo. Sin grandes alardes filosóficos, sus palabras terminan pareciéndose a las de los personajes de Godard, Karmitz, Tanner o Marker. No obstante siguen sin creer en revoluciones del presente, ni en la violencia como mecanismo de cambio, pero han aprendido que la protesta no sólo es válida, sino el requisito mínimo imprescindible para ser escuchado. Sería muy aventurado afirmar que el cine ha tenido algo que ver en esta evolución, pero como en mayo del 68 resulta bonito soñar en el poder modificador del arte. En todo caso Périot acierta en la manera de mostrarnos la formación de un espíritu crítico y reflexivo.
 
NOS DÉFAITES. Francia. 2019. 96 minutos. Dirección y guión: Jean Gabriel Périot. Productores delegados : Frédéric Dubreuil, Sarah Derny. Directoras de fotografía : Manon Fourneyron, Sophonie Ngokani Belkie. Asistente de sonido : Dana Farzanehpour. Montador de sonido : Colin Favre-Bulle. Asistentes de dirección : Alia Mamdane, Vincent Kessler. Ingenieras de sonido : Claire Goldmann-Fournier, Ségolène Fuila. Asistente de cámara : Amine Berrada. Montador : Jean-Gabriel Périot. Autor de la música : David Georgelin. Mezcladora : Laure Arto.


jueves, 10 de octubre de 2019

LONELY RIVERS (Mauro Herce, 2019)


Como si fuera un "spin off", una coda final sobrevenida, una nota a pie de página de "Dead Slow Ahead", Mauro Herce retoma su viaje marino sin que veamos el mar, salvo en una toma definitiva que nos enlaza con las moles flotantes de su largometraje sensorial. En esta breve aventura los rostros se transforman en los grandes, y casi únicos, protagonistas de la narración. El espacio se comprime a la reducida dimensión que queda entre los mamparos del lugar donde los marineros se refugian para pasar las horas muertas de su descanso o relax. No sabemos que estamos en un barco pero lo podemos imaginar, hay detalles que nos informan de esa realidad aunque pudiéramos estar en el interior de una factoría, de una plataforma petrolífera, de una instalación bajo tierra. No hay luz exterior ni referencias del paisaje, sólo cuerpos, sólo hombres, sólo un televisor y un karaoke con el que dar rienda suelta a los sentimientos de añoranza, lejanía, soledad. Un karaoke y Elvis Presley con su "Unchained Melody" como mar de fondo.
El cuerpo, o mejor dicho, los cuerpos, y la voz suceden al espacio inabarcable, misterioso y sensorial de "Dead slow ahead". Apenas sabremos nada de las personas, apenas gestos, apenas guiños cómplices entre las tripulaciones. Pero al cantar va fluyendo la idea de camaradería, de complicidad, de seres hermanados en situaciones límite de esfuerzo, fatiga y cansancio, probablemente más mental que físico. Un largo tiempo solitario que pasa lentamente, una canción con la que se pide a alguien que se le espere, que volverá a casa, aunque volverá a marcharse y a desaparecer físicamente durante meses,  largas travesías oceánicas en las que la escala de los días parece evaporarse, donde el tiempo se alarga y la mirada no es capaz de encontrar referencias en un paisaje monótono de enormes extensiones de mar. La canción une a estos hombres en la desdicha de la lejanía, el hermanamiento también fluye, pero agarrado a la melancolía y al recuerdo.

No falta, pese a lo reducido del espacio, puesta en escena. No falta sentido de la luz en las imágenes unido al juego sensorial de intentar reproducir un  espacio lúdico entre las tristes y envejecidas paredes de esas estancias ignoradas. La película podría ser un musical sobre almas solitarias, pero no deja de ser un viaje hacia la duda del regreso y lo que vamos a encontrar a la vuelta. Entre canción y canción puede aparecer el canto armonioso de un tripulante o el rostro de indiferencia de algún otro, que simplemente, busca sentirse acompañado aunque sea desde el silencio. Un trago, unas cartas, un periódico atrasado, una canción tras otra para que el calendario vaya perdiendo sus hojas y cada vez esté más próximo el reencuentro o la certificación de la pérdida. Una película sobre hombres flotantes a merced de las corrientes, no marinas, sino del tiempo.

LONELY RIVERS. España. 2019. Dirección: Mauro Herce. Guión: Mauro Herce, Manuel Muñoz Rivas. Empresa productora: El Viaje Films, Bocalupo Films. Producción: Jose Alayon, Jasmina Sijercic, Mauro Herce. Fotografía: Mauro Herce. Edición: Manuel Muñoz Rivas. Sonido: Jonathan Darch, Daniel Fernández. Duración: 28:00

 

jueves, 3 de octubre de 2019

L,ÎLE AUX OISEAUX (Maya Kosa, Sergio da Costa, 2019)


Según va transcurriendo la película de Kosa y da Costa uno va apreciando el valor radical de una obra que, utilizando la realidad de unas imágenes no manipuladas, va construyendo una ficción asombrosa consiguiendo que el espectador vaya imaginando una auténtica historia oculta a partir de la elipsis, las relaciones interpersonales y el fuera de campo. En "L,île aux oiseaux" lo que parecería centrarse en el día a día de un centro de recuperación de aves, va derivando, emotiva, pero no sensibleramente, en un documento sobre un centro que, al mismo tiempo, recupera personas. Manteniendo el foco sobre un centro ornitológico de Ginebra, esa inicial atención sobre las aves recogidas, y los roedores que se crían para servirles de comida, va ampliándose a las personas que trabajan en el mismo, descubriendo, poco a poco, que cuidadores y cuidados sufren heridas de todo tipo.


Como los pájaros que van recuperándose, lo que no evita que haya bajas en sus filas, las personas que trabajan también van mejorando de sus heridas físicas, psíquicas, sociales, personales, aunque persistan las secuelas. Como si de una casa de reposo se tratara, el centro es un oasis de tranquilidad, en definitiva de paz. Nadie molesta a nadie, y todos ayudan a todos, respetando, como si de representantes de especies diferentes se tratara, la individualidad y la intimidad de cada uno. El lugar de trabajo se transforma en un gran hogar donde hay tiempo para dormir, trabajar, hablar o estar en silencio en compañía de personas que, en un momento cualquiera, fueron expulsados del sistema y encontraron su particular refugio ayudando a otros seres heridos mientras ellos mismos iban curándose. Pájaros y personas establecen una relación simbiótica en pos de la recuperación.


Y para ello los directores se sirven de la técnica del documental, y la sucesión de imágenes nos va revelando esas inquietudes interiores de cada persona sin necesidad de verbalizarlas. Es ahí donde el documental se transforma en creación para que, además de lo evidente, lo que vemos, surja una historia subterránea que va uniendo a todos los personajes, verdaderamente recogidos en una isla que no es tan idílica como parece rodeada, como está, por un aeropuerto internacional. Y las imágenes fluyen morosamente, delicadamente, al ritmo de las estaciones y la vida animal que justifica la existencia del centro, una delicadeza no exenta de crueldad, porque muchos de esos animales a recuperar se alimentan de otros vivos, igualmente cuidados con esmero por las mismas personas a las que seguimos en su particular cauterización de sus heridas.


Hay que aprender a cazar para vivir en libertad si se es cernícalo, pero si se es un humano también hay que pertrecharse de escudos que protejan del mal exterior. Antonin llega a ese centro como aprendiz para sustituir a uno de los veteranos que se jubilará en unos meses, ha de acostumbrarse al olor a mierda, como en la vida diaria, a sacrificar ratones para aquellos pájaros incapaces de volar y cazar por si mismos, a trocear ratones para los más débiles que no pueden ni despiezar por su mismos. El lugar cuida a los pájaros mientras las especies que sirven de alimento son tratadas como en un  campo de exterminio. A los humanos les pasa algo similar, los menos capaces de adaptarse a la deshumanización, a la soledad, a la pobreza, corren el riesgo de terminar en una cuneta, algunos tienen la suerte de ser recogidos, cuidados, preparados y terminar listos para recuperar la libertad. Así es la película del dúo de directores, tan sutil como que de casi todo esto que escribo no cuenta nada, pero se percibe mediante el uso excepcional de las imágenes muy huérfanas de palabras.


L,ÎLE AUX OISEAUX. 2019. SUIZA. Directores y guión: Maya Kosa, Sergio da Costa. Compañías Productoras: Close Up Films, RTS Radio Télévision Suisse. Productores: Joëlle Bertossa, Flavia Zanon. Fotografía: Sergio da Costa. Edición: Sergio da Costa, Gabriel Gonzalez, Maya Kosa. Sonido: Xavier Lavorel. Mezclas de sonido: Maxence Ciekawy. 61 minutos

TRAILER


miércoles, 25 de septiembre de 2019

VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS (José Luis Torres Leiva, 2019)

Con "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos" el cineasta chileno José Luis Torres Leiva permanece fiel a su sentido cinematográfico, a conceder a las imágenes el valor primordial de una película, a recoger sentimientos y sensaciones aparcando cualquier exceso emocional que pudiera identificar su cine con un melodrama de sobremesa edulcorado hasta la saciedad. No, no es ése el cine de Torres Leiva, y quizás eso también provoque un cierto rechazo de un público educado de manera insistente en lenguajes mucho más simples y directos, más verbalizados, mucho más masticados e incapaz de interpretar un silencio como parte de un diálogo, de una mirada como integrante de una conversación, de un roce de la luz del sol como equivalente a tranquilidad y bienestar. Las experiencias contadas desde Donosti parecen confirmar ese desasosiego del público y no poca parte de la crítica, o lo que sea, hacia esta película de Torres Leiva, un, entre comillas, habitual del festival. No es el caso de quien escribe, hasta ahora rendido y convencido a la obra de ficción y documental del director.

Tomando el título de un poema de Pavese, cuyo texto puede interconectarse a la perfección con las imágenes de la película; poema escrito el mismo año en el que el escritor italiano decidió quitarse la vida; la película aborda el tema de la muerte del compañero de viaje, de la asunción de lo inevitable, del acompañamiento progresivo en el deterioro vital de la enferma. La pareja Ana (Amparo Noguera) y María (Julieta Figueroa) facilitan la brillantez final del conjunto con su interpretación sutil, contenida, agarrada a las entrañas propias y del espectador, que asiste a esas semanas, o meses, finales de la vida de una amante, cuidada, vigilada, atendida, acompañada, por la otra. Un apagamiento en el que no se ocultan el miedo, la rabia, la frustración, el dolor (el físico y el emocional), pero nunca cargando las tintas en el fácil uso de la lágrima o la compasión. Hay tanto amor en la historia como inevitable es el desenlace, y tanto para lo uno como para lo otro, el silencio es acompañante perfecto, cuando no el vuelo libre de la imaginación buscando momentos de libertad donde apenas queda futuro.

Material altamente peligroso es el que maneja el director; preoclive a ser tratado con exceso; pareja de enamoradas, enfermedad terminal, rechazo de la enferma a continuar con el encarnecimiento de tratamientos a la desesperada, retiro bucólico y pastoril para cerrar la estancia terrenal. Un cóctel que en manos de muchos se transformaría en sesudos parlamentos sobre el sentido de la vida, la esperanza de un reencuentro en vidas paralelas y el aderezo constante de la lágrima y el desamparo. Nada hay de eso en una película que se construye fluidamente en escenas límpidas, maravillosamente fotografiadas tanto en el intermedio urbano y doméstico como en la tocata final campestre, una historia tan sutil como el discurrir de una lágrima por el rostro de quien aguanta el hipo y contiene el grito de frustración, tan humanista como para que un extraño se interese por el llanto emocionado de una desconocida en mitad de la noche (cameo del propio Ignacio Agüero), tan sensible como el roce de unas manos explorando sensaciones muchas veces vividas y que van tocando a su fin, todo ello sin desesperación pero también sin frivolidad como si nada importara.

El arduo camino hacia la muerte de una de las protagonistas se ve moderado, aligerado, descomprimido; mediante el uso del cuento, de la historia soñada o vivida en el pasado; en la mezcla de recuerdo, realidad e imaginación que implican la historia de la niña salvaje encontrada en el bosque y la historia de ese amor de una tarde, nunca recuperado, que un tío de una de las mujeres contaba cuando podía o se lo pedían, las protagonistas pueden relajarse al mismo tiempo que nosotros, espectadores en plena intensidad del drama que compartimos, obtenemos un paréntesis, una válvula temporal de escape. De esta manera el relato puede ir acercándose a densidades cada vez más insoportables concediendo un respiro tanto a la pareja protagonista en este tránsito, tan natural como inevitable, tan real como que nadie se ha salvado del mismo, como al espectador. De ahí que cuando llegue el momento todos estemos preparados, y el que más el propio director, que representa esa muerte como una mezcla de lo real y lo onírico de una belleza y sutileza espléndida, tan emocionante y breve como ese halo oscuro que atraviesa el rostro de la gran Amparo Noguera cuando su amada Julieta Figueroa deja de respirar. Nada puede ser alegre en esta historia a término, pero nada es dramático y exagerado, la vida sigue, cada quien se rehace y vive su duelo como puede, el resto del mundo continúa ajeno a nuestros pesares, la juventud ríe y baila, aunque sea en presencia de una mujer solitaria y con una canción de Rafaela Carrá como acompañamiento.

Y no me resisto a dejar de compartir el poema original del propio Pavese
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
—esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o.un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra hueca,
un grito ahogado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando a solas te inclinas
 hacia el espejo. Oh querida esperanza,
ese día también sabremos
que eres la vida y la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como mirar en el espejo
asomarse un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Nos hundiremos en el remolino, mudos.



VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS. Chile, Argentina, Alemania. 2019. Dirección y guión: José Luis Torres Leiva. Producción: Globo Rojo Films, Catalina Vergara, Constanza Sanz Palacios Films, Constanza Sanz Palacios, Autentika Films. Paulo De Carvalho. Fotografía . Cristian Soto. Montaje . Andrea Chignoli, José Luis Torres Leiva. Intérpretes . Amparo Noguera, Julieta Figueroa. Duración: 89 m.